El «cerebro» del 11-S: «Quiero que me condenen a muerte y ser un mártir»

(PD).- El paquistaní Jalid Sheij Mohamed, «cerebro» de los atentados del 11-S, quiere ser condenado a muerte y convertirse en «mártir». Y puede que los estadounidenses le den gusto.

Mohamed ha hecho esta declaración durante el juicio que ha dado comienzo en Guantánamo contra él y otros cuatro supuestos colaboradores.

Casi siete años después de los ataques que destruyeron las Torres Gemelas y parte del Pentágono, los cinco acusados se sientan por primera vez ante un juez, en lo que constituye una audiencia preliminar, en la base naval estadounidense.

Preguntado por el coronel de los Marines Thomas Kohlmann —que hace las veces de juez militar— si aceptaba la asistencia de los abogados de oficio, Mohamed se ha levantado y ha comenzado a recitar versos del Corán, y ha interrumpido su cántico para proclamar en inglés «Alá me basta» y «Mi escudo es Alá, el Altísimo».

«No voy a aceptar un abogado, quiero procurarme mi propia defensa», ha afirmado.

Cuando el juez le ha recordado que corría el riesgo de ser condenado a la pena de muerte, el procesado le ha respondido:

«Eso es lo que quiero, hace mucho tiempo que quiero ser mártir».

«El tribunal acepta esa decisión hoy», dijo Kohlmann, quien le advirtió de que los abogados «no hablarán por usted en estos procedimientos», lo que Mohamed aceptó.

El juez dijo que su abogado militar lo seguirá asesorando, pero dijo que estudiará si sus letrados civiles podrán seguir en el caso o no, dado que ya no le representarán.

Denuncia haber declarado bajo torturas

Mohamed se quejó del testimonio arrancado por sus captores durante su internamiento previo al juicio: «Todo lo que hablamos es bajo tortura» (…). «Esto es la inquisición, no un juicio», afirmó.

La CIA ha reconocido haber utilizado la técnica de interrogamiento conocida como ‘waterboarding’, o simulación de asfixia, una forma de tortura condenada por el Derecho Internacional y denunciada por numerosas organizaciones de defensa de los derechos humanos, como Amnistía Internacional.

Mohamed pidió también poder hablar con los otros cuatro miembros de Al Qaeda junto a los cuales está siendo procesado, pero Kohlmann dijo que no permitirá «una defensa conjunta».

Tanto Mohamed como Walid bin Attash, Ramzi Binalshibh, Ali Abdul Aziz Ali y Mustafa al Hawsawi comparecen entre acusaciones cruzadas sobre presiones políticas y las protestas de la comunidad internacional sobre el limbo jurídico que supone la base. La fiscalía pide la pena de muerte para todos ellos.

Los cinco sospechosos fueron transferidos a la base militar de Guantánamo en septiembre de 2006, tras haber permanecido detenidos alrededor de tres años en cárceles secretas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Mohamed confesó en 2007 ser el artífice de la acción terrorista, que provocó la muerte de casi 3.000 personas, y se atribuyó también la decapitación del periodista Daniel Pearl.

Binalshibh estaba presuntamente destinado a ser uno de los secuestradores, pero no logró un visado para entrar en EEUU, y se convirtió en intermediario entre este grupo y el líder. Por su parte, Ali y Al Hawsawi están acusados de enviar dinero a los secuestradores, mientras que de Bin Attash se cree que entrenó a algunos de ellos.

El supuesto cabecilla del grupo se presentó ante un juez militar ataviado con una túnica y un gorro de color blanco, la ropa que, según el Ejército, es habitual en los prisioneros. A diferencia de las fotos distribuidas cuando fue capturado en 2003 en Pakistán, Mohamed tiene ahora una barba larga y canosa.

Declaraciones ‘mudas’

«Cualquier declaración de los acusados se presume que será secreta», dijo el juez Ralph Kohlmann, coronel de los ‘marines’, al inicio de la vista. Eso significa que el sonido será eliminado para que la prensa reunida en Guantánamo no escuche información que puede «perjudicar la seguridad nacional» de EEUU.

El tribunal antiterrorista, levantado en una antigua pista de aterrizaje, está dotado de un sistema que permite suprimir con un botón el audio en el área de observación, donde están los periodistas y algunos miembros de ONG. El sonido es transmitido con 20 segundos de retraso para que un oficial revise el contenido y pueda recomendar al juez censurarlo.

