Señor de Torrechayoc: Historia de una festividad religiosa

En el Valle Sagrado de los Incas, Urubamba- Cusco, anualmente se celebra la fiesta religiosa de la Santísima Cruz del Señor de Torrechayoc. Entre historias y milagros, la devoción de la Cruz ha aumentado con los años, pero ciertas tradiciones se han ido perdiendo. A pesar de ello, el Patrón de Urubamba, sigue siendo milagroso para sus fieles, quienes ahora no dudan en pedir por el cese de la pandemia.

Señor de Torrechayoc: Historia de una festividad religiosa

Domingo 3 de abril del año 2011. En una casa ubicada en un barrio del Callao, se celebraba la liturgia de la palabra en honor al Señor de Torrechayoc. Terminada la celebración, el sacerdote claretiano, Manuel Rodríguez, esparció agua bendita a las 50 personas que se encontraban presentes. Solo bastó que unas cuantas gotas de agua santificada caigan en la pared, para que el rostro de Torrechayoc quede impregnado en aquel muro.

Natalia Ortíz

Lita Carrasco, quien observó lo ocurrido, cayó de rodillas y con lágrimas en los ojos se quedó contemplando la pared que ahora tenía el rostro de Jesús. Ella cuenta que no podía creer lo que veía y de inmediato alertó a los demás, quienes no dudaron en llamar a tal hecho, un milagro. Luego de la sorprendente manifestación de Jesús crucificado, más de 6 sacerdotes fueron invitados para verificar lo sucedido y dar validez a este hecho.

Dora Sesa, mi abuela, dueña de la vivienda, es una fiel devota de la Santísima Cruz, que junto a su familia urubambina ha mantenido la tradición de honrar al Patrón de Urubamba. Su casa fue el lugar donde ocurrió el milagro de hace 9 años. Desde ese día, ella no para de recibir en su hogar a toda persona que quiera pedir un favor al cristo crucificado. «Ese día el señor bendijo mi hogar por siempre serle fiel, mi familia está muy bendecida por la cantidad de veces que nos ha salvado de momentos difíciles», dice emocionada. Así como este milagro, hay muchos más que Torrechayoc, ha retribuido a sus más fieles seguidores.

De gringo, cholito, militar y doctor, es así como se presenta La Santísima Cruz del Señor de Torrechayoc a sus feligreses. Esta antigua devoción nace en el Cuzco, especialmente en el Valle Sagrado de Los Incas, Urubamba. Son muchas las historias que se narran, algunos dicen que sus orígenes se remontan hacia el año 1860, cuando se colocó una enorme cruz en la nieve y se celebró una misa de inauguración en un tramo de la carretera Urubamba – Lares.

Sin embargo, los urubambinos cuentan una muy distinta. Según la historia pasada de generación en generación, en el año 1650 ocurrió un terremoto devastador que interrumpió la carretera que conectaba Urubamba y Calca. Cientos de pobladores no tuvieron mejor opción que buscar nuevas vías de tránsito, es así como entre tantos caminos llegaron a Sicllaccasa, ubicado en Yanahuara. Cuentan los pobladores que encontraron una cruz en pleno nevado. “Tengo frío”, fueron las palabras que les decía cristo entre sueños a los caminantes que pasaban por esos lares. Cada día más personas eran testigos del llamado de la cruz entre sueños.

No fue hasta el 24 de enero de 1882 que la Junta Directiva del Señor Belisario Hinojosa Escobar, solicitó a sus consorcios ayuda para que la cruz colocada en el Abra de Sicllaccasa sea traída a Urubamba para su veneración. La petición fue aceptada y el señor fue traído al Valle de los Incas. Aunque para sorpresa de muchos, la cruz de Torrechayoc no fue la única que se encontraba en aquel lugar enterrada en la nieve, había otra cruz, una más pequeña que la otra. Finalmente las dos fueron llevadas al poblado. En la actualidad esa segunda cruz se encuentra en la casa de la familia Hinojosa, pero al final nunca se pudo saber cuál era su verdadero origen. Los años pasaban y los urubambinos iban murmurando más testimonios, historias y milagros, en los rincones del pequeño poblado.

El señor Moscoso es uno de los integrantes más conocidos dentro del Club de Urubamba en Lima y cada vez que se encuentra con sus paisanos, él recuerda los más grandes milagros del Patrón. «Quería que mi hija entre a la escuela de la policía en Lima y el señor me cumplió ese deseo. También me ha ayudado con los problemas con la diabetes que tengo. Es milagroso», me dice Moscoso, a quien noto muy entusiasmado por seguir siendo seguidor de Torrechayoc. Sigo buscando más fieles que me cuenten su experiencia y todos coinciden en que el milagro más conocido es el de Bolivia.

Según la historia transmitida oralmente, en una ciudad de Bolivia (no precisan cuál), un grupo de mineros fue salvado de morir tras soñar con un señor que les prevenía del peligroso derrumbe que estaba por suceder, cuando los trabajadores le preguntaron al hombre su nombre, él les respondió “Torrechayoc de Perú”. Agradecidos de ser salvados por el misterioso señor, los bolivianos fueron a suelo peruano a buscar a Torrechayoc para darle las gracias personalmente. La primera búsqueda no fue exitosa, ya que los mineros no tenían muchos datos de la persona que les había salvado la vida. Resignados volvieron a Bolivia donde un día inesperado, escucharon a un peruano hablando de lo milagroso que era Torrechayoc.

Solo esas palabras bastaron para que el grupo de mineros emprenda un viaje de retorno al Perú. Cuando llegaron a la ciudad del “choclo”, nombre con el que se le conoce a Urubamba, se percataron que el tal hombre llamado “Torrechayoc” no era una persona como tal, sino que era el nombre de una Cruz Santísima que se encontraba en un pueblo recóndito del Cusco. Entusiasmados, los mineros cayeron rendidos a sus pies a orarle; es más, dicen algunos urubambinos en un reportaje del programa “Costumbres” que gracias a la ayuda económica de esos humildes trabajadores, se pudo construir el actual santuario de Torrechayoc. ¿Será del todo verdad? No muchas historias confirman esta posición, hay personas que dicen que esta construcción fue gracias al párroco de la comunidad más cercana, quien ordenó el traslado de la cruz a Urubamba.

Los años seguían pasando y no fue hasta el mes de noviembre del 2000 que ocurrieron algunos acontecimientos claves entre la Asociación de devotos y la Parroquia de Urubamba. Ramiro Segovia Ascencio, presidente de la Asociación organizó una reunión con el propósito de realizar una peregrinación a Sicllaccasa. Esta propuesta fue aprobada por todos los presentes quienes se encontraban emocionados, ya que después de 119 años, se iba a regresar por primera vez a aquel lugar donde se halló la cruz. Dicha peregrinación se fijó para el mes de diciembre y para esto se hizo un llamado a todas las personas que querían participar. Según registros ese día se partió a la 1.30 am. de la madrugada con 49 personas, pero al final solo llegaron al lugar alrededor de 26 que demostraban tener un cansancio extremo.

Aunque eso no fue impedimento para que la alegría los embargue por saber que habían llegado al lugar donde antes se encontraba la cruz. La caminata duró un aproximado de 6 a 8 horas. Al llegar al monte, los peregrinos encontraron una peña muy grande y en ella estaba impregnada la silueta de la Cruz de Torrechayoc, el tronco y sus brazos en forma de hilera. Este hecho causó miles de sentimientos a las personas, quienes emocionados decían estar en la manifestación más grande y viviente del Patrón de Urubamba. Desde ese momento, son muchos los que cada año peregrinan hacia Sicllaccasa con la intención de sentir más cerca la presencia del cristo crucificado.

En la actualidad, el panorama ha cambiado un poco, ya que no tantas personas conocen lo milagrosa que es esta cruz. Con el pasar del tiempo, los nuevos urubambinos han ido olvidando la importancia de esta festividad y de las antiguas tradiciones. Sin embargo, la Asociación de devotos del Señor de Torrechayoc, sigue en actividad con más de 50 años de creación y los mienbros están más que seguros, de que la presencia de Jesús a través de la cruz es real.

