Un “proceso de paz» patético en Palestina

Un “proceso de paz" patético en Palestina

(PD).-En 1993, la Organización para la Liberación de Palestina se transformaba en la Autoridad Palestina. La AP asumiría las responsabilidades de gobierno del pueblo palestino, el primer paso hacia el estado. El sueño de ingresar en la familia de naciones era tangible.

¿Qué salió mal? En la puesta en práctica, Yaser Arafat continuó fomentando el mensaje victimista del estatus quo de opresión de los palestinos como resultado directo de la ocupación israelí y la indiferencia occidental (norteamericana principalmente), por no decir consentimiento — a pesar del hecho de que era la Autoridad Palestina la que tenía la responsabilidad de los asuntos civiles y de la seguridad en la Franja de Gaza y zonas de Cisjordania.

El mensaje de Arafat: no asumir ninguna responsabilidad, y culpar de todo a los demás. En lugar de centrarse en establecer una entidad política y económica viable, la corrupción fue la norma. No se construyó nada. Fue una diestra pérdida de una oportunidad.

¿Hizo siempre Israel lo adecuado por los palestinos? Categóricamente no dicen Asaf Romirowsky y Amos N. Guiora. Errores significativos eran cometidos por los sucesivos gobiernos. Pero en cumplimiento con Oslo, ellos sí iniciaron una campaña para preparar los israelíes para la realidad de la paz, algo que nunca vimos en la sociedad de los palestinos.

Vayamos tres años después de la muerte de Arafat, con Estados Unidos intentando ahora arbitrar una resolución en un paisaje muy triste.

El sucesor de Arafat, Mahmoud Abbás, nunca ha logrado escapar de la sombra de Arafat. Abbás no es percibido sino como una reliquia de la vieja guardia. No es ninguna sorpresa que Hamas saliera victorioso en las legislativas de 2006. La corrupción institucionalizada de la Autoridad Palestina proporcionó a Hamas la fórmula de la victoria.

Se expulsó al partido de la corrupción, y se eligió al partido de la «integridad y la honestidad». El resultado es una entidad bicéfala ineficaz: Abbás, débil e incapaz, es el rais de la Autoridad Palestina; Ismail Haniyeh, primer ministro de Hamas, es el secretario general de un partido que hace frente a la Autoridad Palestina en una guerra civil y llama a la destrucción de Israel.

Si Abbás hubiera estado genuinamente preocupado por el pueblo palestino, estaría reformando la Autoridad Palestina, trabajando con Estados Unidos, Europa, los regímenes árabes e Israel para proporcionar mejores programas sociales que comieran terreno a Hamas.

Pero para ser un verdadero reformista, cualquier líder palestino tiene que aceptar a Israel como estado judío. El pueblo palestino tiene que entender esto. Si Abbás es capaz de hacerlo o no, es una cuestión en el aire. Seguir jugando la baza de la víctima es mucho más fácil que coger el toro por los cuernos.

Para tener una verdadera solución de dos estados, los palestinos tienen que asumir sus responsabilidades.

Lo cual nos lleva a Hamas. Al volar por los aires la frontera entre Gaza y Egipto, permitiendo a los habitantes de Gaza comprar comida y otros productos básicos en Egipto, Hamas lograba avergonzar a tres regímenes diferentes.

El episodio fue una soberbia maniobra política y mediática que permitió a Hamas reír el último. Israel era retratado como «el carcelero» que controla Gaza (al mismo tiempo que los israelíes son objetivo de ataques diarios con misiles por parte de Hamas), la Autoridad Palestina era percibida como un gobierno incapaz de alimentar a su pueblo, y el Presidente egipcio Mubarak tenía las de perder a la hora de responder a los cientos de miles de habitantes de Gaza que inundaban Egipto, y después a la hora de cerrar la frontera.

¿Dónde deja esto al proceso de paz palestino-israelí? Mientras Hamas lleve las riendas tanto en Gaza como a lo largo de la frontera Gaza-Egipto, la amenaza para Israel seguirá escalando. El peligro de armamento introducido en Gaza de contrabando desde Egipto es real y extraordinario motivo de preocupación para los legisladores israelíes.

Abbás ha estado hablando con los israelíes, pero su debilidad permite que Hamas sea percibido una vez más como el triunfador. Después de todo, es Hamas el que ha tratado con eficacia la necesidad de cohesión y de comida.

Pero el asunto más importante es estratégico, no táctico. ¿A dónde nos conduce todo esto? No se trata de quién «ganó la partida», sino de «quién lleva las de ganar». La respuesta nos dirá quién está realmente al mando.

Parece que lo que la mayor parte de los palestinos puede esperar seguro de su directiva (sea Fatah o Hamas) es la continuación del sistema estrepitosamente fallido de Arafat. Otro líder más demasiado vacilante — o no lo bastante valiente — para tomar un camino distinto, para liderar de verdad.

¿Va a institucionalizarse la victimología? ¿El estilo corrupto va a ser la herencia eterna de la Autoridad Palestina? ¿Seguirán guiando las tácticas a corto plazo a la Autoridad Palestina y a Hamas, por no mencionar el constante bombardeo de las ciudades israelíes?

¿Quién manda? Quién sabe…

El Dr. Asaf Romirowsky es docente del Instituto de Estudios Mediterráneos del Kings College de Londres y fue enlace diplomático destacado en Jordania. Es titular del Middle East Forum.

El profesor Amos N. Guiora ocupa la cátedra S.J. Quinney de la Facultad de Derecho de la Universidad de Utah.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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