Tesores gastronómicos de Francia: los nobles vinos de Jurançon, delicia del Béarn

La «Voie Royale» de un vino de gran estirpe: la aristocrática magia de los Jurançon

La "Voie Royale" de un vino de gran estirpe: la aristocrática magia de los Jurançon
El momento de los animados ágapes en el Domaine Gaillot

«Je fis, adolescente, la rencontre d’un prince enflammé, impérieux, traître comme tous les grands séducteurs : le Jurançon» (Gabrielle Colette, «Nouvelles« )

Ciertos vinos revisten la codiciada categoría de «cru», despertando enseguida los apetitos epicúreos y el suspiro de los amantes de la uva. Pero, ¿qué es un «cru», expresión incluso ahora aplicada al reino teófilo y de las pimientas? Según el léxico enológico, esa palabra (mayor) deriva del verbo «croître» (crecer) y brota de las excelencias de un terruño genuino, albergando la mejor vid. Además, los vocablos «grand cru, «premier cru», «cru classé» se aplican a ciertos vinos de pago adornados de un ADN tan notable que necesitaron, aparte de una lógica protección especial, el amparo de decretos legislativos.

El vino surtido en Jurançon pertenece a esa excelsa categoría. Nada de extrañar con un elixir que untó los labios de Enrique de Navarra, jefe de los Hugonotes (protestantes galos afectos a la doctrina calvinista) y futuro rey de Francia, ese mismo para quien París bien valió un misa. Intento terminar con las cruentas guerras religiosas desangrando Francia instaurando el pacificador Edicto de Nantes (y de tolerancia de culto, 1598): firma quien a la postre, significó la pena capital para su real persona: el 14 de mayo de 1610, en la parisina calle de la Ferronnerie, murió asesinado por François Ravaillac, un católico fanático.

Pero bien antes de eso, el primer rey Borbón, rama capeta, alias «el buen rey Enrique» o «Verde Galante», recibió un original bautismo (1553) definiendo, según los especialistas de los royals, su carácter bon vivant y gourmet, labios frotados con ajo e humidificados con una gota de la maravilla local: el vino de Jurançon.

Su leyenda, indisiocable del malogrado monarca que quiso «un cocido en la mesa del domingo para todos sus súbditos», plantada por los conquistadores romanos, dejó constancia formal de su existencia desde el lejano año 998. Por su exquisitez, rodearon el manjar de una primera iniciativa protectora en 998, en la abadía de San Vicente en Lucq-de-Béarn, limítrofe de Pau, sita en el centro de un triángulo mágico: Oloron-Sainte-Marie, Monein y Navarrenx. En los «Fors de Morlaas», carta de privilegios fechada de 1220, publicada por el Vizconde Guillaume-Raymond de Moncada, ya se mencionaba la variedad navarra «Mansenc«. Unos trescientos años después (1538), Enrique II (1503-1555), monarca de Navarra y abuelo del Vert Galant, compró un terreno en un modesto pueblito antiguamente conocido como «Jurenco«, de reputado suelo vinífero, ejemplo seguido por la nobleza y el clero. Así empezó el start de la expansiva voie royale del famoso vino local, en medio de un paisaje de extremo verdor, marco de ensueño y colinas ondulantes de reverenciada belleza relajante.

El periodo decimonónico, sin embargo, casi mandó ad patres la exquisitez con una plaga de filoxera comparable por su violencia letal, a las bíblicas destrozando el Egipto de Moisés. Con los albores del siglo XX resucitó esa joya vestida de luz y oro, que benefició en 1936 -categoría «moelleux«- de una de las primeras AOC galas. Sin embargo un expansivo conquistador suramericano, el maíz (1960) amenazó seriamente el recuperado cultivo, cuya categoría de seco alcanzó la envidiada Apelación de Origen Controlada en 1975. Fue solamente en 1980 que gracias al saber hacer, titánico esfuerzo, mimos y férrea voluntad de ciertos osados/apasionados viñateros procediendo a su transformación y a su bienvenida iniciativa (1986) «Clos, Domaines et Châteaux des AOC Jurançon et Jurançon sec», desde 1995 conocida como la «Ruta del Vino de Jurançon» http://www.vins-jurancon.fr/dossier.pdf, que los sibaritas asistieron al esperado renacimiento de un vino de regio renombre y calidad inigualada. Su cultivo, hoy día, cubre unas mil cien hectáreas soleadas englobando 25 comunas, pendula entre los 250 y 400m de altitud, frente a la sublime cordillera pirenaica, el foehn y la dulzura celebrada de un clima oceánico único. Todo para favorecer la sobremaduración de unas uvas características de los sublimes moelleux.

La versión seca, viril, de punto almendrado y ropajes de oro pálido veteado de verde jaspe nace de la variedad «gros marseng»: en boca, es un poema de carácter, exotismo y blanca redondez floral. Su contenido en azúcares residuales no debe sobrepasar los cuatro gramos por litro.

Su polo opuesto, vivaz, amoroso, femenino y licoroso, hecho de «petit marseng» es el Jurançon «moelleux» (mullido), a veces especiado con una nota de «petit courbu«. Esa dulce gema (más de cuarenta gramos de azúcar por litro), de oro verdoso o ámbar profundo según las añadas computadas, exhala unos enloquecedores aromas melíferos, fragancias de fresco bollo tostado o de sabrosa fruta escarchada, conquistando incluso, los acérrimos incondicionales del famosísimo Sauternes, compañero del untuoso foie gras, otra maravilla del «terroir«.

Gracias a las excelentes gestiones de Delphine Vallart, Directora de Turismo de Monein, Corazón de Béarn, vivimos una experiencia única vini-vitícola en una bodega de alto vuelo y hospitalarios propietarios: el «Domaine Gaillot» (http://www.domaine-gaillot.com/domaine). Se trata de un viñedo de siete hectáreas actualmente en conversión biológica, dirigido por Jean-Louis Gaillot y su familia, sito en la periferia frondosa de Monein. A su vera ya se explotaba el manjar desde el siglo XVII, concretamente desde 1632. Actualmente, las selectas estrellas de la producción son las «Cuvée Osetae», «Cuvée Hirunda» (Jurançon sec) y una selección de vinos de Jurançon de «passerrillage» (técnica consistiendo en dejar secar las uvas para aumentar su contenido en azúcar) de una selección de Petit Maseng. Después de la visita del domaine, la presentación de la apelación y de sus arcanos, nos agasajaron con una cena-degustación de los famosos vinos, armonizados con los delicados aperitivos, macarons, cupcakes, manjares artesanales estacionales, dulces o salados firmados por Mandoline & Co., un sublime catering local ubicado en el Chemin d’Abos en Parbayse, a un tiro de Monein (http://www.mandolineandco.com/ – Teléfono: 08 99 87 411 81).

Animado, coloreado y gastronómico, el voluptuoso tiempo de vendimias arranca a mediados de octubre, sigue su recorrido novembrino e incluso hasta diciembre según los años. El Jurançon, noble y generoso, celebra gota a gota sus «Fiestas» homónimas y puntuales: su calendario puede consultarse en www.jurancon.fr/articles/la-culture-et-les-animations

Gracias al Oficio de Turismo de Monein, a nuestra ducha guía, a la familia Gaillot y a todo el equipo que nos brindaron ese reportaje.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Marie José Martin Delic Karavelic

Marie José Martin Delic Karevelic, apasionada periodista culinaria autora del blog ‘Fogon’s Corner’ en Periodista Digital.

Lo más leído