EEUU empieza a ganar la guerra de Irak

EEUU empieza a ganar la guerra de Irak

(PD).- Está cambiando la percepción. Los demócratas los saben y por eso, a pocos meses ya de las elecciones presidenciales, multiplican los mensajes en los que se subraya que la guerra de Iraq sigue y que McCain, frente a Obama, es un «halcón».

Explica Antonio Caño en El País, que, desde hace meses, en Estados Unidos se lee y se oye menos sobre Irak, y lo que se ve o se oye son, por lo general, buenas noticias.

Los principales noticieros de las tres grandes cadenas han emitido en los seis primeros meses de este año, según un estudio de una firma especializada, 181 minutos de noticias relacionadas con Irak, comparado con los 1.157 que destinaron a esa cobertura a lo largo de todo el año anterior.

CBS ha decidido eliminar el cargo de corresponsal permanente en Bagdad y mantener allí tan sólo un productor.

«La violencia por sí sola ya no es noticia en Irak», reconoce la corresponsal de Fox, Anita McNaught. La semana pasada, cuando una bomba acabó con la vida de 51 personas en un mercado de Bagdad, sólo una de las grandes cadenas lo mencionó brevemente en su principal informativo.

Si Irak está hoy en las noticias es, fundamentalmente, para dar testimonio de los progresos conseguidos en el último año. El diario The New York Times publicaba el pasado sábado en primera página: «La violencia en todo Irak está en su nivel más bajo desde marzo de 2004. Las dos principales ciudades, Bagdad y Basora, viven una calma desconocida desde hace años.

La tercera, Mosul, está siendo objeto de una fuerte operación de seguridad. El Ejército iraquí retomó sin resistencia la ciudad de Amara, antes bajo control de las milicias chiíes. Existe la impresión de que el primer ministro, Nuri al Maliki, tiene más energía que ninguno de sus antecesores».

«Irak es hoy un lugar de punta a cabo mucho mejor que hace un año», aseguró el lunes el presidente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas norteamericanas, almirante Mike Muller, al presentar un informe del Pentágono que daba cuenta de la notable disminución de la violencia y los progresos obtenidos en todos los frentes desde que en 2007 comenzó una nueva estrategia conducida por el general David Petraeus.

Esos progresos han sido corroborados por observadores independientes. Un estudio elaborado por analistas de Brookings Institution en Washington anotaba en mayo pasado la cifra de 550 civiles iraquíes muertos, en comparación con los 2.600 que perdieron la vida el año pasado.

Esa misma fuente señala la muerte de 19 soldados norteamericanos en mayo, por 126 hace un año -ya mueren más estadounidenses en Afganistán que en Irak-, y confirma avances notables, tanto de orden político como económico.

El número de líderes suníes colaborando con EE UU, por ejemplo, se ha multiplicado por cuatro y la producción de petróleo ha aumentado en medio millón de barriles por día.

Esta nueva situación podría tener consecuencias en una campaña electoral en la que el candidato republicano es un firme partidario de continuar la presencia militar en el país árabe, y el candidato demócrata Barack Obama propone una retirada escalonada pero total.

Por el momento, el efecto es tenue y se aprecia más en las columnas de los periódicos que en las encuestas. Los norteamericanos parecen, por ahora, seguir deseando la retirada, a pesar de la oleada de buenas noticias. Un 63% de la población sigue considerando hoy que no merece la pena seguir en Irak, según una encuesta reciente de ABC-The Washington Post, apenas un 1% menos que el pasado mes de abril.

«La guerra es un asunto cerrado desde comienzos de 2007», opina el articulista Frank Rich. «No importa lo que pase en Irak, no importa lo que diga cualquiera de los lados implicados en este debate, una mayoría de los norteamericanos considera que esta guerra ha sido un error y quiere que nos retiremos».

Para la campaña demócrata, no obstante, esta nueva visión sobre Irak es motivo de preocupación. Encuestas recientes demuestran que una mayoría de votantes independientes creen que McCain está mejor capacitado para manejar el problema de Irak. Obama se ha visto a la defensiva cuando su rival le ha invitado públicamente a viajar a Irak para comprobar por sí mismo los éxitos obtenidos. Finalmente, tendrá que viajar, pero se estudia el momento más oportuno para obtener efectos positivos de esa visita.

Inquieta en la campaña demócrata, no sólo el hecho de que la menor presencia de Irak en los medios de comunicación reste presión sobre McCain, sino que, de repente, algunos votantes empiecen a mirar de otra manera a George Bush y a ver con menos recelo una nueva Administración republicana.

«Los más honestos entre los enemigos de la estrategia en Irak tendrán que reconocer que Bush, al que se supone tonto, ha hecho esto bien», escribía el martes David Brooks en The Washington Post.

En todo caso, es muy pronto aún para que nadie pueda situar a Irak en el campo de sus logros o de sus méritos electorales. El propio informe del Pentágono presentado el lunes recordaba que los progresos hechos en ese país eran «frágiles y todavía coyunturales». Y, en lo que respecta a los aspectos políticos, no se vislumbra aún la nación estable y democrática que se prometió durante la invasión y que permitiría el regreso triunfal de las tropas.

Un informe presentado esta semana en el Congreso por la Oficina de Control al Gobierno destaca que la Administración resalta ciertas cifras pero oculta otras, como el número de iraquíes con acceso a energía eléctrica o el dinero invertido en la reconstrucción, que contribuyen a un panorama mucho más sombrío.

«Irak continúa siendo un desconcierto y, para ser honestos, da la impresión de que lo será perpetuamente», afirma el general retirado Nathan Freier, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, en Washington.

Ya es un hecho que la presencia militar en Irak continuará más o menos al nivel actual -150.000 soldados- cuando los norteamericanos acudan a las urnas el próximo 4 de noviembre. Es posible también que, salvo sucesos sorpresivos pero no sorprendentes, el proceso de estabilización continúe lentamente. Queda por ver si para entonces los votantes ven la botella medio llena o medio vacía.

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