Guía y consejos para el peregrino

El Camino de Santiago: Técnicas para caminar

El Camino de Santiago: Técnicas para caminar
La concha, el bordón, las botas y los pies de un peregrino en el Camino de Santiago. CS

Si tenemos costumbre, sobran los comentarios, pero para quien no la tenga, le indicamos que es conveniente, por supuesto dependiendo de múltiples factores (edad, peso corporal, de la mochila, etc.) empezar suavemente, nunca con prisas, hasta que el cuerpo se caliente (Camino de Santiago: ¿Dónde dormir al terminar la etapa?).

Cuando se acelere, con marcha regular y continua, dentro de lo posible, con paso suave y rítmico (Camino de Santiago: ¿Qué comer y dónde si eres peregrino?).

También es conveniente antes de empezar a andar, realizar algunos estiramientos, especialmente de las piernas, colocándonos con las manos contra la pared, e ir apoyando paulatinamente toda la planta de los pies, hasta notar una cierta tensión detrás de las rodillas, a medida que el cuerpo se va acercando al suelo (Camino de Santiago: ¿Qué es mejor? ¿Bota o zapatilla como calzado peregrino?).

Es muy posible que el propio Camino nos obligue a realizar paradas muy frecuentes, para ver algún monumento o iglesia, realizar cualquier pregunta, sacar alguna foto, etc., pero, en principio, deberíamos descansar cuando menos diez minutos cada hora o dos horas, o más si fuera necesario (Camino de Santiago: El equipaje del peregrino).

No obstante, el mismo cuerpo, la climatología o cualquier otra circunstancia, nos lo indicará o pedirá. Mientras se camina hay que mantener siempre un paso que nos resulte cómodo, que nos permita sin ningún tipo de esfuerzo poder mantener una conversación (Camino de Santiago: ¿Cómo se entrena el peregrino y cuál es la forma física ideal?).

Caminar tiene que llegar a ser tan natural como respirar, que lo hagamos sin darnos cuenta (Camino de Santiago: ‘La Casa del Reloj’).

En terreno llano, vayamos con nuestro paso normal, ni demasiado largo ni demasiado corto; en las subidas, puesto que no tenemos prisa, con más corto y lento, acaso aflojándonos el cinturón de la mochila para poder respirar mejor, y apoyando el pie con la totalidad de la planta en el suelo, para evitar sobrecargar determinadas zonas.

En las bajadas y siempre que el piso nos lo permita, con paso largo y rápido, clavando bien los tacones y quizás apretando un poco más la mochila a la cintura para que nos descansen los hombros.

Terminaremos dando sobre un millón de pasos, pero no tenemos que descuidar ninguno y ver dónde ponemos el pie; un solo paso mal dado nos puede obligar a retirarnos; por tanto, especialmente cuando vayamos por terrenos accidentados, de piedra suelta o guijarro, deberemos estar atentos al pisar.

Por supuesto, si vamos en compañía de alguien que tenga el paso más rápido, no debemos tratar de seguir su ritmo, pues en sólo unas horas, nos puede dejar destrozados; será conveniente, por tanto, que el que mas ande, se coloque el último y no marque el ritmo.

Es conveniente ayudarse tanto en las subidas como en las bajadas con el bordón, que, además, hace menos monótono el andar.

 

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