Tras esta audiencia, el juicio en sí comenzará el 15 de septiembre, cuatro días después del séptimo aniversario de los atentados y a menos de dos meses de las elecciones presidenciales.

«No me gusta matar gente. Siento mucha pena por los niños del 11-S. Pero éste es el lenguaje de la guerra»

Jalid Sheij Mohamed, que dijo ser “responsable de la operación del 11-S de la A a la Z”, ha admitido también: “Yo decapité con mi sagrada mano derecha la cabeza del judío norteamericano Daniel Pearl”.

El Pentágono hizo público en su día el testimonio de este supuesto terrorista durante una vista en la base militar de Guantánamo, pero se reservó esta parte para poder comunicárselo personalmente antes a la familia de periodista asesinado.

La comparecencia de Jalid Sheij Mohamed, de 41 años, tenía como fin determinar su estatus como “combatiente enemigo”. De resultar probado, quedaría detenido de manera indefinida con vistas a ser procesado ante un tribunal militar. El Ejército de EE UU comenzó a realizar estas vistas el pasado viernes para aclarar el futuro de los 14 presuntos terroristas trasladados el año pasado desde prisiones clandestinas de los servicios secretos en el extranjero a Guantánamo. Las declaraciones son a puerta cerrada y ante una especie de tribunal presidido por tres militares, sin las garantías procesales habituales en un juicio; es el Pentágono el que decide qué parte de las transcripciones del proceso comunica a la prensa y qué parte no.

Además de estos dos crímenes, el preso se hizo responsable de planificar, financiar y entrenar a miembros de Al Qaeda en ataques como los atentados de 1993 contra las Torres Gemelas de Nueva York, del atentado en una discoteca en Bali (Indonesia) en 2002; y del intento de hacer explotar un avión en vuelo por parte de Richard Reid, quien portaba una bomba en los zapatos. Y así hasta 28 ataques o planes terroristas (como matar a ex presidentes norteamericanos, por ejemplo).

“Para aquellos que quieran confirmarlo, éstas son fotos de mí mismo sacadas de Internet en las que sostengo su cabeza”, ha añadido Jalid Sheij Mohamed en su confesión. Pearl trabajaba como corresponsal del diario norteamericano Wall Street Journal cuando fue secuestrado y asesinado en Pakistán en 2002. Jalid Sheij Mohamed fue considerado siempre como el principal sospechoso de este crimen. Sin embargo, en su declaración afirma que este asesinato no formó parte de las operaciones de la red terrorista Al Qaeda.

Jalid Sheij Mohamed afirma en su declaración ser “el director de operaciones de Osama Bin Laden para organizar, planear y ejecutar las operación del 11-M”; el “comandante de operaciones militares [de Al Qaeda] para todas las operaciones en países extranjeros de todo el mundo”; el encargado de la célula dedicada a la producción de armas biológicas (ántrax incluido); y el urdidor de un atentado con bomba radioactiva en suelo norteamericano y de otros ataques (contra la torre Sears de Chicago o el Empire State Building, contra el Canal de Panamá, contra los puentes en suspensión y la Bolsa de Nueva York, contra el aeropuerto londinense de Heathrow, contra el cuartel de la OTAN en Europa).

Dice Jalid Sheij Mohamed:

“No lo digo para hacerme el héroe. Soy un militar. Sabéis perfectamente cuál es el lenguaje de cualquier guerra. Si Estados Unidos quiere invadir Irak no envía flores o rosas a Sadam, manda bombardeos. […] Cuando hacemos la guerra contra Estados Unidos, somos chacales luchando por la noche. […] Creemos que hacemos lo mismo que George Washington. Igual que a él se le considera un héroe, muchos musulmanes consideran a Osama Bin Laden un héroe. […] Así que cuando decimos que somos combatientes enemigos, lo somos. Pero os pido que seais justos con los detenidos que no lo son; muchos de los que están aquí han sido arrestados injustamente. Muchos, no sólo dos o tres. […] El lenguaje de la guerra es matar. […] En una guerra siempre hay víctimas. No me alegra que 3.000 personas murieran en Estados Unidos. Incluso me apena. No me gusta matar niños o chavales. El islam no es así, no da luz verde para matar, prohíbe matar como el cristianismo o el judaísmo. […] Si ahora estuviéramos en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos y George Washington fuera arrestado por los británicos, le consideraríais un héroe, pero los británicos pensarían que es un combatiente enemigo. […] No me gusta matar gente. Siento mucha pena por los niños del 11-S. ¿Pero qué puedo hacer? Éste es el lenguaje de la guerra”.

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