El «Gazpacho electoral»

A mediados de los noventa, cuando trabajaba en una revista de viajes y espectáculos, entonces muy de moda en Madrid, y en la cual era redactor, fotógrafo, etc, y donde me explotaban y mal pagaban, un día su director me dijo mientras caminábamos por el centro de Madrid: “Paul, te invito un gazpacho”. Yo no tenía ni puñetera idea qué era. Soy muy malo para recordar todo lo que se refiera a gastronomía y muy jodido para las comidas.

Entramos en un bar aledaño a la Gran Vía, mugriento a todo dar y con un olor a fritanga de esos que se te pegan en la ropa y no te lo quita ni el mismísimo Mr. Proper. El camarero, un tanto mal encarado, nos trae dos gazpachos. A simple vista parecían comestibles.

Tras beberme medio plato me puse morado. A los diez minutos devolví todo lo ingerido. Me pasé tres días muy jodido devolviendo cual volcán Vesubio sobre Pompeya. Nunca más he probado un gazpacho, ni de broma.

Dice la Wikipedia que el gazpacho es una sopa fría con ingredientes como el aceite de oliva, vinagre y hortalizas crudas: generalmente tomates, pepinos, pimientos, cebollas y ajo. Suele servirse fresco en los meses calurosos de verano. No lo dudo, pero el mío estaba infecto.

Y así se presenta este gazpacho electoral que se ha montado en torno a Pedro Sánchez, resucitado a última hora, cual Lázaro, cuando en Ferraz ya le daban por finiquitado. Y tanto así que puede llegar a ser investido presidente aunque el precio a pagar sea aliarse con una retahíla de partidos que le van a exigir lo que no está escrito, en especial los que quieren independizarse de España y “despedirse a la francesa”. El panorama para Sánchez es más peliagudo que para Rajoy.

Rajoy, que debió renunciar –tal como le recordó el líder del PSOE durante el debate a dos- cuando le estalló en la cara el “Caso Bárcenas “, lo tiene muy difícil, o imposible para formar gobierno. Salvo Ciudadanos, los demás partidos no lo pueden ni ver.

Se podría decir que Bárcenas es el gran triunfador de la noche, pues su mediático caso, unido a los múltiples casos de corrupción y una economía con brotes verdes sólo para algunos, ja provocado que la espantada del electorado vaya por muchas direcciones corriendo a los razos de aquellos que han sabido pescar en rio revuelto prometiendo el oro y el moro.

El “Caso Bárcenas”, en otro país europeo, incluida una gran superpotencia como EEUU, hubiera provocado ipso facto la renuncia de un pesidente. Pero en un país donde un tal “Chiquilicuatre” nos representa en Eurovisión, cualquier cosa era de esperarse. Aquí no renuncia ni el Tato.

El gazpacho electoral que se presenta con ingredientes variopintos como Podemos, IU, ERC,CATSI, DL, EAJ, PNV, EH y BILDU podría ser muy difícil de digerir. Tanto así que, en un Congreso que se perfila como una olla de grillos, provocaría la ingobernabilidad del país.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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