El odio de la élite europea a Silvio Berlusconi

El odio de la élite europea a Silvio Berlusconi

(Amir Taheri / PD).-¿Está evitando una interpretación adecuada de la victoria de esta semana en las generales italianas el odio de la élite europea a Silvio Berlusconi? La pregunta no es gratuita. Gran parte de los medios de Europa Occidental, Gran Bretaña y Estados Unidos informaban de la elección como si fuera algo desastroso que acabara de suceder en Roma.

Se habla de «el magnate de los medios» que acaba de «arrancar una victoria electoral» en lugar de ir a prisión por crímenes sin especificar. La frase utilizada con mayor frecuencia por los analistas es cruda: ¡la democracia italiana está en crisis!

La realidad, sin embargo, es muy distinta. Para empezar, más del 80% de los italianos registrados para votar lo hacía el 13 de abril, un récord en unas elecciones parlamentarias en cualquiera de las democracias maduras. Aquí no hay ninguna señal de crisis.

La campaña electoral fue en sí misma la más rigurosamente librada en Italia desde su liberación del gobierno Fascista en 1944. Berlusconi, retratado a menudo por los medios como una especie de payaso, por no decir prestidigitador, defendió un sistema capitalista basado en el mercado y un sistema democrático en términos simples pero contundentes.

Su rival, el ex alcalde de Roma Walter Veltroni, líder del nuevo Partido Democrático, lograba realizar aceptablemente la defensa de un sistema socialdemócrata, con el estado jugando el papel central en calidad de distribuidor de la riqueza y del bienestar social.

Berlusconi habló de disciplina, valores familiares, trabajo duro y generosidad individual. Veltroni llevó la contraria con sus discursos de solidaridad, distribución y compasión colectivas.

En política exterior, Berlusconi defendió una estrategia de paz basada en la fuerza con un mensaje duro contra «todos los enemigos de la democracia en todo el mundo». Veltroni ofreció una política de “diálogo y acomodo”.

El mensaje de Berlusconi fue desenfadadamente pro-americano, prometiendo reforzar las relaciones transatlánticas, especialmente en el contexto de la Guerra contra el Terror global.

Veltroni invitó a mayor solidaridad europea y realizó la mayor parte del ruido antiamericano de costumbre. Por primera vez en décadas, los electores italianos han tenido una elección clara — y les gustó.

El bloque de Berlusconi de Coalición por la Libertad obtuvo el 47% de los votos, la cifra más elevada de la historia para una coalición italiana – 340 escaños en la Asamblea Nacional. El Partido Democrático de Veltroni obtuvo el 38% de los votos y 239 escaños. Por tanto, Berlusconi obtiene al final del recuento una mayoría parlamentaria de 101 escaños, un récord italiano. (En comparación, la coalición saliente del Primer Ministro Romano Prodi tenía una mayoría de 1 escaño).

Los partidos extremistas tanto a derecha como a izquierda casi se evaporaron. Los comunistas, una de las dos formaciones más grandes en Italia durante más de medio siglo – junto a sus aliados de la extrema izquierda – apenas obtuvo el 3% de los votos y ningún escaño.

La extrema derecha, con Alejandra Mussolini (nieta del dictador fascista) como bandera, obtuvo resultados aún peores, recibiendo el 2% de los votos. Italia también se convertirá en la primera nación europea de las importantes en carecer de verdes en su nuevo parlamento.

Llegando poco después de la victoria de la derecha francesa tanto en las presidenciales como en las parlamentarias el año pasado, el espectacular retorno de la derecha italiana podría formar parte de una tendencia a nivel europeo.

Bajo el Presidente Nicolas Sarkozy, Francia ha decidido volver a ingresar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte en calidad de miembro de pleno derecho. Sarkozy también ha cancelado el plan de su predecesor Jacques Chirac de retirar las tropas francesas de Afganistán (en la práctica acaba de acceder a enviar 800 efectivos extra a Afganistán).

Unidos por una amistad que se remonta a los años 80, Sarkozy y Berlusconi están decididos a reforzar la alianza atlántica bajo la iniciativa norteamericana, un objetivo compartido también por la Canciller alemana Angela Merkel, con bastante menos pasión, no obstante. ¿Se mueve Italia hacia un sistema bipartidista del tipo establecido en Gran Bretaña y América desde el siglo XIX?

Es demasiado pronto para decirlo. Las elecciones de esta semana, sin embargo, dejan claro que solamente cinco de las 38 formaciones que aún se presentan a las elecciones en Italia tienen una base electoral cercana al umbral del 4% fijado por el sistema de representación proporcional.

Italia necesita un gobierno estable capaz de tomar decisiones difíciles. El nuevo gobierno tiene que plantar cara a la mafia, que ha vuelto más fuerte que nunca, contener las tendencias secesionistas del norte y meter en cintura la serpenteante deuda pública de la nación. Lejos de estar en crisis, Italia tiene su primera oportunidad de constituir un gobierno estable respaldado por una mayoría firme y vigilado por una oposición robusta.

Por todo eso, Berlusconi, que va a constituir su tercer gobierno y el 62 en la historia de posguerra de Italia, puede fracasar a la hora de hacer buen uso de la oportunidad sin precedentes que se le ha concedido. Si lo hace, será culpa suya, no culpa de los electores italianos que han desafiado a tertulianos y profetas y han restaurado en el poder a su movimiento de centro-derecha en cuanto han podido tras su derrota hace apenas dos años.

© 2008, Creators Syndicate

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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