Hechos explosivos

Escribe Thomas Sowell, economista del Instituto Hoover, que todos los años sobre estas fechas, algunos padres escriben para pedir sugerencias de cosas que sus hijos puedan leer durante el verano, con el fin de contrarrestar la estricta dieta de adoctrinamiento progre-izquierdista que han estado recibiendo en escuelas y centros universitarios.

Este año hay un libro nuevo que está hecho casi a medida para ese propósito. Su título es «Réplicas conservadoras a mentiras progresistas», de Gregory Jackson. En él, todo tipo de devanamiento político y mediático es hecho pedazos por hechos contundentes.

Si usted piensa que la Constitución de los Estados Unidos dicta «la separación de iglesia y estado», que George W. Bush no es tan inteligente como Al Gore o como John Kerry, o que los donantes de grandes cifras de dinero a campañas políticas donan más a los Republicanos que a los Demócratas, este libro proporciona hechos documentados que demuestran lo contrario.

El libro va literalmente de la A a la Z, con veintiséis capítulos que cubren temas desde el aborto a los radicales que, en realidad, son terroristas.

Algunos de los hechos citados son hechos históricos y algunos son estadísticos. Entre los hechos históricos está que no hay absolutamente nada en la Constitución acerca de «la separación de iglesia y estado», a pesar de la frecuencia con la que esa frase ha sido repetida en los medios, en la política, y hasta en los tribunales.

A lo largo de los años, los jueces progresistas han retorcido la formulación de la Primera Enmienda acerca del «libre ejercicio de la religión» para ilustrar lo contrario, que usted no es libre de ejercer su religión si los ateos o los miembros de religiones no-cristianas afirman ser ofendidos.

Cualquiera que sea la mejor política social con respecto a las muestras cristianas o el uso de justificantes en escuelas parroquiales, nada de esto lo prohibe la Constitución. Algunos jueces, no obstante, utilizan la Constitución como cheque en blanco, que les autoriza a prohibir lo que quiera que no les gusta y llamarlo ley constitucional.

El Presidente Bush, como Ronald Reagan antes de él y muchos otros despreciados por los progresistas, ha sido representado repetidamente como un cabezahueca mental incapaz de militar en la misma liga que tipos brillantes como Al Gore o John Kerry.

El hecho es que tanto George W. Bush como John Kerry fueron a Yale, donde Bush obtuvo una media un punto porcentual superior. Bush también quedó por encima de Kerry en los test de inteligencia a los que ambos se sometieron en el ejército. Gore fue a Harvard, donde terminó dos años seguidos entre los cinco últimos de su clase.

Las notas y las calificaciones de test no lo son todo. Pero son algo, y aquellos que están convencidos de que sus tipos son mucho más inteligentes carecen de hechos directos para respaldar esta noción creída amplia y fervientemente.

El hecho desnudo es que es probable que cualquiera que recite el guión progre sea representado como sofisticado, por no decir brillante, y es probable que cualquiera que se oponga a él sea representado como soso, por no decir estúpido, en los medios progresistas.

La gran falacia política de la época en que los Republicanos son el partido de la riqueza, mientras que los Demócratas son el partido de la compasión hacia el trabajador. Esto es algo que se ha asumido y repetido con tanta frecuencia que se ha convertido en «un hecho bien establecido» sin ningún tipo de prueba real.

En las elecciones del 2000, los condados que votaron a Bush tenían un porcentaje de población con ingresos por encima de los 100.000 dólares inferior a los que votaron a Gore. Los condados de Bush también tenían un porcentaje de su población ganando menos de 30.000 dólares al año superior.

En los medios progresistas, ha pasado a ser axiomático que los donantes de muchos ceros dan la mayor parte de sus enormes contribuciones a los Republicanos. Pero los hechos muestran que los diez principales donantes a campañas políticas dan mucho más dinero a los Demócratas, siendo la única excepción la National Association of Realtors, que donó el 50% a los Demócratas y el 49% a los Republicanos.

«Racismo» es el comodín de condena de los Republicanos. Pero el hecho es que toda la era Jim Crow en el Sur estuvo dominada por Demócratas. Un porcentaje de Republicanos mayor que de Demócratas votó a favor de la legislación de derechos civiles.

El gabinete de Bill Clinton estuvo formado de manera aplastante por varones blancos, mientras que el gabinete de Bush ha sido el gabinete más diverso étnicamente de la historia.

¿Pero quién se preocupa de los hechos ya?

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