Hoy en día es la tercera bebida más popular del mundo, después del agua y del café.

Los impresionantes beneficios del té

El té es una bebida ciento por ciento natural, a diferencia de las industrializadas.

No aporta calorías ni grasas, por lo que es un gran aliado en las dietas para bajar de peso, siempre que lo consumas sin azúcar.

Es una planta milenaria sobre la que se suele hablar mucho pero no se sabe tanto.

Una bebida que parece que se descubrió unos 5.000 años a.C., auqnue no existe una evidencia oficial de su aparición y uso.

Hay cinco países como grandes productores -China, La India, Japón, Taiwán y Sri Lanka. y que no llegó a Europa hasta el s.XVII.

Hoy en día es la tercera bebida más popular del mundo, después del agua y del café.

Lo toma con regularidad la longeva Reina de Inglaterra y lo consumían en cantidades ingentes ‘The Beatles’, como buenos británicos.

Muchos consideran el té un elixir para la salud y parecen ir bien encaminados:

BENEFICIOS

  • El efecto antioxidante del té
    Los polifenoles son sustancias propias del té que actúan en el cuerpo como antioxidantes, combaten el envejecimiento, ayudan al fortalecimiento de los capilares, poseen efectos antiinflamatorios y antibióticos, y combaten el hipertiroidismo.
  • El té para prevenir enfermedades
    Los flavonoides del té ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares, disminuyen el riesgo de padecer cáncer y retrasan el envejecimiento. Las catequinas son los principales flavonoides del té. Se trata de sustancias antioxidantes 100% más eficaces que la vitamina C y 25% más eficaces que la vitamina E.
  • El efecto astringente del té
    Los taninos presentes en el té le confieren a esta infusión propiedades cicatrizantes y anti-diarréicas. Además, ayudan a inhibir la absorción del colesterol, por lo que son grandes aliados en la disminución del nivel de colesterol en sangre.
  • Los nutrientes del té
    El té contiene gran cantidad de sustancias como sales y minerales muy beneficiosas para la salud, como hierro, flúor, calcio, cinc, potasio y magnesio. Aunque se encuentran en el té en pequeñas concentraciones, y no deben confundirse con complementos alimenticios indicados por el médico. Beber té ayuda a incorporar estos minerales necesarios para el equilibrio del cuerpo.
  • Las vitaminas del té
    El nivel de vitaminas presente en una taza de té varía según cada tipo o variedad de té, pero en todos los casos podemos encontrar vitamina A, B1, B2, B6, B12, C y D en pequeñas concentraciones.
  • El efecto estimulante del té
    La cafeína presente en el té ayuda a mantenernos despiertos y enfocados. Si comparamos con un café expreso, cualquier tipo de té tiene una cantidad de cafeína muy inferior (entre 7 y 10 veces menos). Además, los polifenoles del té ralentizan el ritmo de absorción de la cafeína, por lo que su efecto se nota más lentamente pero a la vez es más duradero.
  • El té para bajar de peso
    El efecto termogénico de la cafeína es ideal para acompañar dietas para bajar de peso. Junto con los polifenoles, la cafeína contribuye a que disminuya la absorción de las grasas en nuestro organismo, además de acelerar levemente el metabolismo.
  • El efecto relajante del té
    La L-theanina es un aminoácido anti-estrés que ayuda a relajarnos y a mantener el foco mental, de forma totalmente natural. Se absorbe en el intestino delgado, actúa sobre los neurotransmisores y estimula a las ondas alfa que aumentan la actividad cerebral, mejora el foco mental y la capacidad de concentración, al tiempo que permite que el cuerpo y el cerebro permanezcan calmados.

