Las preguntas del PP sobre el 11-M

Enrique de Diego (PD).- Cuando se asaltó Leganés, el ministro era Acebes. Por mucho que se empeñen, no estoy defendiendo la versión oficial, sino criticando «su» versión oficial, mostrando su ignorancia de lo que es Al Qaeda y el integrismo, mostrando que la militancia de delincuentes comunes en ese mundo es un fenómeno habitual y que los islamistas de Leganés se suicidaron.

No tengo ningún interés en desarmar a la sociedad española respecto a los riesgos del terrorismo islamista. Del estudio de las iniciativas parlamentarias del PP se deduce que ese partido está bien lejos de sostener la teoría conspirativa máxima.

Por ejemplo, de la última batería de cien preguntas de la diputada Alicia Castro, 51 se dirigen claramente a solicitar información respecto a los integristas, 43 son preguntas de marcado carácter técnico, que no afectan a la versión, y 6 buscan establecer la conexión entre los islamistas y los etarras. Incluyo en ese apartado dos referidas al contenido de la Renault Kangoo, sobre la eliminación de la palabra Bilbaínas tras Gráficas o sobre la tarjeta del Grupo Mondragón que la versión oficial indica como cinta de la orquesta Mondragón.

CUESTIONES CUESTIONABLES

De esa batería de preguntas, de las 215 anteriores presentadas por Alicia Castro y de las de Jaime Ignacio del Burgo, que tan destacada participación tuvo en la Comisión de Investigación, se deduce que el PP no cuestiona que El Chino adquiriera explosivos a Suárez Trashorras, que los trasladara a Madrid y que los utilizaran en la masacre.

A lo que parece apuntar el Partido Popular es a una colaboración de los integristas con ETA en lo relativo al proveedor de los explosivos y a la aportación de apoyo logístico, en cuanto a la elaboración de las bombas. El PP también preguntas por las sospechas de relación de ETA con Al Qaeda, con entrenamiento de terroristas en Afganistán y la adquisición por ETA de misiles tierra-aire, que habrían sido comprados a los islamistas. En lo relativo a los conocimientos necesarios para montar las bombas, el PP apunta en sus preguntas tanto a ETA como al policía nacional Maussili Kalaji, en base a un informe policial que indica que hubo poco tiempo entre la venta de los teléfonos y su liberación.

Jaime Ignacio del Burgo apunta al conocimiento previo por parte de ETA de la técnica para producir la activación de los explosivos mediante teléfonos móviles. También a las informaciones del confidente Lavandera, muy anteriores a los atentados, de que Suárez Trashorras estaba robando explosivos y los quería vender a ETA.

EJEMPLARES DE EGIN Y GARA

Otros indicios de que los islamistas y los etarras no son como el aceite y el agua, según la muy desafortunada expresión de Jorge Dezcallar (nombrado para el CNI por el PP, aunque quizás por indicación de Zarzuela), es el hallazgo en la celda de Abdelkrim Benesmail, de ejemplares de Egin y Gara, así como una nota con las direcciones de los etarras Henri Parot, Harriet Ingi, Jorge García Certucha y Fernando Iracula Albizu.

Es de sentido común que en las cárceles donde conviven etarras e integristas hablan, porque tienen una mentalidad, en muchos aspectos, común. Consta que El Chino traficaba en el País Vasco y según su lugarteniente afirmaba conocer a etarras, entre ellos a los que fueron detenidos en Cañaveras con la caravana de la muerte. El mismo hecho de que el transporte de los explosivos se produjera en la misma fecha, tanto por parte de ETA como por los islamistas, no sugiere casualidad, como tampoco el que ETA robara un coche para poner explosivos en las cercanías del domicilio de Suárez Trashorras.

La posibilidad de una colaboración estrecha entre ETA y los integristas tomaría fuerza si se pudiera determinar que la banda terrorista suministró parte del explosivo. La teoría conspirativa máxima no se mueve en esa línea sino que la niega. La teoría conspirativa máxima se mueve entre un atentado de encargo, en el que los islamistas habrían cobrado por el atentado y cada asesinato, y un atentado en el que los autores materiales habrían sido etarras, mientras se habría sacrificado a unos delincuentes comunes para utilizarlos como tapadera. Las dos opciones son claramente contradictorias y resulta casi incomprensible que las mismas personas las mantengan. La teoría conspirativa máxima necesita que en Leganés se perpetrara un crimen de Estado como también que todos los encausados en el sumario sean puestos en libertad. Lejos de buscar elementos de contrastación, la teoría deviene en circular, se blinda.

«PRESUNTOS SUICIDAS»

El PP no sostiene la teoría conspirativa máxima, o así se deduce de sus preguntas, aunque, en honor a la verdad, en la última tanda de preguntas de Alicia Castro se introducen algunas palabras que inducen a pensar que tal teoría es conocida por el grupo parlamentario. Así en la pregunta 55 se inquiere si «se ha investigado el lugar donde residían los presuntos suicidas«. Aunque es evidente la intencionalidad del presuntos, no va más allá.

Le resultaría difícil al PP entrar en la teoría conspirativa máxima sin tener en cuenta que tanto la masacre, como las investigaciones, como el asalto a la casa de Leganés se hicieron bajo su Gobierno, con mandos policiales nombrados por el gabinete Aznar y por el ministro Acebes.

Aunque consta que cargos policiales próximos al PSOE filtraban sistemáticamente información a Ferraz sobre inseguridad ciudadana, y mantuvieron informada sistemáticamente a la dirección del PSOE sobre las investigaciones entre el 11 y el 14 de marzo, la posibilidad de que un supuesto grupo policial dejara hacer una masacre, mientras se disponía a poco menos que secuestrar a un grupo de delincuentes musulmanes para asesinarlos como pantalla en Leganés resulta imposible de desarrollarse, en una estructura jerarquizada sin la complicidad de toda la cúpula policial o sin que el equipo de Interior del PP pasara a la historia como el más incompetente del mundo mundial. Al frente del operativo de Leganés estaba Jesús de la Morena, Comisario General de Información, un policía de la plena confianza de Acebes y de amplio prestigio.

LA VOLADURA DEL AVE MADRID-SEVILLA

Tampoco entiendo algunas de las preguntas de Alicia Castro, a la que voy a tratar con condescendencia, del tipo de quien ordenó el asalto en el piso de Leganés, que podría saber con facilidad preguntándoselo al secretario general de su partido que era entonces ministro del Interior. Se supone que Acebes sería consultado sobre el asalto y lo aprobaría, o sería informado de sus pormenores por sus cargos policiales de confianza, que fueron quienes estuvieron en todo momento al frente del operativo.

Por cierto, la teoría conspirativa máxima parece necesitar que los integristas no intentaran volar el AVE Madrid-Sevilla. ¿Por qué? Sencillo. Según la teoría conspirativa máxima, El Chino, El Tunecino y demás criminales fueron pobres inocentes a los que una oscura conspiración –de la que desconocemos todo y ni tan siquiera se apunta una pista- sacrificaron, llevándose por delante, de paso, al Geo, Francisco Javier Torronteras.


ENLACES RELACIONADOS:

El 11-M y las teorías conspirativas

Los inconfesables secretos de los confidentes del 11-M

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído