Es hora de recuperar la Inteligencia norteamericana

Es hora de recuperar la Inteligencia norteamericana

(David Ignatius).-Si los círculos de la Inteligencia norteamericana fueran una empresa, sería obvio que hay algo que no funciona: se encuentra en mitad de una reorganización chapucera que da por buena la fusión AOL-Time Warner; su filial más famosa, «CIA,» ha quedado gravemente manchada; y ha perdido la confianza de sus tres accionistas – la rama ejecutiva, el Congreso y la opinión pública norteamericana. Esta situación en caída libre del mercado de la Inteligencia no ayuda a una nación que está librando dos guerras importantes.

De manera que, ¿qué debería hacer el próximo presidente para reparar los círculos de la Inteligencia norteamericana? Un grupo de integrantes antiguos y actuales del mundo del espionaje, acompañado de algunos periodistas y académicos, se reunía aquí la semana pasada para debatir esta irresoluble paradoja oculta. La conferencia, patrocinada por el Centro Philip Merril de Estudios Estratégicos de Washington, no llegó a conclusiones definitivas. Pero me convenció de que este asunto debería encontrarse a la cabeza de la lista de desafíos a la seguridad nacional del próximo presidente.

Los problemas del mundo del espionaje son como uno de esos misterios con asesinato en los que resulta que todo el mundo estaba involucrado en el crimen. A lo largo de los años, la derecha llegó a desconfiar de la CIA casi tanto como sus enemigos tradicionales de la izquierda. Algunas de las heridas de la CIA fueron autoinfligidas – especialmente su desastroso error de juicio con las armas iraquíes de destrucción masiva. La Comisión bipartidista del 11 de Septiembre empeoró las cosas al sacar adelante en 2004 un imprudente plan de reorganización que dio lugar al Director de Inteligencia Nacional en lugar del Director de Inteligencia Central, pero con muchos de los problemas antiguos.

La reorganización añadió más entidades a una comunidad que ya acusaba un enorme tamaño. No sirvió para solucionar la debilidad real del sistema antiguo, que consistía en que el Director de Inteligencia Central no tenía ningún control sobre el desparramado archipiélago de la Inteligencia del Pentágono.

Esta reorganización desordenada e indigesta se convertirá en el problema de Barack Obama o John McCain el día después de ser nominados. Entonces es cuando los candidatos presidenciales empiezan a recibir informes de Inteligencia. Los candidatos verán el poder de la información de Inteligencia, pero también deberían comprender cómo ha decaído la CIA como brazo eficaz (y secreto) del comandante en jefe.

Cada asistente a la conferencia pudo compilar una lista diferente de “reparaciones”, pero he aquí algunas propuestas que yo extraje del debate:

— La reorganización debe ser racionalizada. Una persona debe encabezar a toda la comunidad, y esa persona debería tener también probablemente poder de supervisión sobre el servicio clandestino de la CIA. Si esa persona se llama Director de Inteligencia Nacional o Director de Inteligencia Central es irrelevante. Un modelo de lo que debería hacer el espía jefe es la reunión de las 5 de la tarde que convocaba todas las tardes George Tenet cuando era Director de Inteligencia Central; reunía a representantes de todas las agencias de Inteligencia y durante 90 minutos les interrogaba exhaustivamente en materia de lo que estaban haciendo para detener a los enemigos de la nación. A la mañana siguiente podía informar al presidente, conociendo todos los hechos.

— La CIA debería dejar de intentar ser todo para todos los legisladores, y en su lugar concentrarse en los objetivos significativos que más importan. Como comentaba un ex-agente secreto veterano, esto exigiría un nuevo convenio con la rama ejecutiva y el Congreso, de manera que los legisladores dejasen de utilizar el valioso activo de la Inteligencia para tareas en las que no pinta nada. Art Brown, un supervisor de agentes de la CIA con mucha experiencia en Asia, comentaba que cuando abandonó por fin el servicio del espionaje en activo, se dio cuenta de que “el 99 por ciento de lo que estábamos recopilando a ultramar, no lo leía nadie.” Hay que dejar de hacer eso.

En ocasiones menos es más, y yo preferiría un grupo más reducido de analistas de élite bajo el Director de Inteligencia Nacional o el Director de Inteligencia Central, o como quiera que se llame el espía jefe.

— Washington debe aprender de lo que está funcionando en Irak y Afganistán. “Sobre el terreno, se puede ver una comunidad de Inteligencia. Los chicos operan juntos – analistas y recolectores de información, militares y civiles,” decía un antiguo alto funcionario de Inteligencia Nacional. David Kilcullen, un australiano que es asesor de contrainsurgencia de la Secretario de Estado Condoleezza Rice, explicaba cómo los soldados y espías que comprenden las culturas tribales están espantando a al-Qaeda.

Pero ninguna de estas reformas funcionará a menos que Congreso y Casa Blanca dejen de tratar los círculos de la Inteligencia como un balón político de fútbol. “La supervisión por parte del Congreso se ha convertido en un juicio de compensaciones,” lamentaba un antiguo alto funcionario de la CIA.

Este es el momento de reconstruir. Como observaba John McLaughlin, un antiguo director en funciones de la CIA, éste debería ser un momento de renacimiento, como aquel durante el cual fue creada la CIA a finales de los años 40: “Este es un mundo peligroso que no comprendemos por completo, y necesitamos las herramientas de la Inteligencia. Está a punto de pasarse página.”

© 2008, The Washington Post Writers Group

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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