La receta más tradicional

Pollo al ajillo: La receta de la abuela

Esta suculenta receta es ideal para todos, especialmente para los amantes del ajo pues, su aroma es único y su sabor es muy jugoso. Esta preparación es sencilla y se prepara en poco tiempo

El pollo al ajillo es un plato tradicional y muy popular de la cocina española. Por supuesto, su principal ingrediente es la carne de pollo y el ajo.

Se trata de una preparación muy sencilla y de bajo coste. Se sirve frecuentemente, en las mesas de los hogares españoles.

Comúnmente, es acompañado con diversas guarniciones de patatas, champiñones, ensaladas, y mucho más.

Esta receta tiene diversas variantes. A veces, para esta receta, se suelen preparar con partes especializadas del pollo como las alas, los muslos o pechugas.

Es muy importante que el pollo tenga un color uniforme, blanco o ligeramente amarillento, sin manchas, lo que será indicativo de una pieza fresca.

Se trata de una carne baja en grasa, de gran valor nutricional. Muy fácil de digerir y que además se puede preparar de mil maneras.

La clave de esta preparación es la salsa que queda de la fritura, con los ajos picados o enteros, y con un toque de vino blanco para resaltar todo su sabor.

Consejos para usar correctamente el ajo en la cocina

El ajo, es uno de los condimentos imprescindibles en las cocinas de todo el mundo. Infinidad de recetas llevan este ingrediente.

Es super versátil, pero también delicado. Hay que saber cómo tratarlo para que no repita, no queme, no amargue o echar la cantidad justa para cada plato.

Existen dos formas de suavizar la potencia del ajo en las comidas: bastará con quitar el germen o semilla verde interna (parte el ajo por la mitad, y quítalo con una punta de un cuchillo) o escaldarlos previamente en agua hiriviendo durante 30 segundos. Hay quien también opta por hacer este último proceso en leche y así quitarle un poco de su potencia.

Depende el uso que vayas a darle, los dientes de ajo -incluso las cabezas- se pueden usar pelados o enteros.

Si vas a aromatizar el aceite de fritura, fríe unos ajos con piel y luego los retiras. Para asados, usa la cabeza entera o partida por la mitad sin quitarle la piel.

Un consejo para pelarlos más fácilmente es poner los dientes sobre una tabla y golpear con la hoja de un cuchillo grande, verás cómo la piel se desprende casi sin esfuerzo.

Y otro truco para aprovechar los ajos enteros es no desechar la piel, bien limpia y frita está muy rica y te puede servir, por ejemplo, para decorar tus platos.

El ajo en crudo es perfecto para sopas frías, ensaladas o escabeches. También se usan unos ajos enteros -con o sin piel- para aromatizar aceites.

Si lo majas en un mortero y le añades otras especias y/o hierbas aromáticas, puedes mezclarlo con mantequilla o usar esta pasta para adobar carnes, aves o pescados.

El ajo frito en aceite es perfecto para dar sabor a tus recetas. Se pican o se usan enteros, se fríen en aceite sin llegar a dorar para que no amarguen y se retiran, de forma que aromaticen la grasa donde vamos a continuar el resto de nuestros guisos.

También se usan para, una vez picados o laminados y fritos, terminar recetas como unos boquerones, una merluza, unos filetes, etc.

 

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Autor

Yéssica Salazar

Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo. Con Máster en Gerencia y Tecnologías de la Información. Con infinito amor por el periodismo y los medios audiovisuales que me han permitido conocer nuevos senderos, diferentes y desconocidos.

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