Ségolène, segundo asalto

Ségolène, segundo asalto

(PD).- Ségolène lanza a paso de carga publicitaria un libro de guerra política interna, «Si la gauche veut des idées» (Si la izquierda quiere ideas), con pocas novedades de fondo, pero muchas municiones contra los dos grandes adversarios que aspiran a eliminarla de la carrera maratón de la conquista del PS, batalla previa a una nueva candidatura presidencial.

Como explica Juan Pedro Quiñonero en ABC, Ségolène perdió contra Nicolas Sarkozy las elecciones presidenciales, con un resultado inapelable: 47 contra 53.

La misma noche de su derrota, la candidata socialista se embarcó en una nueva carrera de fondo, salpicada de conflictos íntimos: un proceso judicial en su familia; una separación matrimonial con feroces flecos políticos; unas meteduras de pata descomunales; y una ambición sin límites conocidos.

Su nuevo libro es su arma de ocupación y conquista del terreno político, contra tres enemigos temibles: su ex «compañero», François Hollande, primer secretario del PS, íntimamente odiado; el más renovador de los socialistas, Bertrand Delanoë, alcalde de París, que se define como «liberal y socialista»; y Martine Aubry, hija de Jacques Delors (socialista católico), partidaria de «restaurar los valores históricos del socialismo».

Foto en traje de baño
Ségolène Royal fue la primera candidata a la Presidencia de la República que se dejó fotografiar en traje de baño, durante la última precampaña presidencial.

Tras la derrota, Ségolène es la segunda candidata que se sirve del arma estratégica de un libro, para intentar imponer al PS su persona, sus ideas y su guardia pretoriana.

Hace dos años, Ségolène conquistó el PS a través del marketing político, imponiéndose en los sondeos. Hoy es Delanoë quien triunfa y caracolea victorioso en los sondeos, cuando Ségol_ne ha perdido el apoyo de importantes federaciones socialistas (Norte, Marsella), que han apostado por otra mujer, Martine Aubry, que aspira a conquistar el PS, interponiéndose entre Delanoë (sospechoso de «liberalismo») y Ségol_ne, convicta y confesa de arribismo sin límites, arrastrando las cacerolas de una derrota implacable.

Nada nuevo
Ségolène no tiene ideas nuevas. Pero vuelve a usar el viejo arsenal de la campaña del 2007 con ardor renovado. Defensa de una Francia «mestiza, orden justo, ecología y crecimiento, Estado preventivo y acompañador»… nada francamente subversivo ni nuevo.

Presentado con mucho verbo e intacta virulencia verbal contra sus adversarios. El «liberalismo» de Delanoë es sospechoso de inconfesable «giro a la derecha». La «mosquita muerta» de Aubry es acusada a media voz de ser la «culpable» del fracaso socialista de la semana laboral de 35 horas.

Por ahora, Delanoë es el candidato socialista mejor situado en los sondeos. Tras el proceso contra su padre y la separación de Hollande, Ségolène espera ganar otra batalla familiar: la conquista del PS. Veremos.

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