Rusia-EEUU: la teoría del dominó sigue cumpliéndose

Rusia-EEUU: la teoría del dominó sigue cumpliéndose

(Caroline B. Glick).-La invasión de Georgia por parte de Rusia está dejando en evidencia muchos aspectos del sistema internacional que el Occidente encabezado por Estados Unidos ha venido ignorando escrupulosamente desde la caída de la Unión Soviética. Una vieja verdad que merece atención es que la teoría del dominó de las relaciones internacionales sigue cumpliéndose. Esa teoría afirma que los sucesos ocurridos en un escenario van a fomentar sucesos parecidos en los demás escenarios.

Las grandes potencias no son las únicas que pueden hacer caer las fichas del dominó. Los estados pequeños también pueden. Las acciones de Israel dejan clara esta idea.

Esta semana, el gobierno Olmert-Livni-Barak votaba a favor de la liberación de otros 199 terroristas de las cárceles. Los líderes de Israel afirmaban que tras la liberación de asesinos terroristas del Hizbulah el mes pasado, no tenemos excusa para no liberar a asesinos terroristas del líder de Fatah Mahmoud Abbás ahora. Si Abbás no puede estar a la altura de los logros del Hizbulah, argumentan, va a quedar desacreditado.

Pero como explicaba el lunes el corresponsal del Jerusalem Post Khaled Abu Toameh, no hay virtualmente nadie en la Autoridad Palestina que crea que Israel está reforzando unas fuerzas pro-paz en la sociedad de los palestinos liberando de la cárcel a terroristas de Fatah. Esos terroristas simplemente van a reforzar a los elementos más radicales de la sociedad de los palestinos, que en general son aliados de Hamas y la Jihad Islámica.

Las liberaciones israelíes anteriores de terroristas han demostrado que incontables cifras de israelíes van a pagar con sus vidas la estupidez del gobierno. Pero no es únicamente Israel el que va a pagar el precio de los errores de Israel. Jordania también sale perjudicada.

Justo después de que el gobierno anunciara su decisión, Jordania anunciaba que iba a liberar a cuatro criminales jihadistas de las cárceles. Los cuatro terroristas, que mataron a dos soldados israelíes en 1990, habían sido condenados a cadena perpetua en Israel. El pasado verano, en una «iniciativa para fomentar la confianza» hacia el Rey Abdullah, Israel los transfería a Jordania para que cumplieran íntegras sus penas.

Si Israel no puede negar a Fatah lo que concede a Hizbulah, de la misma manera Jordania no puede negar a Hamas lo que Israel concede a Hizbulah y Fatah. Jordania no puede ser más estricta con los asesinos de israelíes que Israel.

El reciente acercamiento de Jordania a Hamas sigue el mismo patrón. Según el rotativo saudí Al-Watán, el líder de Hamas radicado en Damasco Khaled Mashaal se dispone a visitar a Jordania en los próximos días como parte de la política jordana general de la reconstrucción de sus vínculos de cooperación con el grupo jihadista de control iraní. Amman suspendió esos vínculos en 2006.

No puede haber duda de que Hamas y su organización hermana en la Hermandad Musulmana en Jordania constituyen amenazas para el régimen hachemita. El gobierno jordano preferiría sin duda no tener nada que ver con Hamas. En la práctica, sin duda le habría complacido si el grupo terrorista fuera destruido por completo. Pero Jordania no puede actuar contra Hamas por su cuenta. Solamente Israel puede hacer eso.

Pero Israel se ha negado a tomar cualquier medida contra Hamas mientras el grupo cristaliza su control sobre Gaza y ha incrementado su influencia sobre Judea y Samaria. La falta de acciones de Israel ha obligado a Jordania a apaciguar al grupo terrorista de control iraní.

EL RECHAZO POR PARTE DE ISRAEL a reconocer la interconexión de los sucesos internacionales tiene un impacto aún mayor sobre los avances en la región. La miopía internacional estratégica estadounidense está afectando a los avances en todo el mundo. Los recientes sucesos de Pakistán ilustran esto.

Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ignora la situación nacional en Pakistán. Primero puso todas sus esperanzas en el presidente paquistaní Pervez Musharraf para que sirviera de aliado. Washington ignoró la negativa de Musharraf a purgar al ejército paquistaní y su poderoso servicio de inteligencia de su fuerte presencia jihadista que colaboraba con los Talibanes y al-Qaida, les proporcionaba refugios, y les permitía tomar el control de las provincias colindantes con Afganistán.

