2008 es su año, así lo decretó la ONU y lo festeja el parisino Salón de la Agricultura, del cual es la máxima estrella.

Bella revancha para un tubérculo tan sumamente despreciado que en Europa, sólo servía de alimento porcino y por sus diabólicas raíces, arrastró una fama maléfica alimentada por ignorancia e Inquisición. En efecto, se hervía con sus gérmenes, que sí son tóxicos, de ahí muchas molestias intestinales y la desconfianza que escoltó esa magnífica creación sudamericana.

Se necesitaron siglos, el análisis químico-alimentario del temido alimento por Antoine-Auguste Parmentier , farmacéutico-agrómomo galo y su propia receta salvadora de pan de patata traída a Versalles, para que por fin, Luis XVI viese en ella, un milagroso remedo a las tremendas hambrunas que asolaban su reino.

Para romper el rechazo popular, la patata se lanzó tal una moda mediante la fashion victima de la época, María Antonieta. La reina adornó su pálido escote con su diminuta flor violeta, mientras su regio esposo y la corte consumían a granel el túberculo en el áureo Versalles. Todo, huelga decir, sin demasiado éxito, hasta que por fin, mediante una treta, se consiguió convencer a los famélicos Franceses.

La cosa consistió en plantarlas en un campo de los parisinos Sablons, esperar su madurez, rodear el tesoro de guardias diurnos armados hasta los dientes, cuya presencia se desvanecía curiosamente al caer la noche. Enseguida, legiones de sombras nocturnas se apresuraban en desterrar las «joyas» escondidas, acomodarlas y finalmente, experimentar el desconocido bienestar de un hambre cánino por fin saciado.

Luis XVI, satisfecho pero muy pijo, decidió sin embargo modificar esa vulgaridad de nombre, «patata«, que hasta la fecha en Francia, se llama como él realmente quiso: pomme de terre (manzana de tierra).

Como homenaje al obstinado Parmentier, hoy confeccionaremos un delicioso pan de patatas, precalentando su horno a 2001. Hervir con sal 700 gr. de patatas dulces peladas y reducidas a puré.

Triturarlas con 200 gr. de mantequilla, 100 de azúcar y de harina, un sobre de levadura química y una cucharadita de jarabe de arce. Hornear a 180º unos 40-45’. Dejar entibir y cortar en lonchitas.

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Autor

Marie José Martin Delic Karavelic

Marie José Martin Delic Karevelic, apasionada periodista culinaria autora del blog ‘Fogon’s Corner’ en Periodista Digital.

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