
Unos pasteles especiales integraron el austero recetario sacro del periodo pascual cristiano, caracterizado por la abstinencia cárnica-láctea que sólo una excepción, concedida por el Vaticano en forma de bula papal podía romper.
Por tanto los dulces protagonizaron un papel estelar durante esas fiestas de luz y resurrección, como ese divertido corderito checo de masa cocida, que reina en la mesa o detrás de las ventanas engalanadas de huevos y cintas. Típico de los países del Este Europeo, se llama “Beranek”, se hace en un molde especial, con forma del animalito y de la manera siguiente: enmantequillar y enharinar el interior del molde, para facilitar el despegamiento de la masa al final de la cocción.
Precalentar su horno a 200º. Mezclar 3 huevos con 200 gr. de azúcar, 150 gr. de aceite de girasol, 200 gr. de harina, un sobre de levadura química, 200 gr. de sémola, un cuarto de litro de leche desnatada, la cáscara entera y rallada de un limón. Verter en el molde, hornear a 180º (4-5) unos 50’.
Dejar entibiar completamente y desmoldar con muchisimas precauciones. Decorar con azúcar glas, nata, crema de chocolate en frente y orejas, poner dos ojitos de pasas de uva y una en el hocico, rodear de una cinta de raso rojo y de huevos de color. Feliz Semana Santa a todas/todos y el mismo deseo: Paz en la Tierra.