Entonces, en una jugada a plena luz, Washington intentaba el año pasado impulsar su programa de democratización del mundo islámico presionando a Musharraf para que permitiera la celebración de elecciones limpias al parlamento de Pakistán. Desafortunadamente, Estados Unidos no se dio cuenta de que todos los partidos presuntamente democráticos que competían odian a América y se oponen a tomar cualquier medida contra los Talibanes o al-Qaida.

Ahora que las fuerzas «democráticas» anti-occidentales que ha desatado Estados Unidos han expulsado a Musharraf del poder, Estados Unidos no tiene ningún aliado en las estructuras de poder políticas y militares de Pakistán con quien colaborar en la lucha contra los Talibanes y al-Qaida. Aún más preocupante, Estados Unidos no tiene nadie en quien pueda confiar para garantizar que las fuerzas jihadistas no tienen acceso al arsenal nuclear de Pakistán.

Esta última idea quedaba clara el martes cuando el New York Times citaba a un alto funcionario de la administración Bush precisando que los agentes jihadistas han realizado «esfuerzos constantes» por infiltrarse en los laboratorios nucleares de Pakistán. Más allá de eso, ni siquiera Musharraf dio nunca garantías incondicionales a Estados Unidos de que estuviera protegiendo el arsenal nuclear de su país. Musharraf se negaba en redondo a rendir cuentas de lo mucho de los 100 millones de dólares norteamericanos que le eran transferidos a efectos de proteger sus entre 50 y 100 cabezas nucleares.

Aunque durante su primer mandato en el cargo el Presidente George W. Bush advertía con frecuencia del peligro que suponía que las armas nucleares y demás armamento de destrucción masiva cayera en manos de grupos terroristas o les fuera transferido por estados patrocinadores del terrorismo, en los últimos años este asunto ha sido en gran medida ignorado. Los funcionarios de la administración han rebajado el significado de la cooperación abierta entre los Talibanes y al-Qaida por una parte y el ejército y los servicios de inteligencia pakistaníes por otra. Y el rechazo de Washington hoy a hacer frente a esta cooperación le está empezando a pasar factura. A Estados Unidos no le quedan opciones fáciles para evitar el rápido colapso de los aparatos de gobierno pakistaníes con armas nucleares que caen bajo la influencia de los Talibanes y al-Qaida.

Una situación parecida se está desenvolviendo en el Líbano. Exactamente igual que Estados Unidos ignoraba intencionadamente los vínculos entre el régimen paquistaní y los Talibanes/ al-Qaida, también ha ignorado el significado del control de Hizbulah por parte de Irán y el control del gobierno libanés por parte de Hizbulah.

Desde que el movimiento del 14 de Marzo de alineamiento occidental obligase a Siria a sacar sus fuerzas del Líbano en 2005, Estados Unidos ha tratado a sus líderes como aliados estratégicos de confianza. Como consecuencia, Estados Unidos se negaba a comprender que cuando el primer ministro libanés Fuad Saniora permitía que Hizbulah formara parte de su gobierno en 2005, en la práctica estaba poniendo su gobierno en manos de Hizbulah y de esa manera se convertía en un títere de Irán.

Estados Unidos siguió ignorando el sometimiento de Saniora a Hizbulah durante la guerra Israel-Hizbulah de 2006. Esperando reforzar su postura, Estados Unidos prohibía a Israel atacar las infraestructuras libanesas que servían de maquinaria de guerra de Hizbulah. La decisión norteamericana dificultó enormemente que Israel ganara. Y el fracaso de Israel a la hora de derrotar a Hizbulah/Irán en 2006 despejó el camino a que Hizbulah se hiciera con el control este mes de mayo.

Igual que los Talibanes y al-Qaida han explotado el rechazo norteamericano a reconocer la importancia de sus vínculos con los servicios de inteligencia y el ejército de Pakistán, también Hizbulah, Irán y Siria han explotado el rechazo norteamericano a reconocer su control sobre el Líbano.

Una de las formas en que Irán, Siria y Hizbulah explotan la negativa norteamericana a reconciliarse con la idea de su control sobre el Líbano es haciendo incontestable ese control. A este fin, Hizbulah ha forjado alianzas con grupos distantes en el Líbano y de esa manera ha aislado más a las voces pro-occidentales restantes dentro del país.

Esta semana Hizbulah firmaba un acuerdo de cooperación con los salafistas de respaldo sirio vinculados a al-Qaida en Trípoli. Esta maniobra ha dejado de piedra a muchos observadores occidentales, que argumentan insistentemente que una alianza entre jihadistas sunitas y chiítas es impensable. Estos observadores ignoran el hecho de que sunitas y chiítas han tenido alianzas estratégicas por toda la región. Irán tiene una alianza estratégica con Siria, de mayoría sunita. Siria controla a Hamas. Siria ha recibido a mandos de al-Qaida en su territorio nacional desde finales de 2001 al menos.

