Consejos vitales

Guía para el peregrino del Camino de Santiago: Presupuesto, alimentación y cama

La Casa del Reloj (Molinaseca)

Guía para el peregrino del Camino de Santiago: Presupuesto, alimentación y cama
Peregrinos en el Camino de Santiago. PD

Lo esencial es no volverse tarumba y aplicar el sentido común, como casi siempre.

No se rompe ningún secreto al desvelar que el Camino de peregrinación a Santiago fue también un coladero de pícaros y bribones, que al abrigo de los piadosos caminantes «disfrazaban sus intenciones y ocultaban sus desventuras«.

Es una de las lecciones que se desprenden al contemplar el Camino con otra mirada, desde una perspectiva más amplia (Camino de Santiago: ‘La Casa del Reloj’).

El benedictino Padre Feijoo da cuenta ya en el siglo XVIII de los tunantes que «con el pretexto de ir o volver de Santiago, se están dando vueltas por España casi toda la vida».

Dejarse llevar por aquella concurrida Calle Mayor de Europa, tenía sus ventajas. El pícaro de nuestra literatura clásica Estebanillo González confiesa una de las primeras ocurrencias que tuvo para dar suelta a sus trapisondas:

«Traté de ponerme en figura de romero, principalmente por comer a todas horas y por no ayunar en todos tiempos».

Esta era parte de la marea humana que durante siglos siguió el rumbo del sol hacia el fin de la tierra conocida.

Junto a los auténticos peregrinos, se desplazaban negociantes de todo tipo, truhanes y buscavidas. Y a su paso, aprovechando el camuflaje de los bosques, se apostaban bandoleros que limpiaban la bolsa a los caminantes.

Hay lugares en nuestra amplia geografía que pasaron a la literatura jacobea europea como encrucijadas especialmente peligrosas para los peregrinos.

Así, los Montes de Oca, entre Villafranca y San Juan de Ortega, o la solitaria dehesa de Valdelocajos, en el páramo leonés, o las rampas maragatas, pobladas de robledales, o el puerto de Foncebadón, a menudo dominado por las nieblas.

Por no mencionar nuestro tramo de despedida, entre Vega de Valcarce y El Cebrero, todavía con el miedo en el cuerpo supersticioso de aquellos peregrinos por haber visto al mismo diablo en la ermita del Santo Ángel de la Guarda de Parajís. En El Bierzo profundo. Y no es el único demonio del Camino.

En Sahagún, denostada por los caminantes devotos como lugar de perdición, se muestra en el Museo de las monjas benedictinas de Santa Cruz la imagen de la Virgen del Garrote, en la que el pobre diablo pone cara de pavor ante el gesto virginal de arrearle un buen mamporro.

Algunos autores de primer rango han contribuido a desvelar el secreto, poniendo en valor esa corriente alternativa de pensamiento que usó el conducto del Camino para seguir en contacto con las fuentes de un saber perseguido.

Las memorias del alquimista Nicolás Flamel revelan su peregrinaje hasta San Marcos de León, cuyo prior era un maestro secreto de su misma sabiduría. Y en la judería de la ciudad de León había brotado el Esplendor.

La Calle Mayor de Europa que es el Camino de Santiago recorre nuestra Comunidad de oriente a poniente y jalona su tránsito con algunas de las villas y ciudades de más enjundia histórica.

A su paso, dejó algunos de los monumentos más singulares y una tradición secular de hospitalidad que pervive. Pero también esconde rincones, paisajes, misterios, enigmas y secretos que sólo es posible descubrir con otra mirada.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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