No pienses en un elefante

(Pedro Fernández Barbadillo/GEES).- No pienses en un elefante nos habla de un país que los derechistas españoles no hemos conocido más que en las películas de John Wayne y Charlton Heston: un país en el que nuestras ideas son mayoritarias y los progres no saben dónde tienen la mano izquierda.

Lakoff, lingüista y activista político progresista, ha publicado un libro (es una recopilación de artículos) para explicarles a sus camaradas por qué pierden elección tras elección y debate tras debate. Estamos ante un análisis inteligente y agudo, que merece leerse con atención, pese a que algunas de las teorías de Lakoff nos parezcan elucubraciones de académico, como los modelos del padre estricto y del padre protector para definir a los conservadores y a los liberales (el traductor, que explica en una nota la diferencia de significado de los billones en Estados Unidos y en España, en cambio no explica la ambivalencia de liberal).

Además, Lakoff fue uno de los componentes del Comité Asesor de Intelectuales Progresistas montado por el PSOE[1] meses antes de las elecciones de marzo pasado.

Como buen progresista, Lakoff cree que él y sus conmilitones no sólo tienen razón siempre, sino que, además, gozan de superioridad moral y del monopolio de la democracia: “He cubierto con el Presidente Zapatero todas las posibles formas en que el PP le atacará, desde sus negociaciones con ETA, a la economía, a las autonomías regionales y los derechos civiles.

Pero entonces le dije «mire, esta campaña es sobre una cosa: ¿quieren los españoles continuar construyendo una democracia progresista y moderna, o prefieren volver a la clase de régimen autoritario (sic) que quiere el PP?» La verdad no es suficiente, hay que presentarla de forma que la gente la entienda”[2].

En No pienses en un elefante hay más de lo mismo: los republicanos y los conservadores son despiadados, marrulleros, conspiradores, insensibles, prepotentes… Pero al menos existe un esfuerzo, impensable en España, por acercarse al modo de pensar del adversario, aunque, es cierto, movido por la necesidad.

Según explica Lakoff, la derecha decidió organizarse en los años sesenta. Un grupo de conservadores llegó a la conclusión de que tenían que “crear institutos dentro y fuera de las universidades. (…) que investigar, que escribir libros, que dotar cátedras para enseñar a estas personas a pensar en la dirección correcta” (pág. 37).

Entre estos apóstoles, el autor menciona a William F. Buckley[3], recientemente fallecido, porque él y otros conservadores “empezaron a preguntarse qué tenían en común los grupos conservadores y si podían consensuar sus desacuerdos para promover una causa conservadora general” (pág. 37)[4].

Pero, ¿cómo ha conseguido la derecha y su brazo político, el Partido Republicano, triunfar? Para un progre como Lakoff, los republicanos son siervos del capital, imperialistas, belicosos, antipáticos y enemigos del pueblo. Quieren dominar el mundo y sus riquezas, prohibir el aborto y suprimir la seguridad social. ¿Cómo semejantes monstruos persuaden a los obreros, los sindicalistas, las mujeres y los veteranos de guerra de que voten a sus candidatos? Mediante el dominio del lenguaje y la creación de marcos. “Entienden cómo piensa y cómo habla la gente”. ¿Y qué son los marcos? “Son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. (…) El cambio de marco es cambio social” (pág. 17).

La consecuencia del plan diseñado durante la agitada década de los años 60 es que hoy el discurso público en Estados Unidos lo marcan los conservadores. El autor analiza varias expresiones como alivio fiscal para camuflar un recorte de impuestos que beneficia sólo a los ricos; aborto por nacimiento parcial para dar pena a la gente e impulsarla a que apruebe restricciones del aborto; guerra contra el terrorismo; menos Gobierno; etcétera.

Cuando George Bush se dirige a audiencias formadas exclusiva o mayoritariamente por mujeres emplea expresiones y palabras como “amor”, “desde el fondo del corazón” y “para los niños”. Al dominar el lenguaje y las ideas mediante sus marcos, los conservadores introducen a los progresistas en su terreno. ¿Quién se puede oponer a un alivio fiscal? Un derrochador ¿Quién puede criticar la guerra contra el terrorismo? Un inconsciente al que no le importan las vidas de los norteamericanos ni la seguridad de EEUU.

