Los que va de Sonsoles a Cecilia

(PD/Agencias).- El palo es de órdago, pero está administrado d euna forma tan suave, tan sutil y tan comedida, que cuesta darse cuenta. Se lo propina Mayte Alcaraz en ABC a la mujer de Zapatero y no tiene que ver sólo con sus aficiones indumentarias o con sus costosas aficiones.

uando Sonsoles Espinosa decidió confiar su indumentaria a la millonaria peletera de cámara socialista Elena Benarroch, dueña de una golosa tienda en la milla de oro madrileña, los expertos adivinaron, desde sus primeras galas presidenciales, una imagen contundente, perfilada y rotunda a la que ha ayudado un corte de pelo a lo «garçon» que enmarca unas facciones duras muy «gauche divine».

Pero hay una francesa a la que no se parece, salvo en el esqueleto: la refinada Cecilia Sarkozy, que ha roto todos los cánones del roñoso estilo femenino del Elíseo.

Y escribe Mayte Alcaraz, como quien no quiere la cosa, que hay quien dice que Sonsoles quiso hacer lo propio poniendo millas de por medio respecto al estilismo de su antecesora, Ana Botella, pero al elegir a Benarroch se apuntaba, a su pesar, no sólo a la moda minimalista de compañeras como Trini Jiménez, sino a la que se enfunda con frecuencia Isabel Preysler, que no es precisamente un icono de la izquierda.

Y es que Benarroch, además de vender en sus tiendas las joyas que diseña Felipe González, comercializa trajes que no bajan de los mil euros. Moda para «descamisadas», pues.

Eso sí, calderilla, al lado del presupuesto en vestuario de la primera dama gala, a la que no se lo ha puesto nada difícil su más inmediata antecesora, Bernardette Chirac, una señorita Rottenmeyer de colegio mayor, que confió su ropero a Cardin, Dior y Guy Laroche pero, sobre todo, a Karl Lagerfeld, aunque con un resultado bien diferente al que exhibe la musa del diseñador, Carolina de Mónaco.

Cecilia tampoco gusta de las estridencias, pero no tiene nada que ver con la envarada señora de Chirac. Para abrir boca, entró por primera vez en El Elíseo como mujer del presidente con un deslumbrante vestido de Prada (el italiano es su preferido a pesar de tener la abisal pasarela francesa a sus pies).

Pero ella lo vale. Y sobre todo lo que le ha valido es ser comparada con Jacky Kennedy: ambas son flacas, altas, peinan una melena castaña natural sin «brushing» que valga. Porque si hubiera que definir el estilo Jacky se condensaría en media docena de rasgos: gafas enormes de montura negra, pantalones capri, zapatos de punta cuadrada o manoletinas, chaquetas cortas, twin-sets, pendientes enormes de perlas… O sea, Cecilia en estado puro.

Además de con Jacky, Cecilia también comparte con Espinosa el gusto por las manoletinas, un zapato plano que ambas se pueden permitir gracias a su altura. Sin embargo, el uso de ese calzado no le fue aplaudido a la inquilina de La Moncloa cuando lo lució junto a su vestido-túnica de gasa marrón, también de la inefable Benarroch, en la boda de los Príncipes de Asturias, aderezado el conjunto con unos pendientes de coral negro made by Felipe González. La equivocación la subsanó el día que, con un maravilloso traje beige, asistió a la inauguración del Fórum de Barcelona. ¡Chapeau! O cuando «traicionó» a la peletera de marras con un diseño, mileurista también, de Dolce&Gabbana el verano pasado en Marivent.

Las dos «presidentas» de satén son, pues, pasto de las comparaciones de los modistas europeos que destacan el «glamour» de la «conseguidora» francesa (miren si no su logro en Libia) frente a la «discreción» (eufemismo al canto) de la española. Pero eso sí, los estilistas encolerizan cuando recuerdan aquella «batita de freir calamares» con la que esta última recibió a Don Felipe y Doña Letizia días antes de su boda (ver foto de la derecha): todos coinciden en que la estrafalaria botonadura sobraba. ¿Sólo?

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