Perú: Cuando el pueblo exige a los politicos que hagan obras y se resigna a que roben

(Paul Monzón).- He vivido muchas elecciones generales a lo largo de mi vida. La primera fue en Lima, el año 1985 cuando salió elegido presidente Alan García Pérez, dos veces mandatario del Perú y otra vez candidato a dirigir el país.

En ese entonces me tocó ser “Miembro de mesa”, o que es lo mismo: estar todo el maldito día sentado viendo cómo votan todos, luego hacer el recuento de los votos, soportar a los “personeros”, sus quejas; verlos cuales celosos guardianes del voto que les pueda beneficiar, o tachar a como de lugar los votos viciados, en especial aquellos que no les favorezca. Ese es el circo de las elecciones generales.

Y llegó el esperado 10 de abril y en esta ocasión me pilla en Madrid. Al igual que en las últimas cuatro citas con las ánforas en las cuales he cumplido con mi deber de votar, lo haré como narrador de lo que acontecerá este domingo del cual tengo ya el recuerdo, como diría el inmortal César Vallejo.

Muchos amigos me preguntan a quién votaré. Bueno, el voto es secreto, pero lo que sí puedo afirmar y con mayúsculas, es que esta cita con las urnas que me toca vivir es una de las más nauseabundas, polémicas, horrorosas, y de extrema vergüenza que uno pueda vivir jamás.

Nunca se perpetraron tantas tachas, dimes y diretes, intromisiones, ataques, infamias, despropósitos, como en esta ocasión. Pero ahí está la jornada electoral, a solo unas horas para que de inicio.

La mayoría de los candidatos no están limpios. Basta con levantar la alfombra para que aparezca mierda por todos lados, incluso apelmasada tras el paso del tiempo y su respectiva impunidad. El pueblo llano lo sabe Algunos dirán incluso “este pesidente robó pero hizo obras” (!) Hoy sólo exigen obras, seguridad ciudadana, etc…

Los peruanos saben, deducen, vaticinan, que todos los candidatos, una vez que lleguen a la presidencia, van a robar, pero albergan la esperanza de que el elegido haga algo por el país. Nada ni nadie les va a cambiar de opinión. Tendría que aparecer ante ellos la mismísima “Virgen de Chapi”, o desatarse un terremoto político para que emergiera de las profundidades de la cloaca política un nuevo líder impoluto, libre de sospecha. Sólo así esta opinión generalizada cambiaría. Pero creo que ni aún así.

Este domingo 10 de abril son las elecciones para elegir al inquilino de Palacio de Gobierno. Aparte de informar “in situ” sobre lo que acontezca en las instalaciones de IFEMA, no tengo ni idea por quién votaré. Lo que sí tengo seguro es que cumpliré con mi deber cívico. Todos deberían hacer lo mismo. Pero bueno, cada uno es libre de hacer lo que le de la reverenda gana.

Quizá a última hora el cielo me ilumine, o puede que vote nulo. Lo justo habría sido que todos los candidatos pudieran medirse en igualdad de condiciones y no se hubiera tachado a ninguno de los que hoy están fuera. Le han robado al pueblo su derecho a decidir, o su derecho a castigar.

Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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