En cierta medida, la afición de estos observadores por la antipatía entre sunitas y chiítas ha sido fomentada por los propios sunitas y chiítas. Se comprende el interés de Occidente en ignorar la amenaza que plantean tanto por separado como juntos, hasta esta semana nunca hicieron explícitas sus alianzas. Lo que demuestra el acuerdo de Hizbulah con los salafistas de Trípoli vinculados a al-Qaida es que ambas fuerzas están ahora tan convencidas de la debilidad de Occidente que piensan no tener nada que temer de colaborar abiertamente.

AL CONTRARIO QUE LOS SUCESOS EN PAKISTÁN, que son consecuencia de la naturaleza de la sociedad paquistaní y el fallo de los americanos al no reconocer la naturaleza de esa sociedad, los sucesos más recientes en el Líbano son al menos en parte consecuencia de la nula respuesta de Washington a la invasión de su aliado Georgia por parte de su aliado ruso.

Se argumenta con frecuencia que Rusia teme el dominio islámico tanto como Occidente. Y mientras Rusia ciertamente tiene buenos motivos para estar preocupado por los jihadistas, su preocupación no le ha conducido a servir de aliado Occidente en su lucha contra los jihadistas. Por el contrario, al igual que Irán y Siria y sus grupos terroristas vinculados, Rusia percibe a Estados Unidos como su verdadero enemigo. Al igual que ellos Rusia pretende explotar las debilidades americanas para impulsar su propia situación.

Rusia entiende que los fundamentos ideológicos de Irán imposibilitan que Teherán llegue a alcanzar alguna vez un acuerdo con Estados Unidos. Y explota la situación en su beneficio.

Moscú construyó un reactor nuclear para Irán. Suministra a Irán y Siria sistemas de armamento avanzado. La alianza de Rusia con Irán y Siria impulsa sus intereses de dos maneras: debilita a Estados Unidos, y garantiza que Rusia no va a ser el objetivo de la bomba nuclear iraní.

Igual que el fracaso norteamericano en respaldar la apuesta de Israel por destruir a Hizbulah en el Líbano hace dos años despejó el camino al pacto Hizbulah-al-Qaida formalizado esta semana, la débil respuesta norteamericana a la violación de Georgia por parte de Rusia ha reforzado a los rusos, a los iraníes y a los sirios hasta el extremo de dar a conocer su alianza estratégica veterana. El miércoles Irán condenaba a Georgia como «un estado sionista» debido a sus relaciones con Israel. Rusia devolvía el favor defendiendo el lanzamiento del satélite por parte de Irán y respaldando la intención anunciada de Irán de construir otros seis reactores nucleares.

El presidente sirio Bashar Assad capitalizaba la postura antiamericana de Rusia visitando el miércoles Moscú. Rusia marcó el ritmo de su visita condenando a Israel por abastecer a Georgia de ayuda militar. A continuación permitía que Assad anunciara la intención de Moscú de abastecer a Siria del sistema de defensa balística avanzado Iskander que Siria buscaba desde hace tiempo.

La explotación de las debilidades norteamericanas por parte de Rusia para avanzar su propia postura deja a Estados Unidos con dos opciones. Washington puede intentar dar a Rusia una oferta mejor que sus enemigos. O Estados Unidos puede ponerse a trabajar para debilitar a sus enemigos haciéndoles frente al tiempo que refuerza a sus aliados, y de esa manera obliga a Rusia a una postura de cooperación. No hay posibilidad de que Estados Unidos pueda hacer una oferta a Rusia que pueda competir con lo que Rusia recibe de sus alianzas con los enemigos de América. De manera que la primera opción es un callejón sin salida.

Esto nos lleva a la opción dos, que es simplemente el modelo de contención de la Guerra Fría, basado en la teoría de las fichas de dominó. Viendo cómo funcionó una vez, hay pocos motivos para volver a ello ahora. La decisión norteamericana de firmar una alianza estratégica con Polonia fue un primer paso pequeño en la dirección adecuada. Las maniobras diplomáticas contra Rusia, como poner fin a la presencia de Moscú en el G7 y su acuerdo de asociación con la OTAN, ya deberían haberse llevado a cabo.

Pero lo que es más importante, con la vista puesta en el futuro, tanto Estados Unidos como Israel deberían aprender una lección de sus enemigos. Tienen que reconocer que cuando son fuertes y salen victoriosos, sus aliados son reforzados en todo el mundo. Y cuando son débiles y disolutos, sus aliados también pagan un precio por la irresponsabilidad de ellos.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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