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Qué ver en Milán

Qué ver en Milán
Skyline de Milán Wikipedia/ pexels.com

Grande, alegre y dinámica, la provincia de Milán es la segunda más poblada de Italia. Su territorio se extiende a lo largo de la alta llanura padana y comprende los ríos Ticino al oeste y Adda al este.

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Es un territorio caracterizado por «vías de agua»: ríos y canales la atraviesan y en algunos puntos delimitan sus confines: los ríos Lambro y Olona, numerosos canales y los famosos Navigli milaneses, antiguas vías de comunicación entre los mayores cursos de agua. Recorriendo el curso de estos ríos se distinguen alquerías y burgos como el de Corneliano Bertario con el Castillo Borromeo y villas nobiliarias e históricas como las de Inzago en los alrededores del Naviglio Martesana y el Canal Villoresi, que es considerado el canal artificial más largo de Italia.

Este último se considera como el confín meridional de la Brianza, considerada una región en la región de Lombardía donde destacan montaña, lagos, llanura.

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Una publicación compartida por Andri Joubert (@andrijoubert88) el 3 de Mar de 2019 a las 10:12 PST

En el territorio milanés existen seis parques regionales: Parque Adda Norte, Parque Agricolo Sur Milán, Parque de las Groane, Parque Norte Milán, Parque del Valle del Lambro y Parque Lombardo del Valle del Ticino.
La mitad de la provincia de Milán se caracteriza por un ser un territorio agrícola y fluvial. La mayor parte del mismo aparece tutelado a través de distintas áreas protegidas. Cada uno de estos habitat son un magnífico escenario natural, llenos de bellos paisajes y de arquitectura interesante.

La revalorización del patrimonio artístico de Milán y su provincia ha puesto en evidencia épocas históricas bien precisas, que han marcado el desarrollo urbanístico de la ciudad y de sus monumentos más importantes. Existe una Mediolanum (antigua ciudad de Milán de época romana) oculta, muy a menudo escondida en los museos, las iglesias, los edificios, en las excavaciones del metro o encerrada entre algún moderno complejo.

La época de mayor desarrollo fue la renacentista, que coincidió casi en su totalidad con el período de las señorías. A este período remonta el Castillo Sforzesco con la Torre del Filarete y el Parque Sempione a sus espaldas, situado justo en el corazón de la ciudad de Milán mirando hacia el Duomo, imponente representación gótica del poder de la ciudad en la época de la señorías. Al lado de la Plaza Duomo destaca la Galería Vittorio Emanuele II, considerada como el salón de Milán, también debido a sus elegantes tiendas. Entre los edificios destaca el neoclásico Palacio Real, junto al Duomo, que hoy acoge importantes exposiciones artísticas.

Poco lejos, la pinacoteca Ambrosiana expone una riquísima colección de telas de grandes artistas como Caravaggio, Tiziano y Rafael. En el homónimo barrio, la pinacoteca de Brera guarda una de las principales colecciones de pintura italiana con obras maestras como el Cristo Muerto de Andrea Mantegna. Más obras maestras en el Museo Poldi Pezzoli, considerado como una de las más importantes casas-museo de Europa.

Más escondida, Santa Maria delle Grazie es un templo que lleva las firmas de Bramante por lo que se refiere a la iglesia y la antigua sacristía, y de Leonardo por la obra maestra guardada en el refectorio del convento anexo a la iglesia, La Ultima Cena.

En el Estadio de San Siro, que es una de las construcciones más representativas de Milán y forma parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad que se puede visitar en el museo, primero y único en Italia situad dentro de un estadio, que recoge testimonios de la historia de los dos equipos de la ciudad, Inter y Milán.

Sin embargo, en tanta riqueza no pierden protagonismo los centros de provincia, que también guardan muchos tesoros artísticos: castillos, villas extraordinarias, abadías, edificios, entre los que destacan, en Monza, la Villa Real con su parque y la Catedral.
En Corbetta, la casa de Corbellino o Castelletto es un ejemplo de edificio edificado sobre los restos de un castillo, y más tarde restaurado y ampliado. En Novate Milanese, la «Casa de’ Busti» y el «Oratorio dei Santi Nazaro y Celso (Gesió) son un ejemplo de casa nobiliaria y oratorio del siglo XVI. En Abbiategrasso, es de gran interés la iglesia de Santa María Nueva, sobre cuya fachada aparece la gran pronaos proyectada por Bramante. A pocos kilómetros de esta localidad, situado en una altura que domina el valle del Ticino, hay otro ejemplo muy interesante de arquitectura cisterciense del siglo XII, la Abadía de Morimondo.

Las abadías medievales de Milán son de gran interés: Chiaravalle y Morimondo del orden cisterciense; Viboldone y Mirasole del orden de los humillados. En el norte de la capital surgen las villas di delizie, que ofrecen parques y rincones de incomparable belleza; al este de la ciudad, junto al río Adda, el arte encuentra la naturaleza y ofrece magníficos ejemplos de arquitectura industrial dentro de un escenario natural, como la centrale hidroeléctrica Taccani, en Terzo Sull’Adda.

Los castillos son otra riqueza del territorio: en el margen del Muzza en Cassano d’Adda, el Castillo Borromeo d’Adda cuenta con una historia milenaria conocida desde el siglo IX, aquí han salido a la luz, después de una cuidadosa restauración, frescos de la escuela de Giotto; en Legnano, el Castillo de San Jorge fue erigido en el siglo XIII sobre un prexistente convento de los agustinos; en Cusago, el Castillo Visconteo es considerado uno de los mayores ejemplos de arquitectura castellana de la región. Un vistazo a la zona baja de Milán nos lleva a San Colombano al Lambro y al Castillo Belgioioso y Casalpusterlengo, con la torre almenada de Pusterla con dos cuerpos sobrepuestos.

Existe además una provincia de Milán muy verde, con ríos de recorridos tortuosos tales como el Adda, que forma, en la parte norte de Trezzo, rabiones y cañones; como el Ticino, que atraviesa tierras ricas de bosques e islotes, protegidos por el parque natural de origen fluvial, quizás el más grande de Europa. Atraviesan toda la zona aguas encauzadas y a menudo subterráneas, explotadas primero por los monjes, trabajadores incansables que sanearon el Valle del Po en la Edad Media, y luego por el mismo Leonardo da Vinci, que vivió allí durante la señoría de los Sforza y que inventò un sistema para regular el nivel del agua en los canales, los famosos navigli milaneses, volviéndolos navegables.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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