Descubrimiento de Cudillero, Asturias

Descubrimiento de Cudillero, Asturias

Tengo mucha suerte. En agosto me dieron el título de «Narrador de Trujillo», En septiembre, mi libro “Kutimuy, Garcilaso” fue declarado el libro del año en en la feria de Miraflores, y en octubre, no bien llegado a España, le han puesto mi nombre a una de las ferias literarias más importantes del país, la de Cudillero, Asturias.

La ceremonia se realiza este 31. Por eso, les voy a contar algo de lo que diré este domingo en ese bello puerto del Cantábrico.
Contaré primero que todo ha sido una predicción de don Tuno. Narraré que hace algunas décadas, entré en el ejercicio de una meditación y el chamán me había ordenado pensar en el lugar y el momento más bellos de mi vida. Entonces, me vi de niño en Pacasmayo, al lado de mi padre y adiviné que el paraíso se encontraba allí.

En el camino de la meditación, mi mente viajaba cambiando de senderos. Primero, junto al océano Pacífico, seguí a los sacerdotes mochicas que oraban hace 2000 años; catorce centurias después, observé asombrado los rastros de los emperadores del Tahuantinsuyo, los Incas; y luego, estalló el galope de las mesnadas conquistadoras de Pizarro.

Ahora más tarde, mis pasos se hundían en las arenas del Cantábrico. Escuchaba la cabalgata de los guerreros romanos que vinieron a conquistar este lugar incógnito. Evocaba a los locos asturianos que derrotaron a pedradas al ejército más poderoso del planeta. Y por fin, avancé pensativo junto al paso de los peregrinos de Santiago.

Andaba buscando el recuerdo de mi infancia, la voz primera de mis mayores, el camino de las gaviotas, el sueño interrumpido de mi adolescencia, y aquí lo estaba encontrando.

Y debo confesar que mi trabajo, en uno y otro lado del mundo, ha sido siempre indesligable de mi completa adhesión a la causa de los que padecen y de los que pelean por amor a la justicia. Y entre todos los bienes terrenales, la grandeza moral es lo que más me importa, y solo quiero ser en esta vida un hombre decente.

De los Andes a las montañas de Asturias, descubrí yo que esta otra tierra era también la mía y que podía llamar y cantar y soñar en el mismo idioma y con iguales fantásticos recuerdos, y pasarme la vida amando y desamando a la madre de nuestra lengua y de nuestras sangres aventureras, orando y recitando con Quevedo, Santa Teresa, Unamuno, Lorca, Hernández, Vallejo y Neruda -y también con Agustín Lara y Chabuca Granda-, y de todas esas maneras entendí España como una manera de ser sobre la tierra y como un rasgo especial de la condición humana.
Por eso, mi corazón ha de seguir confesando este canto de amor por Cudillero.

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