Asesinato en Jericó

La mañana del pasado jueves, la policía palestina descubría el cadáver abrasado de Mohammed Abú al-Hawa en su coche quemado en Jericó. Le habían disparado siete veces en la cabeza y el pecho, y según el intrépido Abú Jaled Toameh, del Jerusalem Post, había sido «brutalmente torturado antes de que su coche fuera prendido fuego». En la versión del Haaretz, había sido «golpeado contundentemente en la cabeza» antes de ser asesinado.

Cuenta David Hornik, freelance y colbaorador habital de The Jerusalem Post, que Al-Hawa, padre de ocho procedente del vecindario árabe de A-Tur, en el Monte de los Olivos de Jerusalén, había sido acusado de algo que desde hace mucho tiempo ha sido una ofensa capital en la Autoridad Palestina — vender una residencia, en este caso su edificio de apartamentos de cuatro plantas, a judíos.

Reivindicando la autoría del estallido «de justicia» se encontraban hombres armados de Fatah – o más específicamente, en la variante de la historia de Ynet, miembros de la filial de Fatah Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa. No está claro si secuestraron a al-Hawa para llevarlo a Jericó o le encontraron allí.

Como explica Toameh, «En 1995, el Consejo Legislativo Palestino votó unánimemente a favor de la pena de muerte para los comerciantes inmobiliarios que vendiesen tierras a judíos».

Ese mismo año, «el muftí de Jerusalén, de la AP, el jeque Ikremah Sabrí, anunciaba una fatwa… autorizando el asesinato de cualquier árabe que vendiese propiedades a judíos. La fatwa también prohíbe a los musulmanes enterrar a los autores materiales en cementerios musulmanes».

En 1996, continúa Toameh, «al menos siete árabes fueron secuestrados y asesinados bajo sospechas de que habían estado envueltos en transacciones inmobiliarias con judíos». En una información posterior el domingo, Toameh escribe que «docenas de comerciantes inmobiliarios sospechosos han sido asesinados a lo largo de los últimos años tras ser acusados de esta misma trasgresión».

En el caso de al-Hawa se pensaba que había vendido su edificio en A-Tur a Elad, una organización sin ánimo de lucro que adquiere casas para familias judías y compañías de Jerusalén Este. Elad adquirió recientemente otras dos residencias en A-Tur, también a árabes.

El Monte de los Olivos, donde está ubicado A-Tur, es el lugar de un cementerio judío que se remonta a tiempos inmemoriales y que se contrapone al Monte del Templo y la Ciudad Antigua de Jerusalén.

Aunque hasta el izquierdista Haaretz informa de que «funcionarios de la policía afirman que los edificios fueron adquiridos legalmente y que no hay impedimento legal a su adquisición», la reacción de los árabes locales a los judíos que se mudaban al vecindario no ha sido positiva.

«A lo largo de las últimas semanas», relata Toameh, «los residentes han tenido roces repetidamente con la policía y los miembros de una firma de seguridad privada contratada para vigilar los apartamentos… A comienzos de este mes, docenas de manifestantes prendieron fuego a un restaurante del vecindario propiedad de un miembro del clan al-Hawa».

Toameh también observa que «inmediatamente después de que el acuerdo se hiciera público, algunos miembros del clan Abú al-Hawa o fueron secuestrados, o llevados a la fuerza por las fuerzas de seguridad de la AP hasta Ramala y Jericó para ser interrogados», mientras que en la versión del Haaretz se dice que fue el propio Mohammed Abú al-Hawa quien fue «secuestrado y llevado hasta Ramala para ser interrogado por las fuerzas de seguridad palestinas».

Algunas informaciones también dicen que al-Hawa declaró que fue engañado en la venta por empresarios árabes, y que no sabía que los compradores reales eran judíos. La familia publicó anuncios a estos efectos en diarios árabes en un esfuerzo por «limpiar» su nombre.

No sirvió de nada. El artículo posterior de Toameh, «Vecinos impiden el enterramiento del hombre asesinado por vender casa a judíos», nos informa de que la mañana del viernes, residentes de A-Tur — en cumplimiento de la fatwa del jeque Ikremah Sabrí — evitaban el enterramiento de Mohammed Abú al-Hawa… en un cementerio local.

La familia de la víctima se vio forzada eventualmente a enterrarle en un cementerio improvisado en la carretera entre Jerusalén y Jericó».

Notable en esta historia es la ausencia de cualquier implicación — a excepción probablemente del interrogatorio en Ramala o Jericó de Abú al-Hawa y familia — por parte de Hamas. La ley que prohíbe la venta de tierras a judíos bajo pena capital fue ratificada allá en 1995, cuando la AP se encontraba totalmente bajo gobierno de Fatah, y cuando una toma de control por parte de Hamas parecía aún fantasía.

El jeque Ikremah Sabrí no está afiliado a Hamas, sino a la AP más antigua pre-Hamas. Los asesinatos de árabes acusados de transacciones inmobiliarias con judíos comenzaron en 1996.

Los hombres armados que torturaron, dispararon y quemaron a Mohammed Abú al-Hawa la semana pasada eran de Fatah. Los residentes de A-Tur que prendieron fuego a un restaurante y más tarde impidieron su entierro no tenían ninguna conexión con Hamas en particular.

El enfoque de las administraciones Bush y Olmert sobre el recién elegido Hamas es intentar privarle de fondos y presionarle para que colapse — bajo la premisa de que la vuelta de la AP al mandato de Mahmoud Abbás y Fatah atusaría la modestia y las posibilidades de paz.

Aunque Hamas es en la práctica más enérgico, está más unificado, es indiscutiblemente más fanático, y por tanto es probablemente más peligroso aún que Fatah, exagerar la diferencia entre ambos es otro modo de negar la naturaleza básicamente xenófoba y patológica de la Autoridad Palestina y de la sociedad musulmana árabe en general.

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