La elección de McCain traería a la Casa Blanca a una primera dama que conoce «el hedor de la muerte»

La elección de McCain traería a la Casa Blanca a una primera dama que conoce "el hedor de la muerte"

(Michael Gerson).- La primera visita de Cindy McCain a este país [Ruanda] en 1994 tuvo lugar durante el período de mayor actividad de controles, machetes y fosas comunes.

Atendiendo una petición de ayuda de Médicos sin Fronteras, McCain había reunido un equipo médico con la intención de montar un hospital móvil en Ruanda. Llegando en avión privado a mediados de abril, a un par de semanas de empezar las masacres, se dio cuenta de que el caos hacía imposible el despliegue de su equipo. En el aeropuerto, pagó por el uso de un camión y salió camino de Goma en el entonces Zaire, a donde también se dirigían centenares de miles de refugiados.

«Nunca vi a nadie herido,» recuerda McCain, «pero vi los cadáveres a lo largo del arcén.» Los controles eran operados por niños de 12 y 13 años con rifles AK-47. «Los chicos estaban bebiendo – botellines de Guinness, recuerdo. Te apuntaban con sus armas. Querían dinero. Pagamos.» Por el camino recogió a varios jóvenes abandonados, y más tarde los dejó al cuidado de una organización irlandesa de caridad.

«Se podía ver el caos, escuchar los disparos, oír los gritos desgarrados. Se podía oler.» ¿Qué, pregunté, se podía oler? «El hedor de la muerte,» respondió.

Llegando a través de la frontera en Goma, lo que ahora está en el Congo, McCain encontró víctimas de cólera apiladas en los arcenes “como mojones de autopista.” “Recuerdo tener que pasar por encima del cadáver en descomposición de un niño, cubierto con polvo blanco, cal viva supongo, para lograr entrar a un edificio.” El hospital de campaña abarcaba cuatro acres. El equipo de McCain proporcionaba un cuidado elemental a los enfermos y asustados refugiados, sufriendo deshidratación muchos de ellos. Durante casi un mes, McCain organizó la comida y el agua de las operaciones, recogiendo los suministros en el aeropuerto de Goma.

«Nunca había visto nada parecido antes,» dice, «y nunca lo he vuelto a ver desde entonces… Cuando volví a casa, era incapaz de describirlo a mi marido.»

El retorno súbito de estos recuerdos volvió en la primera visita de Cindy McCain a Ruanda desde el genocidio. A la sombra de la gira mundial de Barack Obama, McCain se unía a una delegación bipartidista – que incluye a los ex presidentes del Senado Bill Frist y Tom Daschle — organizada por la campaña ONE, un colectivo que defiende la lucha contra la pobreza global y las enfermedades. (También estoy involucrado en los esfuerzos de ONE.)

McCain volvió a una Ruanda muy diferente – pacífica, bien gobernada, y realizando, con la ayuda norteamericana, los progresos más rápidos de la historia de la sanidad pública. “Lo que me ha impactado,” dice McCain, “es que la mayoría de la gente se está reconciliando. Una mujer que conocí fue violada colectivamente (durante el genocidio), su garganta fue seccionada, perdió a toda su familia, pero estaba dispuesta a perdonar. La razón de que este sea un país de éxito son las mujeres – algunas de las mujeres más fuertes e inspiradoras que he conocido nunca. “

Teniendo en cuenta sus antecedentes de humanitarismo, estos adjetivos podrían asociarse a la propia McCain. La elección de su marido también traería a la Casa Blanca a una primera dama aventurera, con mundo e intrigantemente audaz. A lo largo de los años, McCain ha llevado servicios médicos a una fortaleza Sandinista tras la guerra civil de Nicaragua; montado un hospital móvil cerca de Kuwait City mientras los pozos de petróleo aún ardían por la primera Guerra del Golfo; ayudado en Bangladesh tras un ciclón. Y mientras se encontraba en ese país en 1991, encontró a su hija Bridget en un orfanato – “En realidad me eligió ella,” insiste McCain. El deseo de salvar a todos los niños se proyecta en ocasiones propiamente sobre un único niño.

Como la mayor parte de la vida de Cindy McCain, estas historias se ocultan generalmente tras una cortina de privacidad bien preparada. Ella valora la privacidad de su familia y lamenta la impertinencia de los medios. Ninguna de sus labores humanitarias se hizo para consumo político o prominencia en Washington. Por el contrario, ha sido una vida alternativa a la cultura de la capital — el rechazo al progreso normal de la esposa de un senador. “No va conmigo — nunca lo fue. Pensé que era importante – que tenía que hacerlo. Nunca cogí dinero público. Era dinero propio, y nunca me avergoncé de ello.»

Pero todo esto tendría consecuencias políticas en una administración McCain. Incluso si una primera dama no es intrusivamente política, la Casa Blanca entera responde a sus prioridades. Cindy McCain ha tenido décadas de contacto personal con el sufrimiento del mundo en vías de desarrollo. Y en alguna crisis o genocidio futuro, podría importar enormemente tener una primera dama que conozca el hedor de la muerte.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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