Culture Food: los Helados, una deliciosa hazaña que no es mérito de los Inuits, sino de los Chinos

Snow Cheese

Snow Cheese
"Se puede resistir a todo, excepto a la tentación" (Oscár Wilde). No lo dudes... y sacrifícate.

Pues eso y a pesar de su silente postura respecto a su fabricación, el goloso secreto del Imperio del Medio se esfumó, pasó a Persia, se coló en Grecia e inevitablemente, cosas de las guerras, Historia e invasiones, aterrizó en la tosca Roma del siglo I.

El sensacional invento asiático amansó felizmente a una de las fieras más brutales de la humanidad de la época, Nerón. Su mágica ingesta sofocó a ratos los ardores piromaniacos del sobrino de Calígula, que se obsesionó con esa exquisitez y aumentó su masa abdominal con su consumo.

Por tanto y lo de satisfacer sus febriles atracones golosos, enviaba a los montes más picudos legiones esclavizadas de fornidos buscadores de la joya reposteril más preciada, esa inmaculada nieve fresca, que sus pasteleros acomodaban con una sofisticada alquimia de miel, fruta, flores raras y las más lujosas especias. Ya se sabe como se las gastaba en delicatessen míticas el temible emperador en sus pantagruélicos banquetes flowerpower celebrados en un escenario ad hoc, su refulgente palacio romano, hecho de crueldad, oro y marfil.

Por obra y gracia de Catalina de Médicis, quién llevó su formula en su ajuar cuando matrimonió con Enrique II, Francia descubrió el dulce manjar. Los entusiasmados reposteros galos adaptaron la crema helada transalpina al paladar francés, aunque, como siglos más tarde el chocolate, se reservó egoísta y exclusivamente el manjar para las mesas papales, regias y en general pudientes. Hecho mezquino que supuso una injusticia para los golosos de la época. De ahí la delicia saltó el charco de la Mancha e invadió pacíficamente la Blanca Albión, casándose una nieta de Catalina con un royal inglés.

Con esas temperaturas, nos vendrá de cine un cóctel de baja gradación y crema helada, el fantástico Snow Cheese.
Proporciones: para una persona. Se hace triturando en la batidora una bola de helado de queso Filadelfia (el madrileño Embassy la tiene en nómina), 15 cl. de Bailey, una cucharadita de cacao amargo en polvo y dos de leche condensada azucarada. Verter en una copa fría y degustar enseguida.

Quid rápido: ¿sabor más vendido? El de vainilla, un gol para nosotros, los chocomaníacos. Tiempo al tiempo, tarde o temprano y como siempre ¡el cacao vencerá!! ¿Y los más grandes consumidores del mundo mundial? Los Finlandeses (¡14 litros por año y barba!), seguidos de los Suecos. Cosas del frío entorno, seguramente.

Autor

Marie José Martin Delic Karavelic

Marie José Martin Delic Karevelic, apasionada periodista culinaria autora del blog ‘Fogon’s Corner’ en Periodista Digital.

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