Quintaesencia de la perfección: el Hôtel du Palais en Biarritz

Voluptuosa gracia femenina, fastuoso espíritu festivo y sedoso imperio de los miriñaques de Eugenia María de Montijo de Guzmán (Madame Napoleón III) siguen vivos en su famosa residencia estival oceánica, actual Hôtel du Palais en Biarritz.

La pareja imperial disfrutó varias temporadas de ese modesto pueblo ballenero en la dulce Aquitania francesa, publicitado por Víctor Hugo en 1843. El lugar entusiasmaba a Eugenia, quien, en su infancia, vivió ahí la dureza de sus años de exilio.

A la sazón, se reconocen las virtudes terapeúticas de baños marinos y aguas termales. Por tanto, con el espumoso océano como espectacular telón de fondo surgió en 1855, engastada como joya en un promontorio de blanca arena, la deliciosa «Villa Eugenia«. El palacete fue un regalo de Napoleón III a la más preciada perla de su corona, Eugenia, su esposa. La bella andaluza, glamuroso epicentro de la intensa vida artístico-mundana local, pronto recibió a lo más granado de la sociedad imperante a ritmo de vals, chocolate espeso y especiado gazpacho españoles, sus platos predilectos. Veranear se puso de moda, tomar «las aguas» también y bajo la batuta imperial, Biarritz se consagró como «reina de las playas y playa de los reyes.» En ese entorno color de esmeralda mojada y cielos anacarados, sólo preocupaban dos temas: bailar y disfrutar. Para Eugenia y Napoleón III, serían los años más dulces de su vida matrimonial y para sus convites, el envite más hedonista.

Por tanto, entre la Chambre d’Amour y la Playa de Milady pasearon los aristócratas europeos, intelectuales y variopintos artistas del mundo mundial: testas coronadas como Elizabeth de Austria («Sissi«), Eduardo VII , Alfonso XIII y monarcas modernos, la próspera burguesía y famosos tales Sarah Bernhardt, Charlie Chaplin, Romy Schneider o Frank Sinatra.

Bajo la tibia caricia del pálido sol biarroto, el tiempo detuvo carro y curso en el Hôtel du Palais, antigua propiedad de la última imperatriz gala, mecido por verdes turbulencias atlánticas y puro reflejo nostálgico de esa deslumbrante época. Ese edificio en forma de «E» (de Eugenia), con alma cargada de historia y románticos encantos desvela sus secretos al paso de sus treinta y tres históricas suites, ciento cincuenta y dos suntuosos apartamentos e infinitos corredores floridos, donde todo es mullida intimidad, lujo sin pomposidad, sedosa luminosidad y privilegiada tranquilidad.

Frente al fragoso oleaje oceánico, en pleno corazón de la elegante ciudad, ese buque insigna del lujo discreto, abierto todo el año, faro de belleza preservada y clase, aficha cinco estrellas al firmamento del refinamiento hostelero francés y todas las comodidades de un establecimiento moderno integrando los Leading Hotels of the World. De noche, es pura magia centelleante.

Así su luminoso SPA Imperial Guerlain, 3000m² de altas prestaciones (hamman, jacuzzi, sauna, fitness con cardio-training, sala de relajación y cuidados), es un mármoreo espacio único completado por un relajante bar-tisanería de carta excepcional. Bien se mereció el Premio Villégiature 2008 al mejor SPA europeo y el Condé Nast Johansens (Mejor SPA Europa y Mediterráneo 2008).

Un milagro global propiciado por el genial Jean-Louis Leimbacher, su visionario director y magnífico anfritrión (cuatro décadas al mando). Entre mil méritos, ese guardián de las imperiales esencias supo modernizar el histórico sitio conservando buen gusto, armonía y chic desplegados por Eugenia, cuya atenta mirada vigila al personal desde sus retratos repartidos en su antiguo palacete. Del cuidadísimo restaurante gastronómico La Rotonda, otrora sala de baile de la dama, también hablaremos con otro perfeccionista, el Chef Jean-Marie Gautier. Jeanne Marchetti, la Directora Comercial y todo el resto de los profesionales son pura eficacia sonriente que transforman la estancia en recuerdo endeleble.

Para amantes del surf, del tea time sabroso con cupcakes exclusivos, de los cócteles perfectos, de momentos privilegiados y casi desaparecido arte de vivir, ese magnífico establecimiento con patina de ensueño y mesa gourmet le brindará una inolvidable experiencia. Lo todo, en un fabuloso entorno, donde continúa perenne la imagen de una granadina bellísima, Eugenia, novena Condesa de Teba y última emperatriz francesa, a quien una vidente gitana una vez predijo: «Serás más que reina, vivirás casi cien años y acabarás en la oscuridad».

Nota choco(lista): el Museo del Chocolate está muy cerca y Bayona, ciudad cacaotera por excelencia, a pocos kílometros.

http://www.hotel-du-palais.com/

Autor

Marie José Martin Delic Karavelic

Marie José Martin Delic Karevelic, apasionada periodista culinaria autora del blog ‘Fogon’s Corner’ en Periodista Digital.

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