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Si eres conductor, esto te interesa y mucho. Todos los conductores han sufrido (o causado) alguno de estos efectos, todos ellos relacionados con los despistes o con las negligencias al volante. ¿Quién no se ha quedado pendiente más de la cuenta de un accidente recién ocurrido y ha motivado un atasco? Efecto mirón. ¿Y quién no se ha descuidado ligeramente al reanudar la marcha en una retención? Por su culpa se producirá el efecto acordeón. Estas y otras situaciones suceden a diario en las carreteras y no hay quien aprenda del error repetido, como recuerda un artículo de la revista Tráfico y Seguridad Vial, de la DGT, según elpais.


Efecto mirón: curioseo exagerado

Tráfico lo advierte muchas veces en sus conexiones con las cadenas de radio, más o menos así: "Cuatro kilómetros de retención a causa del efecto mirón por un accidente". Cuando se ha producido un golpe en la carretera, ya sea en su propio sentido de la marcha o en el contrario, casi sin darse cuenta los conductores ralentizan la marcha para enterarse de lo que pasa. Un fisgoneo complicado de evitar, naturalmente humano, pero que dificulta el tráfico innecesariamente, sobre todo porque muchas veces la Guardia Civil y los servicios de Emergencias ya se están ocupando del asunto.


Efecto acordeón: retraso acumulado

Los coches autónomos se entenderán a distancia y evitarán el efecto acordeón, que se repite a menudo tanto en los semáforos de la ciudad como en los atascos de la autovía: después de una detención o una reducción notable de la velocidad, los coches van reanudando la marcha con mayor lentitud cuanto más atrás estén en la fila. Traducido: si el primero tarda un segundo en reaccionar, el siguiente necesita dos y el tercero tres, y así sucesivamente. Con las aceleraciones y detenciones constantes, la fila parece encogerse y estirarse como un acordeón, circunstancia que podría evitarse (el menos en parte) si los conductores mantuvieran la distancia de seguridad y estuvieran más pendientes del tráfico, para frenar con antelación y para ponerse en marcha con más anticipación.


Efecto dominó: daños encadenados

Prestar atención a la carretera y mantener la distancia de seguridad es, de nuevo, la mejor medida preventiva para evitar este fenómeno, muy habitual en carreteras con mucho tráfico y en las calles de las grandes ciudades. Sucede cuando se produce un frenazo brusco y algún conductor despistado no frena a tiempo y alcanza al último de la fila. Si lo hace con fuerza excesiva, y puede no ser tan extraño, el primer vehículo golpeado impacta a su vez con el que lo precede, y así sucesivamente.


Efecto elefante: peso multiplicado

Este riesgo ya se ha relatado otras veces: cualquier objeto suelto en el habitáculo puede convertirse en un elemento mortal. Tras un frenazo a 90 km/h, un ordenador portátil de dos kilos situado en la bandeja del maletero impacta con tanta fuerza contra los asientos delanteros como si fuera un oso de casi 300 kilos. La DGT utiliza un ejemplo aún más gráfico en la revista Tráfico y Seguridad Vial: a 60 km/h, un pasajero de 75 kilos sin el cinturón de seguridad golpearía el asiento delantero con una fuerza equivalente al peso de un paquidermo de 4,2 toneladas. Por seguridad de todos, los cinturones de seguridad deben ir siempre abrochados.


Efecto submarino: cinturón mal colocado

Otra imagen muy común en las carreteras: el copiloto con los pies sobre la guantera o directamente sobre el salpicadero, muchas veces sin zapatos. Más allá de la cuestión estética, en caso de frenazo el cuerpo puede salir despedido por debajo del cinturón, o la propia banda abdominal puede dañar al pasajero. La misma circunstancia puede ocurrir cuando el asiento está excesivamente tumbado hacia atrás.


Efecto túnel: campo de visión alterado

Un conductor en marcha no es capaz de ver nítidamente todo lo que ocurre a su alrededor, y la situación empeora cuanto más aumenta la velocidad. El entorno se difumina y solo percibe con claridad lo que se encuentra en frente. El efecto túnel lo reproducen muy bien algunas fotografías.

Los datos, además, resultan esclarecedores. Como recuerda el RACC (Real Automóvil Club de Cataluña), si el ángulo de visión horizontal a 35 km/h es de 104º, al circular a 65 km/h se reduce a 70º. A 150 km/h, los conductores solo pueden ver claramente aquello que se encuentre en un ángulo de visión de 18º. Todo lo que quede fuera de este pequeño ángulo, se escapa a los ojos. El mismo efecto túnel se produce, por otra parte, cuando el automovilista ha ingerido alcohol.


Efecto rebote: cansancio ‘agazapado'

En un viaje largo conviene descansar cada dos horas, parar un rato y estirar las piernas, beber agua, dormir si hace falta. Pero muchos no lo hacen y, como sustitutivo, combaten el cansancio con café, bebidas estimulantes o, peor aún, con alcohol o drogas. Durante unos minutos pueden conseguir su objetivo y esquivar los síntomas del sueño y el cansancio, pero poco después la recaída es peor. Cuando desaparecen los efectos de lo que se ha tomado, aparece el efecto rebote: más cansancio, más sueño y además muy repentino.


Efecto pantalla: viento inesperado

La conducción con viento resulta muchas veces desagradable. Lo es sobre todo cuando se trata de un aire racheado, y todavía más si las ráfagas llegan lateralmente. En este último caso, hay dos circunstancias especialmente complicadas para los conductores: cuando salen de un túnel y cuando adelantan a un camión, ya que se produce el efecto pantalla. Tanto el túnel como el vehículo voluminoso protegen del viento al coche; al perder esa protección, el turismo recibe un empujón inesperado de la ráfaga lateral y puede invadir el carril contrario o salirse de la vía. En estas circunstancias, conviene estar alerta y sujetar fuertemente el volante e incluso contravolantear un poco.