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Tesoros de Venezuela: La Esmeralda

Tesoros de Venezuela: La Esmeralda
La Esmeralda, Amazonas Yessica Salazar

(Yessica Salazar).- Aislados, sumergidos en un mundo selvático que parece haberle puesto pausa al tiempo. Un lugar que te recuerda lo bendecido que eres porque estás vivo. Y es que la selva espesa, e inmensamente verde, puede llegar a intimidarte tanto que hasta el más fuerte puede llegar a sentirse pequeño e indefenso.

@yesikaina

Los bosques tropicales del Amazonas son los más grandes del mundo. Se considera que su extensión llega a más de 7 millones de kilómetros cuadrados de América del Sur. Esta densa selva tropical guarda secretos y misterios. Es hábitat de miles de animales y plantas, algunos jamás vistos por los seres humanos. Muchas áreas nunca han sido exploradas.

Les contaré cómo conocí La Esmeralda, en el estado Amazonas. Un pequeño poblado anclado en el corazón de la selva amazónica venezolana.

La Esmeralda, es la capital del municipio Alto Orinoco del estado Amazonas. Su población no pasa de los 15 mil habitantes. Aquí se han establecido comunidades indígenas, especialmente Yekuanas, Piaroas y Yanomamis.

Existen solo dos maneras de llegar: vía fluvial (serán muchas horas navegando) y vía aérea (aproximadamente unos 35 minutos).

Salimos en avioneta desde Puerto Ayacucho (capital del estado Amazonas). Desde la partida el paisaje deslumbró. Las montañas y aves parecen prehistóricas. De pronto, tus ojos no pueden creer tanta belleza. El Cerro Autana se alza como el monumento natural más impresionante que verás. (Luego dedicaré un artículo para hablar solo de él).

Sigues contemplando tanta belleza, y aparece el Duida (meseta ubicada en la Sierra de Parima tiene una altura máxima de unos 2700 metros). Te indica que ya llegaste a La Esmeralda.

Te bajas de la avioneta, sientes de inmediato toda la energía de este lugar, que es una de las zonas geológicas más antiguas del planeta. Ves el piso de la pista de aterrizaje y observas diminutas piedras que brillan con el sol. Me dijeron que está construida sobre una mina de cuarzo virgen.

Nos dirigimos a una gigantesca churuata (vivienda indígena). Impresiona su tamaño y diseño. Cuando entras, te invitan a probar sus platos típicos, están elaborados en su mayoría a base de pescado y fibra de la yuca preparada. El casabe y la Yukuta son los más consumidos por ellos. Te recomiendo que pruebes también La Catara, que es una salsa picante a base de las colas de un tipo de hormigas de gran tamaño abundantes en la región, llamadas «bachacos» que se cocinan en zumo de mandioca (yuca) y especias.

También son excelentes tejedores de cestas y confeccionan hermosos accesorios. Conocí a una señora (Yekuana) que me vendió el collar más hermoso que tengo hasta ahora (es uno de mis tesoros más preciados). Su trabajo lo dedica para pagar los estudios de su hija que se encuentra estudiando en la universidad en Caracas.

Luego, nos fuimos a una mina de cuarzo. Ver un pequeño cerro con miles de piedras que brillan y reflejan el sol, es un recuerdo que llevaré por siempre en mi mente!

Estas tierras son ricas no sólo de cuarzo, sino también de oro, esmeraldas y mucho más.

Me contaron que hace años llegaron unos misioneros extranjeros a evangelizar estas comunidades indígenas… Me entristeció desde el fondo de mi corazón, cristiano y creyente de Dios, que vinieran otros a imponer nuevas creencias en su propia tierra. ¿Qué derecho tenemos de obligar a otros a creer en costumbres diferentes a las suyas? Si Dios es amor y está presente en cada rincón, ¿por qué negarle a nuestros hermanos indígenas que crean en sus dioses, sus leyendas, sus rituales?

Me contaron muchas cosas negativas que ocurrieron, pero ese es otro cuento. Solo podemos reflexionar el hecho de que los seres humanos debemos aceptarnos como somos y enfocarnos en lo que realmente cuenta, nuestra vida en armonía con nuestro entorno.

La naturaleza, te muestra en todo su esplendor lo hermosa que es la vida y cuánto debemos apreciarla. Amazonas, tiene muchas historias que contarnos. Somos ricos en vida y belleza. Seamos nosotros los que remediemos lo que hemos causado. Solo amando sitios como estos, aseguraremos nuestra existencia.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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