Una huelga general con tres muertos paraliza el Líbano

(PD/Agencias).- La soga en el cuello del Gobierno prooccidental libanés de Fuad Siniora sigue apretándose. En una dramática escalada de las protestas iniciadas hace dos meses para derrocar al Ejecutivo, la oposición, liderada por el partido chií Hizbulá y sus aliados cristianos del exgeneral Michel Aoun, logró ayer paralizar el país con una huelga general secundada en bloque por los sindicatos.

Relata Ricardo Mir en El Periódico que sus activistas cortaron con barricadas y vehículos incendiados las principales carreteras del país y los puntos estratégicos de Beirut, afectando al tráfico aéreo y al portuario. El clima de tensión degeneró en enfrentamientos con simpatizantes del Gobierno, los más graves desde que los partidos chiís abandonaran la coalición, el pasado mes de noviembre, después de que se les negara el derecho de veto. Al menos tres personas murieron y 130 resultaron heridas en distintos puntos del país.

EL PRIMER MINISTRO, INDIGNADO
La huelga general ha sobrepasado todos los límites y nos ha hecho recordar los tiempos de la guerra y la lucha por la hegemonía», dijo en un discurso televisado un muy enfadado Siniora.

Los peores encontronazos, resueltos en algunos casos a tiros, se produjeron en la capital y en poblaciones cristianas como Halba y Biblos. En la ciudad portuaria de Trípoli, mayoritariamente suní, hubo dos muertos y casi medio centenar de heridos por disparos de bala, según fuentes policiales.

«Esto no es una revuelta, es un golpe de Estado», afirmó el caudillo cristiano Samir Geagea, recogiendo el sentir de las fuerzas gubernamentales.

El Ejército, desplegado por todo el país, se limitó a disparar al aire y a interponerse entre ambos bandos, consciente de las consecuencias que un enfrentamiento abierto con los seguidores de Hizbulá podrían desencadenar.

Pero la escalada del desorden hizo que Siniora advirtiera después que las fuerzas de seguridad «no transigirán cuando es el interés público y la paz social lo que está en entredicho».

El momento elegido para el cambio de marcha en las movilizaciones de la oposición, que reclama un Gobierno de unidad como antesala de unas elecciones anticipadas, no es fortuito. Se produce a dos días de la conferencia de donantes para el Líbano de París, en la que el primer ministro Siniora espera recaudar una suma muy importante para aliviar la acuciante crisis económica.

Pero quien recibe también tiene que dar. Y en el caso de Siniora, el precio es un paquete drástico de ajustes económicos anunciado hace unas semanas: subida de los carburantes y del IVA, recorte del gasto público y privatización de la electricidad y la telefonía.

APOYO DE EEUU
Estos planes han enfurecido no solo a la oposición sino también a los sindicatos y a las organizaciones sociales, que temen que las nuevas donaciones acaben incrementando la ya insostenible deuda pública, equivalente al 180% del PIB.

Con nuevos enemigos, ya no solo políticos sino también sociales, el futuro pinta muy negro para el Gobierno libanés, por más que EEUU anunciara ayer «una contribución financiera a largo plazo».

«Nuestra campaña aumentará día a día. Hasta que nos escuchen, no descansaremos», dijo ayer uno de los líderes cristianos aliados de Hizbulá, Suleiman Frangieh. De momento, Siniora aplazó ayer su viaje a la capital francesa.

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