«La costumbre se ha perdido un poco. Antes la fiesta del señor tenía más seguidores que conocían su historia, las persona peregrinaban, había más fe.» «¿Y alguna vez no perdiste esa fe?», pregunto. «Sí, claro pero siempre estaré tranquilo siendo seguidor de Torrechayoc», responde Felix Ortiz, mi abuelo, quien fue uno de los carbullos (mayordomos) en Lima, por un largo tiempo. Desde su juventud fue un participante activo de esta asociación y del Club de Urubamba. Siempre escuchó historias muy impactantes de los milagros de la cruz y también considera que el señor lo ha salvado bastantes veces de la muerte por la diabetes que padece.

Hace más de 20 años, mi abuelo junto a mi abuela Dora Sesa, decidieron crear el Coro Polifónico del Señor de Torrechayoc. Cada año son invitados a la gran festividad en Urubamba, lugar en el que nacieron.  Canciones como: Aputatayqu, Apu Jesucristo, Kanmi Dios kanki, entre otras, son entonadas por sopranos y tenores del coro que con fervor pronuncian canciones con letras en quechua cusqueño. «El coro ya no iba a viajar este año a Urubamba, porque supuestamente el 2020 la cruz original iba a viajar a Lima, pero por esto del virus no se pudo. Muchos amigos urubambinos ansiaban que llegue ese día», manifiesta mi abuela que a diario reza a la santa cruz para el fin de la pandemia.

Esta festividad religiosa tiene años de años y es que son tantos que la primera casulla del cristo data del año 1977 y es renovada por los encargados del evento, según registros del Museo de Torrechayoc, ubicado al lado de su Santuario. Cada año la Cruz recibe a distintos mayordomos o como lo llamarían en Urubamba, “carbullos”. Ellos son los encargados de los gastos principales de la festividad y para eso buscan personas que los apoyen económicamente. Existe la tradición llamada “Julca”, en la cual los mayordomos tienen que ir de casa en casa obsequiando pan chuta y cerveza con la intención de que las personas que deseen, puedan aportar un monto voluntario en agradecimiento al obsequio.

Muchos se preguntan, ¿cuándo es la fecha principal de la celebración?. Realmente no hay una fecha en especìfico para celebrar el día central de la Santìsima Cruz. En algunos años se festeja a mediados del mes de mayo y otros, a inicios del mes de junio. A pesar de esa variación, esta tradición se ha caracterizado por la buena organización de sus fieles y por los grandes preparativos que se realizan para el gran día como las más de 30 danzas que acompañan en todo momento la procesión. Toda esta celebración comienza con una misa que apertura todas las actividades que se darán a lo largo de un mes como: el peregrinaje al Abra de Sicllaccasa, el cargo de los choferes, el cambio de vestimenta del Señor de Torrechayoc, la parada folclórica en el Estadio Municipal de Nogalpampa y el día central, que es el más importante. En esta fecha se realizan procesiones, misas, bailes tradicionales, comidas típicas y más. Sin duda es un día imperdible. Luego, empiezan los festejos más llamativos para quienes buscan divertirse, como la corrida de toros, merienda, la octava y para finalizar, el cargo de la Hermandad de Cargadores.

«Yo creo en Torrechayoc y le oro para que proteja a mi familia del virus, hizo muchas cosas por mi», me dice Ana Pumaccahua, quien se considera su más grande devota.  Su historia es muy particular y considera que la cruz hizo un milagro en su momento más crìtico. Hace 5 años, Ana había sufrido un accidente que la dejó inválida del pie. Su recuperación era lenta y según los doctores era muy poco probable que vuelva a caminar como antes. Un día en oración, ella le pidió desconsoladamente a la Santísima Cruz que apacigüe su dolor y sin esperarlo, un doctor entró a su habitación, no lo conocía y ella era la única en su vivienda. El doctor amablemente la empezó a examinar y ella ante tal situación se quedó petrificada, no creía lo que sus ojos veían. «Ya estás curada hija» y sin más se fue del cuarto. Ella cuenta que no podía creer tal hecho y cuando regresó a sus terapias, el doctor le dijo que ya no necesitaba de las sillas de ruedas porque su pie había mejorado sorprendentemente. Entre lágrimas supo que era el Señor de Torrechayoc quien la había visitado y sanado como un doctor gringo. Sigo escuchándola y me hago la idea de empezar a orar a la sagrada cruz tan milagrosa. ¿Orar por el cese de la pandemia? No suena a una mala idea.

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