Obama apuesta por continuar en materia religiosa la política de Bush

Obama apuesta por continuar en materia religiosa la política de Bush

(Michael Gerson).-El reciente anuncio por parte de Barack Obama de “un nuevo proyecto de renovación americana” que “dará poder a las organizaciones religiosas” me hizo oír campanadas. El poder de una idea política se mide en gran medida por su influencia sobre la otra parte. Según este rasero, la iniciativa religiosa con dinero público es ya un rasgo permanente de la vida americana.

Si se me permite un momento de nostalgia, fui testigo del arranque de una iniciativa de grupos religiosos sustentada por el estado.

Era el momento álgido de la revolución Gingrich de 1994. Algunos Republicanos perspicaces (y solitarios), incluyendo al Senador Dan Coats, de Indiana, estaban convencidos de que un enfoque exclusivamente antigubernamental sería moralmente incompleto y políticamente autodestructivo — que un partido sin nada positivo que decir sobre los sin techo o los jóvenes adictos marginados no permanecería mucho tiempo en el gobierno. Como joven becario, trabajé con el equipo legislativo de Coats en un paquete legislativo llamado Proyecto por la Renovación Americana, diseñado para promover la labor de la comunidad y las organizaciones de caridad religiosas.

La dirección Republicana escuchó educadamente nuestras ideas, como uno escucha a un tío algo senil – a continuación procedía a censurar el gobierno en 1995. La administración Clinton hizo más que escuchar. Antes de 1999, el vicepresidente Al Gore instaba a “una nueva sociedad” entre el gobierno y “las organizaciones de orientación religiosa.” Pero fue el gobernador de Texas George W. Bush el que recogió la idea como piedra angular del conservadurismo compasivo.

De manera que el reciente anuncio por parte de Barack Obama de “un nuevo proyecto de renovación americana” que “dará poder a las organizaciones religiosas” me hizo oír campanadas. El poder de una idea política se mide en gran medida por su influencia sobre la otra parte. Según este rasero, la iniciativa religiosa con dinero público es ya un rasgo permanente de la vida americana.

La propuesta de Obama atrajo a los partidarios adecuados, incluyendo a John DiIulio, uno de los conservadores compasivos más éticos de la primera administración Bush. También se ganó a los críticos adecuados. Cuando Barry Lynn, de Americanos Unidos por la Separación entre Iglesia y Estado, dice “estoy decepcionado,» Obama va por el buen camino. Mi propia reacción: Obama se ha hecho, y ha prestado a este país, un gran servicio, y recordado a muchos de nosotros el motivo de que desde el principio le juzgásemos una figura política de talla.

En su discurso, Obama – tan candidato presidencial como profesor de Derecho constitucional – ratificaba la obligación intelectual central de la política social de las organizaciones religiosas: que el gobierno puede financiar el trabajo secular social de colectivos religiosos dentro de los márgenes de la Primera Enmienda. Y esto, argumentaba, no es simplemente apropiado sino necesario, porque algunos problemas son “simplemente demasiado grandes para que el gobierno los solucione solo.» De manera que prometía mantener una oficina religiosa en la Casa Blanca, animar a entidades religiosas de caridad a prestar asistencia técnica a los grupos más pequeños a la hora de obtener fondos públicos, y centrar esfuerzos nuevos en los programas educativos de verano para niños discapacitados. DiIulio llama a esto «un plan equilibrado, centrista y religiosamente dispuesto» que evita tanto «el sectarismo ortodoxo como el secularismo ortodoxo.»

Por supuesto, Obama sintió la necesidad política de contrastar su enfoque con los últimos ocho años. El esfuerzo de Bush, decía, estaba “subfinanciado constantemente» – lo cual es difícil de discutir. También «fue utilizado para promover intereses partidistas» – una acusación que no es justa. O tal vez igual de justa que la acusación de partidismo a un candidato presidencial Demócrata que anuncia su programa de grupos sociales religiosos en el estado bisagra de Ohio.

Obama es característicamente hermético en la materia de la contratación – aparentando prometer que las instituciones religiosas podrán seleccionar a los empleados basándose en sus creencias religiosas, al tiempo que niega este derecho (dependiente de las leyes locales) a los ayudantes del servicio de orientación social. Y muchas de las reformas propuestas de Obama — construir instancias locales y centrarse en resultados – son una descripción precisa de las políticas actuales de la administración Bush.

Pero la tentativa de Obama de adjudicarse la iniciativa de los grupos religiosos como propia es un tributo a la propia idea. Ningún político se adjudica y amplía un fracaso.

La propuesta de Obama es señal de madurez política – el rechazo a una noción demencial de que todo lo asociado a Bush es irreparablemente defectuoso. Es políticamente inteligente y atractivo para esa franja (estrecha o ancha) de evangélicos receptivos. Pero la propuesta también tiene la virtud – al contrario que la evolución ideológica de Obama – de la sinceridad evidente.

Como antiguo organizador de la comunidad, Obama está familiarizado con la geografía de la esperanza de las ciudades americanas. Sabe que los grupos religiosos son irreemplazables en lugares en donde impera la desesperación – y que un secularismo rígido diezmaría a las mismas instituciones de las que los pobres dependen más. También entiende que estas organizaciones de caridad están con frecuencia desbordadas y merecen y necesitan apoyo del estado.

En su discurso, Obama explicaba, «aunque podría sentarme en la iglesia y rezar todo lo que quisiera, no estaría cumpliendo la voluntad de Dios a menos que saliera a la calle y realizara la labor del Señor.» Estas son palabras bien recibidas de un candidato presidencial Demócrata – y un buen ejemplo de moderación sin cinismo.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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