Viajes y placer

Lugares secretos de París

Lugares secretos de París
París Paul Monzón

París, la eterna «Ciudad Luz», no es sólo la Torre Eiffel, Notre Dame, los Campos Elíseos. . . sino mucho más. Hay rincones secretos que deberíamos conocer si es que estamos planificando una escapada por la capital del amopr y más aún cuanod se acerca el Día de San Valentín. Rumbo nos guía por esos lugares que todos deberíamos conocer.

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Jardin du Vert Galant

Durante sus años de reinado en los siglos XVI y XVII, el monarca Enrique IV de París era asiduo a llevar jovencitas y doncellas con las que pecar a un jardín ubicado en el ángulo norte de la Île de la Cité, la misma sobre la que se sostiene la famosa catedral de Notre Dame. Más de cuatro siglos después de aquellos escarceos, este jardín del galán verde (o la versión de los franceses del «viejo verde») es el lugar ideal en el que sentarse a contemplar las fachadas haussmanianas que se asoman al río o los barcos que surcan el Sena mientras brindas con un buen rosé iniciando el picnic del día. El picadero más bonito de Europa, quién lo diría.

Museo del Quai Branly

Bien porque llegan en metro o porque parten desde el Arco de Triunfo, muchos turistas alcanzan la Torre Eiffel sin percatarse de que a no demasiados metros yace una atracción turística mucho más exótica, diferente e incluso transgresora. El museo del Quai Branly, junto al río Sena,es una metáfora, la de un Occidente invadido por la selva que luce en esas paredes forradas de vegetación y tras las que se esconden exposiciones étnicas y hasta 300 mil objetos antiguos procedentes de África, Asia y Oceanía. Un año después de su inauguración, en 2007, el museo superó el millón de visitantes anual.

Lago Daumesnil

Al sudoeste del bosque de Vincennes, al este de París, una senda trazada entre los árboles nos conduce hasta un lago artificial conocido como Daumesnil. En el mismo destacan dos islas llamadas Bercy y Reuilly, siendo esta última la más especial, ya que incluye un pabellón de columnas griegas ideal para enamorados en busca de nuevos rincones románticos en la gran ciudad. Y de fondo se oyen cantos, el de los budistas que oran en la pagoda de Vincennes, sede de la Unión Budista de Francia. Puro encanto zen.

Panales de abejas en los Jardines de Luxemburgo

La primera escuela de apicultura de París fue construida en 1856 por Henri Hamet al sudoeste de los famosos Jardines de Luxemburgo, en la rue de Medicis. Tras la reforma urbanística de Haussman esta desapareció para volver a ser erigida a principios de los 90. Hoy día, los panales de abejas escondidos en uno de los lugares más conocidos de París es una oda a la naturaleza en la que tú también puedes participar si te animas a apuntarte a una clase de apicultura los miércoles o sábados.

Au Lapin Agile

En la ruta por Montmarte que os propuse hace unos meses incluí algunos de los antiguos cabarets del bohemio barrio parisino que hoy muchos turistas han olvidado que existen. Su ubicación en la umbría de la colina priva a muchos de un recorrido por lugares tan coloridos y suntuosos como Au Lapin Agile, el cabaret más antiguo de París ubicado en la rue Saules. Un espacio que hoy día se sigue abriendo a las 9 de la noche para clientes exclusivos y donde cantan grandes autores de «la chanson» mientras se sirve licor de cereza hasta altas horas de la madrugada.

La Butte aux Cailles

Cuando vivía en París hace cuatro años ir a la Butte aux Cailles significaba adentrarse en un lugar de la ciudad similar a un pueblo: calles de adoquines, arte urbano y evocador en sus fachadas, fuentes de agua del siglo XIX y bares de un ambiente bohemio en los que poder tomar algunas de las cervezas más baratas de París. En la rue de 5 Diamants, el restaurante Chez Gladines aguarda colas kilométricas y el Chinatown de París se funde con esta «colina de las codornices» desplegando un sinfín de restaurantes japoneses, chinos y vietnamitas que confirman el potencial cosmopolita de la ciudad del amor.

Belleville

Si os gusta Madrid, imaginad Malasaña y Lavapiés en un mismo barrio pero con esa touche francesa. En Belleville, al norte de París, el arte urbano se expande por sus calles, los cantantes callejeros siguen entonando clásicos de Edith Piaf y las hojas de vid se cuelan por callejuelas de terrazas bohemias. Los hipsters de París (allí los llaman bobos) lo tienen claro, al igual que los amantes de los mercadillos, la fusión o la escena nocturna, siendo una mezcolanza de rock, reggae y electrónica la que sacude los locales del barrio más multicultural de París al caer la noche.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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