El análisis más brillante y, a la vez, irónico de No pienses en un elefante es el artículo dedicado a la victoria del candidato republicano Arnold Schwarzenegger para el cargo de gobernador de California. La derecha escondió una campaña sibilina para conquistar el estado progresista y demócrata más importante mediante marcos como la revuelta del votante contra el gobernador demócrata Gray Davis; la gente se carga a los políticos; los californianos están chiflados; Schwarzenegger es un triunfador que se lo ha ganado a pulso… Los marcos puestos en circulación por la derecha anulan la reacción de los demócratas y cualquier explicación de su derrota.

A medida que leemos las quejas del autor por la unidad de acción de la derecha, por la financiación que reciben sus fundaciones y editoriales de mecenas, por su ingenio, aumentan nuestros suspiros. ¿Por qué en España no hay una derecha similar? La derecha política que padecemos es idéntica a la izquierda norteamericana que él describe: dividida, acomplejada, desorientada, acomodaticia. Así, Lakoff ridiculiza las excusas de los progres norteamericanos y los populares españoles sobre su obsesión centrista y su escasa presencia en los medios de comunicación.

“Los candidatos liberales y progresistas tienden a guiarse por las encuestas, y así deciden que tienen que hacerse más «centristas», por lo que giran a la derecha. Los conservadores no giran nunca a la izquierda y, sin embargo, ¡ganan!” (pág. 43). “Uno de los errores más graves de los liberales es que piensan que tienen ideas de sobra. Que lo único que les falta es acceso a los medios. O quizá algunas frases mágicas e impactantes (…). Cuando piensas que lo único que te faltan son palabras, lo que realmente te faltan son ideas. Las ideas surgen bajo la forma de marcos. Cuando los marcos están ahí, las ideas urgen inmediatamente” (pág. 47).

En España, el PSOE, gran fabricante de marcos y de consignas, ha actuado de manera sobresaliente bajo la dirección del talante zapateril. Al matrimonio homosexual, el divorcio-exprés, el cambio de sexo mediante el informe de un psiquiatra, las cuotas obligatorias por sexo las llama políticas de ampliación de derechos. A la aceptación de los intereses de Marruecos, Venezuela, Cuba y Turquía lo llama Alianza de Civilizaciones. A la crisis la llama aceleración de la desaceleración. A la imposición de la versión comunista sobre la guerra civil y el régimen franquista la llama reparación de agravios. A los críticos y disidentes del nuevo régimen les llama antipatriotas, franquistas y derecha extrema. Y el PP y la mayoría de los escasos medios de comunicación que le apoyan han sido incapaces de elaborar mensajes (marcos, como dice Lakoff) que desmonten los anteriores. Las pocas veces que el PP ha sido capaz de pinchar al Imperio Progre, como cuando Mariano Rajoy dudó del peligro del cambio climático y de la propia existencia de éste tal como lo define Al Gore, han sido seguidas por una retirada ante el feroz contraataque del bloque progresista.

El ejemplar de No pienses en un elefante que yo tengo es la tercera reimpresión, todo un éxito para la editorial. Según me contaba un amigo periodista que entrevistó a Lakoff[5] hace unos meses, José Blanco recomendó el libro a los cargos del PSOE. ¿Cuántos dirigentes del PP lo habrán leído? Como no se incluye en el temario de oposiciones a abogado del Estado, nos tememos que ninguno.

Notas

[1] http://www.gees.org/articulo/4791/.
[2] Reportaje de la revista Time, 22-1-2008. www.psoe.es/download.do?id=116523.
[3] http://www.gees.org/articulo/5193/.
[4] Sobre la organización de la derecha norteamericana es imprescindible el libro La revolución americana. Por qué la derecha crece en Estados Unidos y por qué los europeos no lo entienden (Ciudadela, 2007) del historiador José María Marco. Se reseñó en el GEES: http://www.gees.org/articulo/3977/.
[5] http://n4abc10.abc.es/hemeroteca/historico-14-10-2007/abc/Nacional/george-lakoff-a-los-progresistas-no-les-gusta-reivindicar-la-patria-y-la-bandera-porque-son-estupidos_1641139356300.html.

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