La Iglesia se niega a abrir la Mezquita de Córdoba al culto islámico


La respuesta, al menos esta vez, es contundente. El obispo de Córdoba le ha dicho «no» al presidente de la Junta Islámica Española, Mansur Escudero, quien hace pocos días envió una carta a Su Santidad el Papa reclamando el uso conjunto de la Mezquita-Catedral de Córdoba.

A la propuesta de Mansur Escudero, quien pretendía abrir al «rezo compartido» de católicos y musulmanes la Catedral de Córdoba y convertir el lugar en un «templo ecuménico», monseñor Juan José Asenjo replica que tal situación «no contribuiría a la convivencia pacífica de los diferentes credos» y «sólo generaría confusión en los fieles dando pie al indiferentismo religioso».

Aunque a lo largo de la mañana del miércoles, la Diócesis cordobesa optó por el silencio (postura que ha conservado en estos últimos días de informaciones respecto al papel de Córdoba en la avanzadilla de los islámicos europeos, a primera hora de la tarde, el obispo agarró por fin el toro por los cuernos.

Y lo hizo en forma de comunicado. La nota son dos folios y medio en los que el prelado desgrana los siete puntos en que apoya su su negativa.

El prelado cordobés, en su día secretario general de la Conferencia Episcopal Española hasta su nombramiento en 2003, recuerda en varias ocasiones el «respeto y aprecio por los musulmanes que viven entre nosotros».

E incluso aboga por «favorecer» también el diálogo interreligioso propiciado por la Santa Sede «desde la identidad neta de cada confesión religiosa», pero matiza que el uso compartido de templo y lugares de culto «no ayudaría a dicho diálogo».

Otros espacios de culto
Es más, Asenjo pone como ejemplos de espacios donde «tal uso compartido puede tener sentido circunstancialmente» un aeropuerto o una villa olímpica, pero siempre, apostilla, como «lugares de oración» y «no en una catedral».

Pero la fundamentación empleada en la nota por el obispo de Córdoba profundiza en razones de peso histórico y hasta jurídico-religioso para oponerse a lo que, a todas luces, viene siendo una reclamación repetida en los últimos años por los «conversos españoles del Islam», como los define el propio Juan José Asenjo.

Por una parte, el prelado recuerda que tanto el Obispado como el Cabildo Catedralicio -órgano eclesiástico que dirige y gobierna el espacio religioso- «tienen títulos jurídicos fehacientes para mantener el uso exclusivo de la Catedral por la Iglesia Católica».
Tan categórica afirmación se apoya también en la vis histórica, por la que se apela a que en entre los siglos IV y VI, y según las excavaciones arqueológicas realizadas en 1930 (parte de las cuales se han recuperado ahora para ser expuestas), ya existía en el emplazamiento de la mezquita omeya una basílica visigótica.

La Reconquista
Ésta rendía honor a San Vicente Mártir, y «muy probablemente» era también una escuela clerical y de servicios de caridad. «La invasión musulmana del año 711 destruyó este complejo», agrega la nota del Obispado, que no pasa por alto la donación de la actual catedral por parte del Rey Fernando III El Santo a la Iglesia tras la reconquista de Córdoba en 1236. Desde ese momento, y en el perímetro del recinto, se han ido construyendo un gran número de capillas devocionales católicas.

Con todo, el argumento de mayor calado en esta línea estriba en la alusión directa de Juan José Asenjo a la jerarquía y el simbolismo litúrgicos:

«Como en todas las catedrales, «está el Señor en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía; este el dato es fundamental y hace inviable celebrar la oración tradicional religiosa en su recinto».

El obispo insiste en que una cosa es el diálogo y otra, muy distinta, la confluencia de en un mismo espacio:

«No contribuiría a la convivencia pacífica de los diferentes credos. Los cristianos cordobeses queremos vivir en paz con los creyentes de otros credos, pero no deseamos estar sometidos a presiones continuas que no contribuyen a la concordia».

«Aceptar la Historia»Es más, en su alegato al peso de la Historia a favor de la tradición cristiana respecto al templo en cuestión, el obispo de Córdoba retoma una afirmación del arzobispo Monseñor Filtzgerald, ex presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, a raíz de una solicitud idéntica de la Junta Islámica:

«Es difícil promover la convivencia entre cristianos y musulmanes remontándose a la historia o queriendo revanchas. Es necesario aceptar la historia y seguir adelante».

La misiva de Mansur Escudero hacía hincapié en que para nada es su propósito «recuperar ningún Al-Ándalus nostálgico», y se desmarcaba de las «trazas patológicas a las que están expuestas todas las religiones», valorando el gesto de Benedicto XVI en la Mezquita Azul de Estambul en su visita a Turquía como un símbolo del «ecumenismo singular» al que ahora apelan para reclamar la apertura al culto del templo cordobés.

Pese a la visita papal, la Mezquita Azul no está abierto al culto católico.

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