RUMBO A UGANDA

La Edad del Viento

Telmico es un ser diferente y afrodisiaco, auténtico, con una fortaleza innata descomunal

La Edad del Viento
Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo.

Han pasado ya un par de años desde que falleció lentamente, en su propia cama y rodeado de los recuerdos de sus innumerables viajes, mi maestro y amigo Miguel de la Quadra-Salcedo, un explorador de mundos y mentes que marcó mi existencia para siempre.

Cuando comenté su muerte en mi trabajo de `El Chiringuito´, casi nadie de mis compañeros conocía a Miguel. Son jóvenes periodistas o técnicos que aman el fútbol, pero los documentales y reportajes de Miguel no están precisamente entre sus prioridades.

Lo mismo me ocurrió cuando hice la carrera de Ciencias de la Información en la `Complu´, que tan solo los profesores conocían la leyenda de mi padre, José Luis Pecker, un pionero único e irrepetible de la radio en España.

Aprendí muchas cosas magníficas de Miguel, pero también algo profundamente peligroso. Me enseñó una droga mucho más fuerte que la `coca´ o el `caballo´: la aventura.

Después de que el patrocinador de la Ruta Quetzal retirase tristemente su apoyo al programa justo al mes de desaparecer `El Jefe´, me propuse no dejar de descubrir lugares nuevos de esa manera tan especial que tenía Miguel de mostrarnos las cosas. Pensé esperanzadoramente que seguiría el proyecto, pero él era irrepetible y el quetzal nunca volvió a remontar su inolvidable vuelo.

Una mañana de primavera quedé con Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo e Isa Ussía, creadores junto a Mar Aldaz de `España Rumbo al Sur´, y con Rocío Gayarre, la mano derecha de Miguel, porque nuestra compañera de viajes Ana Antón, periodista incansable con una fuerza asombrosa, me pidió entrevistarse con ellos para ver si podía ir al viaje.

Al poco tiempo me dijo que se apuntaba y fue cuando me recorrió por todo el cuerpo la droga de la aventura, y pensé que sería buena idea viajar con el sobrino de Miguel, Telmico, que llevaba 12 años haciendo un viaje similar a la Ruta, aunque casi sin medios, algo que no me importaba lo más mínimo. No es precisamente el dinero lo que cambia tu mente en esos viajes, sino la pasión por conocer y la búsqueda de lo más hondo y perdido de tu interior.

Tumbados en la playa, después de ver las estrellas, le comenté a Rocío Gayarre, la madre de mis 5 quetzales y compañera de Miguel de la Quadra desde 1989, qué le parecía si volviese a soñar despierto y a `pincharme´ una fuerte dosis de aventura. Siempre positiva me miró a los ojos y vio mi pasión por descubrir el más allá y me dijo: «Vete y disfruta de tu vida paralela y poética».

Se lo dije a Telmo, el capitán del barco, y estaba encantado, porque así reviviríamos nuestras increíbles anécdotas junto a Miguel, nuestro mentor de lujo, y volveríamos a buscar las entrañas de la felicidad.

Academia de Infantería de Toledo

Se abrazan el sol y la luna cuando llegamos a la Academia de Infantería de Toledo, donde recogemos el material necesario para ir a la 13ª edición de Rumbo al Sur, que este año se dirige a Uganda, `La Perla de África´, un viaje de ensueño que han preparado minuciosamente Telmo y Mar Aldaz junto a Isa Ussía, compañera en carnes del gran Telmo. ¡La aventura acaba de empezar!

Telmico es un ser diferente y afrodisiaco, auténtico, con una fortaleza innata descomunal, como su tío Miguel. Mar es indomable, culta y orgánica. Isa es dulce como el chocolate de menta y extremadamente positiva. Un trío sin igual, robusto y vertical, como el alargado cuello de las jirafas.

Iniciamos una marcha nocturna a la luz de la media luna, suficiente para no prender nuestros livianos frontales de leds. Se oía de vez en cuando la risa profunda y sincera de Telmo Aldaz y el disparador imparable de José Luis Cuesta, el fotógrafo de todas las expediciones de Rumbo al Sur.

Un poblado desértico, con carros quemados por sus calles de adoquines levantados, recordaban las zonas de combate de Afganistán o Irak, los nuevos 116 expedicionarios descubren lugares secretos donde los militares entrenan antes de aterrizar en lugares de conflictos bélicos.

Después de esa primitiva y amable caminata llegamos al fantasmagórico monasterio encantado de Santa María de la Sisla, donde ocurren cosas extrañas, y calentamos las verdes raciones de combate del Ejército Español sobre un minúsculo hornillo redoblado 8 veces, compartiendo por binomios sus distintos sabores. Una fabada asturiana, un pulpo a la gallega, una carne mechada, un grasiento paté o unos callos a la madrileña. Posiblemente la mejor cena de mi vida.

Al terminar esos manjares, Telmico nos pidió a Roberto Becares, corresponsal de El Mundo que acompaña a la Expedición, al fotógrafo Cuesta y a mí que diésemos una improvisada charla sobre nuestras experiencias como periodistas, ya que hemos recorrido 3 veces el mundo entre los 3.

Ellos admiraron a los jóvenes con su viaje a un Haití destrozado y con un futuro más negro que su propia tez, con las imágenes de aquellos campamentos de plásticos multicolores que me recordaban a los que vi en Etiopía en los albores del siglo XXI, cuando hice un reportaje sobre la hambruna para Tele Azteca y grabé como varios niños morían famélicos, con sus grandes ojos repletos de moscas, en los brazos de sus resignadas madres. Estaban tan delgados que tras las costillas se les adivinaba la columna vertebral. Imposible olvidarlo.

Cuando me tocó el turno, siempre el último, conté mi aventura en globo aerostático que iniciamos en 1993, en Chichicastenango, Sancho González Green, hijo del histórico aeronauta y periodista Jesús González Green, y Koldo Chamorro, el fotógrafo que escribía con la luz, por las tierras de una Guatemala en Guerra Civil.

Sanchito no tenía sitio para aterrizar hasta que caímos en el crepúsculo en una pequeña abertura de un bosque perdido, para estampar la barquilla sobre una apacible vaca que corrió mugiendo aterrada. De repente, aparecieron lentamente decenas de hombres con rifles alargados, de aspecto antiguo, y detrás, bastante detrás, se adivinaban mujeres con esos trajes de colores con tonalidades moradas, anaranjadas y azules, con algún niño engarzado en sus piernas.

Sintiendo que podía ser nuestro último momento de vida, le dije a Sancho que, cuando tuviese la cámara ready, contaría hasta 3 para que diese una última llamarada y poder así tener luz para filmar nuestro posible fusilamiento al anochecer. 1, 2, 3 y el quemador lanzó una estruendosa forma blanquiazul. Como los indígenas armados nunca habían visto un globo, y mucho menos una llamarada milagrosa y despampanante, salieron corriendo despavoridos hacia lo más profundo de la selva de los Mayas.

Recorrimos una estrecha vereda hasta llegar a un camino donde aparecieron, largo tiempo después, Telmo Aldaz y Carlos Villar `Tucán´, mi querido ayudante de cámara costarricense, con una pick up encarnada para rescatarnos de aquella historia que más parecía un cómic de El Víbora que algo real.

Recordaba al alba en Toledo, una ciudad fusión de tres culturas, cristiana, judía y musulmana, la imagen espeluznante del enorme árbol caído al que llamé Miguel de la Quadra en la última marcha por el río Guadarrama, que hicimos los Ruteros en la `lentejada´ cocinada por Argi en su honor. Era el pino más alto y fuerte del camino hacia la gloria y estaba derrumbado por las inagotables lluvias de la primavera, era como un último símbolo del adiós del genio.

Cuando apareció bruscamente un teniente de 2 metros musculoso como un gorila, Alejandro Von Kursel, nieto del marqués de Jaureguizar, que dejó una vida `ideal´ como economista en Arthur Andersen para alistarse en el Ejército. Me hizo secar las lágrimas para levantarnos y moldear nuestro cuerpo en una mañana seca y dulce a la vez.

Una serpiente azul de decenas de jóvenes, con el mapa de África y las letras rotas de Rumbo al Sur en sus camisetas, se dirige al corazón de la aventura. Unen su sangre para vivir esta experiencia. No saben todavía lo que madurarán en este verano abrasador. Tienen 16 y 17 años, la edad de la fruta cruda. Mi edad es… la edad del viento.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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