
(PD/Agencias).- La embajada de Estados Unidos en Bagdad ha decidido suspender cualquier movimiento de diplomáticos fuera de la «Zona Verde» de la capital iraquí, después de que el Gobierno del país retirara la licencia a la firma de seguridad privada estadounidense Blackwater USA, que tiene un contrato para proteger todos los empleados del Departamento de Estado norteamericano.
El Ejecutivo iraquí ordenó el pasado lunes la salida de los agentes de Blackwater USA, después de que ocho civiles iraquíes fallecieran el día anterior en el tiroteo que siguió a la explosión de una bomba dirigida contra un convoy del Departamento de Estado norteamericano. El Gobierno ha anunciado que revisará las licencias de todas las firmas de seguridad que trabajan actualmente en el país.
«Esta suspensión [de los desplazamientos] entra en efecto para evaluar la seguridad y procedimientos de la misión, así como del posible aumento de amenaza para el personal que viaja con destacamentos de seguridad fuera de la Zona Internacional», ha informado la embajada en un comunicado.
El ministerio de Interior
La suspensión de los movimientos podría entorpecer bastante las acciones de los diplomáticos estadounidenses. La mayoría de las instituciones iraquíes se encuentra dentro de la Zona Verde, el área protegida por el Ejército de Estados Unidos situada en el centro de Bagdad, aunque al menos un ministerio, el de Interior, se encuentra fuera de este cinturón, según cuenta la cadena británica BBC.
El portavoz del Ministerio de Interior iraquí, Abdul Karim Jalaf, ha explicado entonces que ocho civiles murieron y otros 13 resultaron heridos, después de que contratistas -que presuntamente trabajaban para Blackwater USA- abrieran fuego contra ellos en el barrio de mayoría suní de Mansur.
«Hemos cancelado la licencia de Blackwater y les hemos prohibido que trabajen en todo el territorio iraquí», explicó el portavoz, al tiempo que señaló que «trasferirán a aquellos implicados (en los asesinatos de civiles) a las autoridades judiciales iraquíes».
Sin embargo, la firma de seguridad privada se defendió alegando que sus empleados actuaron de forma «heroica» y simplemente se defendieron cuando el convoy que protegían fue atacado. Los agentes actuaron «legal y apropiadamente en respuesta a un ataque hostil en Bagdad», señaló la compañía en un comunicado.

NO HAY «FIESTA» PARA LOS LATINOS
Son el “tercer escalón” de la seguridad, detrás de las tropas de Estados Unidos y las locales. Los guardias latinoamericanos son buscados por las agencias… por baratos. Mucho trabajo, poca diversión y a veces estafas.
Sin mujer, cerveza ni fiestas”, así es la vida en IraQ, se lamenta un ex militar peruano ahora convertido en mercenario, resumiendo el sentir de sus más de mil colegas, entre compatriotas y chilenos, que prestan sus servicios en la Zona Verde de Bagdad, el sector ultraprotegido de la capital iraquí.
Los mercenarios sudamericanos son el “tercer nivel”, tras los soldados iraquíes y los militares georgianos de la coalición internacional, que se ocupan de salvaguardar las instituciones iraquíes y las embajadas estadounidense y británica de los continuos y mortíferos atentados que sufre el resto de Bagdad.
Empleados por la Triple Canopy, van vestidos con los uniformes de esta empresa privada estadounidense de seguridad en los que no falta una insignia con el lema de la compañía: “Evaluar, prevenir, conseguir”.
Tienen prohibido hacer declaraciones, al igual que sus colegas estadounidenses, por orden expresa de la dirección norteamericana, por lo que se escudan bajo el anonimato para hablar.
Los peruanos, en concreto, reemplazaron hace casi un año a otros mercenarios, los célebres ‘gurkhas’ nepaleses que ayudaron al ejército británico por una poderosa razón: dinero.
Un mercenario proveniente de un ejército con prestigio –ya sea el estadounidense, el británico, el francés o el sudafricano– llega a ganar entre 8.000 y 16.000 dólares al mes en Irak, según un responsable de una empresa privada de seguridad.
Los ‘gurkhas’ cobraban unos 3.000 dólares mensuales y los peruanos mucho menos. Uno de ellos afirma que 1.000 dólares por mes, mientras que otro dice que son “40 dólares diarios”.
