Estos son los motivos por los que las aeronaves deben alcanzar la llamada ‘altitud de crucero’

¿Sabes por qué los aviones tienen que volar a más de 10.000 metros de altura?

¿Sabes por qué los aviones tienen que volar a más de 10.000 metros de altura?

Seguro que alguna vez te lo has preguntado. El edificio más alto del mundo, la torre Jalifa (Dubái), mide menos de 830 metros. La montaña más imponente, el Everest, llega a los 8.848 metros. Si lo pensamos, aún quedan bastante más “cerca” de la altura que deben alcanzar los aviones para poder volar, que se ubica entre los 10.000 y 12.000 metros, según recoge el autor original de este artículo Clarín vía lavanguardia y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

Pero la pregunta que siempre surge es entonces ¿qué necesidad hay de tener que llevar a un avión a esa altura en particular?

Hay tres causas, y tienen que ver con los factores que más preocupan a las compañías aéreas: ganancias y seguridad.

Cada metro que ascendemos desde la superficie la capa del aire es más delgada. O sea, hay menos oxígeno. Si un alpinista necesita botellas de oxígeno para alcanzar una cumbre desde los 4.000 metros, al triple de esa altura claramente sería mucho más.

Entre los 10.500 y los 12.000 metros, franja llamada “altitud de crucero”, los aviones se enfrentan a una menor resistencia del aire y pueden viajar más rápido y, por ende, consumir menos combustible. Cuanto más ahorren, mejor negocio hacen todos.

Además, los motores de los aviones comerciales son del tipo turbofan, que tienen un mayor impulso a medida que enfrenten una menor resistencia del aire. Pero también necesitan del oxígeno atmosférico para poder mantener la combustión, por lo que superar los 12.000 metros ya comprometería la eficacia de las turbinas.

La altura final depende del peso del avión: cuanto más pesado, más bajo vuela

Según Pablo Díaz, periodista especializado, creador de El Blog de Diazpez y responsable del área de Latinoamérica para Airlinegeeks.com, “la diferencia entre la presión exterior y la cabina presurizada interior se logra en el límite de la resistencia estructural de la aeronave. Para ir más arriba, se necesitaría reforzar al avión, lo que sumaría peso y por lo tanto anularía la ventaja económica de un nivel de vuelo superior”, amplía.

La altura final depende del peso del avión: cuanto más pesado, vuela más bajo. Un A380 o un B747 tendrá una altitud menor que un B737 o un A319, pero siempre se manejan en esa franja de la altura de crucero.

La segunda razón se relaciona con la seguridad. O más bien, con la tranquilidad de los pasajeros. La mayoría de los fenómenos atmosféricos (lluvias, relámpagos, viento, granizo, nubes densas) se dan en la tropósfera, la capa atmosférica que va desde la superficie hasta los 10.900 metros.

Si bien un avión puede atravesar tormentas y lidiar con vientos, no es gratis: las turbulencias generan mucho miedo y complica las operaciones. Por eso, la mejor prevención es esquivar a estas malas jugadas del clima y volar por encima de ellas.

Además a esa altura tampoco hay aves que puedan impactar sobre el avión. Este es un problema común en los despegues y aterrizajes, y que pueden causar accidentes.

La tercera razón también está relacionada con la seguridad: en caso de problemas con los motores o algún otro componente del avión los pilotos tienen un margen de tiempo para poder solucionarlo.

Si un avión volara a 1.000 metros del suelo y sus motores se detuvieran el impacto sería casi inmediato. A una altura diez veces superior, los pilotos pueden lograr que el avión planee de 50 a 80 kilómetros más.

Como también detalla Pablo Díaz, en un evento de despresurización repentina a 12.000 metros, el pasajero tiene entre 7 y 10 segundos de TUC (Time of Useful Conciousness: tiempo útil de conciencia) antes de sufrir los efectos inhabilitantes de la hipoxia. Es decir, que si no se pone la máscara en ese tiempo, corre serio riesgo. Además, no todos los pasajeros tienen el mismo TUC: factores como tabaquismo, obesidad, etcétera, reducen este tiempo.

Un buen ejemplo son las máscaras de oxígeno, que caen en caso de que haya una despresurización de la cabina. El oxígeno que pueden proveer dura 15 minutos, tiempo que los estándares de seguridad consideran suficiente para resolver la emergencia.

Por debajo de los 10.000 metros es la altura que suelen volar los helicópteros y los aviones más pequeños, como los de motor de hélice. Una altitud mayor y los pasajeros, que no tienen la cabina presurizada, tendrían problemas.

En todo caso, los organismos reguladores de la aviación en el mundo establecen que la altura mínima para los vuelos es de 300 metros sobre las áreas urbanas, o de 150 metros sobre cualquier persona, vehículo o edificio. La causa es sobre todo ambiental, por el ruido de la aeronave, y obviamente, también para evitar cualquier posible impacto.

Entre los 10.500 y los 12.000 metros, franja llamada ‘altitud de crucero’, los aviones se enfrentan a una menor resistencia del aire y pueden viajar más rápido.

 

Autor

Francisco Lorenson

Polifacético y innovador reportero, lleva años trabajando en el sector y aprendiendo de algunas de las personas más inteligentes del negocio.

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