La «mirada» de Cassius Clay (Muhamad Alí)

(Texto y foto: Paul Monzón).- El 21 de diciembre del año 2012, según el Calendario Maya (mal interpretado), se acababa el mundo. Era tanto el machaque, incluso hasta en el cine, que pensé que sería interesante viajar al país de los Mayas y Aztecas y conocerlo –por si las moscas- antes que el planeta hiciera BOOM. Y es así que «armado» con una cámara, videocámara y maletas, me fui al “Mero México”. Entre bromas me despedí de mis amigos en Madrid prometiéndoles que en Tulum encontraría una nuevo “calendario” que revele que nos queda más tiempo y nos permita, al menos, celebrar la Navidad y la noche vieja.

Una vez finalizado mi periplo por la paradisíaca Riviera Maya y tras disfrutar de unas playas de ensueño, milenarios cenotes, y cómo no: de ese espectacular legado arqueológico que construyeron los mayas: Tulum, Cobá y Chichén Itzá, tuve la suerte de recibir una invitación para asistir a un cóctel que se iba a celebrar en el gigantesco y majestuoso Hotel Gran Oásis de Cancún, para darla bienvenida a las delegaciones participantes a la 50 Convención de la Confederación Mundial de Box, evento en el cual se inmortalizaría al más grande boxeador de todos los tiempos: Cassius ClayMuhamad Alí, coronándole como el «Rey del Boxeo Mundial».

Esta invitación me cayó como del cielo. Siempre fui admirador de uno de los boxeadores más técnicos y letales que ha dado el Mundo del Box, y conocerle en persona era un lujo. Así que, tras despedirme de mis anfitriones en la Riviera Maya, partí rumbo a Cancún.

EL COCTEL

La terraza del coloso «Gran Oasis», a orillas del Mar Caribe, aglutinó la noche del 2 de diciembre a directivos, boxeadores, managers y periodistas de todo el mundo. Y cómo no, también a mitos del boxeo mexicano como Julio César Chávez. Entre copa y copa pude departir con el campeón español Javier Castillejo, venido especialmente desde Madrid, quien me comentó: «Clay ha sido un mito y será siempre un mito para el boxeo mundial. Se merece este gran reconocimiento».

Especial atención tuvo para los medios de comunicación la presencia de Mariana «La Barbie» Juárez, ex campeona mundial de box, quien se hacía fotos con todo aquel que se lo solicitaba.

Buena música, copas y performances fueron el común denominador de mi primera noche en Cancún.

Al día siguiente tenía mi vuelo Cancún-París-.Madrid y como la ceremonia de coronación la habían programado para las 09:30 horas, creí que tendría el tiempo suficiente para asistir a la misma y salir disparado al aeropuerto.

A la hora señalada casi todo el mundo estaba presente, menos Cassius Clay. Pasaba el tiempo y nada. Yo tenía encargada mi maleta en la recepción del hotel, y el móvil activo para estar ubicado por la OVC de Cancún.

Y pasaba el tiempo hasta que por fin, aquel lunes 3 de diciembre del 2012 la leyenda del box mundial subió al escenario del Salón “Oasis Arena”. Por fin tenía frente a mí a uno de los grandes boxeadores de todos los tiempos. Debo reconocer que de adolescente le seguía y no me perdía sus grandes peleas, incluso hasta sus últimos combates en los cuales recibió alguna que otra paliza. Creo que no supo retirarse a tiempo.

Tras un emotivo repaso de su carrera deportiva en pantallas gigantes, José Sulaiman, entonces Presidente del Concejo Mundial de Box, quien falleciera el 2014 a la edad de 82 años, tuvo emotivas palabras de reconocimiento a quien es considerado una de las leyendas del box mundial.

Acto seguido Julio César Chávez y el boxeador Saúl “Canelo” Álvarez, fueron los encargados, por la legión azteca, de colocar sobre los hombros de Alí una bata roja. El ucraniano Vitali Klitschko, “Doctor Puño de Hierro” ex campeón de los pesos pesados, colocó sobre la cabeza de Alí una corona bañada en oro con su nombre grabado.

En todo momento Muhamad Alí se encontraba rígido, como abstraído de la ceremonia. Parecía que estaba en otro lugar. A pesar que las cámaras de televisión le enfocaban, y los fotógrafos lo “ametrallaban” con los fogonazos de los flash, el Rey del Boxeo ni pestañaba.

Cassius Clay padece en estado avanzado la enfermedad de Parkinson, ese mal que provoca un desorden crónico y degenerativo de una de las partes del cerebro que controla el sistema motor y que se manifiesta con una pérdida progresiva de la capacidad de coordinar los movimientos. Eso explica su actitud.

Quedaba poco tiempo para que terminara la ceremonia y casi nada para salir disparado del hotel rumbo al aeropuerto y tan sólo tenía fotos de Alí con el ceño fruncido, cabeza baja y ojos cerrados, como dormido.
Por un momento pensé que si él miraba al público quizá podría captar una foto del “Más Grande”, como si posara. Pero nada de nada.

Guardé la videocámara en mi mochila y antes de abandonar la Sala Arena, creí que sería bueno intentarlo una vez más. Así que ajuste el teleobjetivo (tengo un buen pulso gracias a que hago fotos desde niño) y desde el fondo del salón apunté mi Nikon directo a su rostro y grité: “Mira, por favor” “Alí, mírame”. Y nada.

Mire mi reloj y comprendí que era hora de irse. Entonces, un tanto cabreado, pronuncié la palabra mágica, que si el susodicho me la hubiera escuchado 40 años atrás, fijo que de una ostia me lanzaba hasta la estratosfera.

Y en mi pensamiento susurré : “¡Mírame, coño!”.

Y como si me hubiera escuchado, Alí levantó la cabeza y miro fijamente hacia mí. Eso es lo que parece, aunque resulta imposible (ver fotografía). No era una mirada al vacío. Parecía como si dijera “Te he escuchado, has sido tú, cabrón”. Gracias al potente zoom de mi cámara, su mirada la tenía a un palmo de mí. Fueron segundos que me parecieron una eternidad. Me temblaban las manos pero apreté el disparador y me puse a hacer fotos como un loco. Hice 10 o 15 y paré. No quise mirar más.

Un minuto después le enfoque nuevamente y el «Más Grande de Todos los Tiempos» había regresado a su estado anterior: como ajeno a todo. Me acerqué hasta el escenario para verle de cerca una vez más. En mi pensamiento le dije: «Lo siento, Alí, sólo quería una foto. Te pido disculpas». Y entre el gentío me alejé. Él se mantuvo inmóvil. Ni se había dado cuenta que estaba a unos metros de él.

Terminada la ceremonia, sonó mi móvil. Eran los de la OVC que me avisaban que en cinco minutos una Van pasaría a recogerme al hotel para llevarme al aeropuerto.

Con 70 años, 56 victorias, 37 por KO, cinco derrotas, Muhamad Alí fue proclamado en la ceremonia como el «Rey del boxeo mundial». Una justa distinción al «Más grande».

Mi agradecimiento al Hotel Gran Oasis Cancún, al Fideicomiso de la Riviera Maya y a la Oficina de Visitantes y Convenciones de Cancún quienes hicieron posible mi participación en este histórico evento.

Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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