CURIOSIDADES

  • 1. Todos los tés provienen de la misma planta. Concretamente, de la Camelia sinensis, de la familia de las camelias. Eso sí, la calidad de los tés son muy diferentes entre sí: los que están fabricados con los brotes y hojas de arriba (en la imagen, ‘Flowery orange pekoe’ y ‘Orange pekoe’) son de suprema calidad, y según va descendiendo la altura de las hojas, disminuye también la calidad del té.
  • 2. Solo hay 6 tipos de té. Todas las cartas de té que has leído (con infinitos nombres distintos) son mezclas no un té en sí mismo. Tan solo existe seis grandes tipologías (de lo que deriva todo lo demás), y se clasifican según su grado de fermentación. De mayor a menor: té blanco, verde, oolong (azul), amarillo, rojo y negro. Y es a partir de aquí, cuando se hacen infinidad de mezclas y sabores.
  • 3. Antiguamente se creía que tenía poderes curativos. En China, por ejemplo, creían que te podía salvar de un envenenamiento. A pesar de que a esta planta se le atribuyen decenas de poderes curativos, la ciencia solo ha demostrado que sí tiene un poder antioxidante (¡y ojo, el mismo poder lo tiene el té verde que el negro!). Además, es capaz de «activar la mente y relaja el cuerpo» (que es lo que se persigue también con la meditación). ¿Por qué esto es posible? Gracias a la combinación de dos de sus sustancias principales: por un lado, la teína te despierta; por otro lado, la L-teanina hace que no te excites demasiado, ya que estimula los transmisores cerebrales que inducen a la relajación. A parte de esta mezcla perfecta, la salvación de envenenamientos solo ocurre en las películas de Disney.
  • 4. La teína y la cafeína es lo mismo. Exactamente la misma molécula.
    Si lo sabías, enhorabuena, de lo contrario, respira, no eres la única. Explicación: existen dos nombres (cafeína y teína) porque cuando se descubrió la cafeína en 1819 en el café (ya se conocía la teína del té) se pensó, de manera errónea, que eran cosas distintas. Años más tarde, los científicos se dieron cuenta de que se trataba de la misma sustancia, pero estaban tan extendidos los dos conceptos, que todavía hoy cuesta que la gente lo asocie. ¡Ahora ya lo sabes!
  • 5. La invención de las bolsas de té fue accidental. La bolsita que colocas en tu taza para después taparla, no es un formato que se estudiara ad hoc antes de su fabriación. Thomas Sullivan, uno de los mercaderes de té y café más importantes del mundo, enviaba así su té a sus clientes únicamente por temas logísticos: él pensaba que las abrirían, pero los consumidores las consideraron muy útiles, así que no se desprendían de ellas.
  • 6. La creación del té como lo conocemos hoy también parece que fue una casualidad. Decenas de leyendas de China, La India o Japón rodean la naturaleza de esta bebida. Una de las más extendidas cuenta que en China, el emperador Shen Nung descansaba bajo la sombra de un gran árbol (de té), y el viento hizo que unas hojas cayeran sobre la vasija de agua caliente que sostenía con sus manos (él mismo había estipulado en su mandato que todo China debía beber el agua previamente hervida, para evitar la contaminación). El agua se convirtió en un líquido dorado y el aroma embriagó a Shen Nung, que gritó ‘T’sa’ (que significa «lo divino»). Para mucho, este es el origen del té.
  • 7. El té no es lo mismo que una infusión. Una tisana, una menta-poleo o la manzanilla no son tés. No los confundas: el té proviene de las yemas, hojas y tallos jóvenes de una única planta (Cemellia sinensis), mientras que la infusión se obtiene de cualquier otra planta o hierba.
  • 8. Los catadores de té lo hacen en porcelana blanca. Los catadores de té utilizan este material para testar el té ya que es el único que te permite ver con claridad el color, además de no interferir en el sabor por su textura no porosa. Así que si tú quieres que nada se interponga en tu disfrute del té, utiliza vajilla de porcelana blanca como los profesionales y a disfrutar del té, como Lady Gaga.
  • 9. No debes poner el té en agua hirviendo. No existe una fórmula matemática, pero sí se han estipulado unos grados para calentar el agua y unos minutos de reposo aproximados según el tipo de té. Cuanta más oxidación del té más minutos de reposo y más altos los grados. Así, los tés blancos y verdes deben prepararse entre 65 y 75 grados, y con un tiempo de reposo de uno a tres minutos. El resto, entre 85 y 95 grados, y con un reposo de entre tres y cinco minutos. Importante: ¡nunca dejes que el agua hierva! (Es decir, que sobrepase los 100º).
  • 10. En Europa el consumo de té lo popularizó la monarquía. No se sabe si nos llegó el té por los holandeses o los portugueses, porque ambos países mantenían relaciones comerciales con China. Pero lo que sí está claro es que fue la princesa portuguesa Catalina de Braganza quien lo introdujo en Gran Bretaña cuando se casó con el rey Carlos II de Inglaterra. Ella era una gran ‘fan’ de esta bebida, e invitaba a todo su entorno aristócrata a una taza de té: pronto se convertiría en una tradición entre la clase alta, extendiéndose después al pueblo (aquí está también el origen del famoso tea time).

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