“En todo caso es dinero. Por eso estamos ahí, eso es seguro”, reconoce sin rodeos el ex militar peruano al confesar, pese a que es “un secreto” que no fue contratado directamente por Triple Canopy, sino por un emisario de la empresa. Otras compañías privadas de seguridad dan trabajo a colombianos, mexicanos o panameños.
“Los colombianos tienen una buena formación y experiencia y son menos caros”, explica un especialista del sector. Ex soldados, de entre 25 y 40 años, los mercenarios sudamericanos proceden en su mayor parte de zonas rurales pobres.
LOS DUROS COLOMBIANOS
El gobierno colombiano investiga denuncias de 35 ex militares y ex policías colombianos contratados para labores de seguridad, pero que no pueden enviar dinero a sus familias ni pueden regresar al país “porque nos hicieron conejo (estafa) y no nos pagan…”
Otros latinoamericanos también habrían sido afectados por esta estafa masiva. El contrato fue realizado con la empresa colombiana ID Systems, repre- sentante de la firma norteamericana Blackwater, una de las mayores contratistas de seguridad privada en el mundo.
Al parecer, los mercenarios colombianos iban a reemplazar a un grupo de rumanos que habían terminado su contrato. “Cuando estábamos haciendo el empalme con los rumanos nos preguntaron que por cuánto nos habían contratado y les dijimos que por 1.000 dólares”. La reacción de los rumanos fue de burla.
“Nadie cuerdo en el mundo se viene a Bagdad por sólo 1.000 dólares”, dijeron con ironía.
Asimismo, explicaron que aceptaron la misión, seducidos por la oferta de ganar 6.000 ó 7.000 dólares mensuales, pero más tarde la cifra se redujo a 4.000 dólares y finalmente les dijeron que el sueldo era de 2.700 dólares al mes, que no pudieron rechazar porque ya habían renunciado a sus trabajos.
Sin embargo, aseguraron que estando ya en Irak les advirtieron que el salario era de sólo 1.000 dólares mensuales y les retuvieron los pasajes de regreso .
Algunos incluso no hablan inglés. Pedro, un ex sargento colombiano, relató que “esto se convirtió en una cárcel. Comenzamos con turnos de ocho horas de trabajo y ahora estamos en 12 horas y en los tiempos que estamos de descanso se inventan planes de reacción. Muchas personas caen en esta trampa, vienen por un sueldo y es otro”.
“Aquí (Bagdad) hay gente que se ha jodido. Yo tuve un accidente y no me atendieron, escasamente me dieron jugo. No hubo atención médica ni nada”, dijo mientras tanto Juan Esteban, otro ex sargento, a tiempo que Carlos, un ex cabo, anotó resignado: “La gente se siente amedrentada y prefiere agachar la cabeza y aguantar…”
Parapetados por bloques de cemento, los peruanos no parecen estar muy expuestos al peligro.En su mayoría nunca han salido de la Zona Verde y sienten curiosidad por saber “cómo es la zona roja”, es decir, el resto de Irak. Su primer ‘enemigo’ es el calor. “Es duro, hace mucho más calor que en Perú”, dice uno de los parapetados con la cara llena de sudor, mientras hace guardia a pleno sol.
Cuando se para un vehículo a la entrada de un edificio oficial, al sudoroso mercenario le toca trabajar, comprobando los documentos de identidad de todos los pasajeros, mientras detrás se detiene un segundo auto. “Tenemos que ir rápido. Nuestros jefes no quieren que se formen colas”, explica.
El segundo ‘enemigo’ es el aburrimiento. “No hay nada que hacer. Trabajamos, volvemos al campamento y ya está”, se lamenta otro compañero.
“Vemos la televisión pero nos gustaría poder salir un poco por las noches”, confiesa otro al recordar la gran distracción del último mes: el Mundial de fútbol de Alemania.
“¿Es francés? ¿Qué pasó con Zidane? ¿Materazzi insultó a su hermana? ¿Eso es todo?”, se sorprende un último mercenario peruano en referencia a la expulsión del futbolista francés durante la final ganada por Italia. “Qué pena. ¡Qué jugador! Pero, aquí, entre nosotros, la cagó y la cagó feo”, sentencia.