Bambi da un recital de «buenismo» en la ONU

Bambi da un recital de "buenismo" en la ONU

(PD).-Rodríguez Zapatero sacó lo mejor de su arsenal «buenista» al reclamar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas una moratoria universal de la pena de muerte para 2015 e instó a los países que aún aplican la pena capital a reflexionar sobre el sentido de ese castigo. Su contacto a más alto nivel fue Bono, el líder de U2 e icono de la corrección política.

Zapatero lanzó esta propuesta a la comunidad internacional en un discurso centrado en la crisis financiera y en la necesidad de que los países ricos no se escuden en los problemas económicos para no cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, que incluyen la reducción a la mitad de la pobreza extrema en 2015.

Con el objetivo de no perder «la referencia inexcusable de 2015» y de reafirmar el pleno valor de la Declaración de Derechos Humanos, defendió la aprobación ese año de una moratoria universal de la pena de muerte, como primer paso para conseguir su abolición.

Cómo bien dice Ignacio Camacho en ABC:

Con un autobombo simplista y algo faltón, en una escenografía inadecuada -¿no había mejor salón ni más amplio, ni luces más claras, ni sitio más apto para poner un amplificador de sonido que justo tras la cabeza del presidente del Gobierno de España?-, estrecha, inapropiada para cualquier virreyezuelo autonómico en gira comercial, y ante un auditorio mal seleccionado, casi improvisado, falto de la oportuna movilización diplomática previa.

Zapatero ha ido por Nueva York como un Martínez Soria progre, imbuido de la autosuficiencia pardal de un nuevo rico pretencioso que infla con fatuo engreimiento los pormenores de su dudosa fortuna. Le ha hablado del diluvio a la familia de Noé y encima ha tratado de venderles un arca. Y, al igual que Aznar puso los pies sobre la mesa de Bush, ha sacado pechojierro en la casa de un gigante atribulado. Por poco les dice a los presuntos clientes que se tienen merecido el castigo de sus ambiciones. Igual les excitó la curiosidad y, al volver a sus acristalados despachos sobre el East River, pidieron a alguna secretaria que les trajesen un mapa para ver de qué rincón del planeta ha salido ese sonriente optimista tan jactancioso.

El jefe del Gobierno español dedicó buena parte de su intervención ante la Asamblea -la segunda vez que pronunciaba un discurso en este foro- a reivindicar un «nuevo orden financiero internacional» y a cuestionar los espacios económicos inmunes a la regulación y la supervisión pública.

La actual crisis, advirtió, puede afectar a los Objetivos del Milenio y se corre el riesgo de que los países más pobres «sufran aún más debido a las malas prácticas de los ricos».

«Ya sabemos a qué puede conducir la codicia especulativa en el caldo de cultivo de la desregulación. Es preciso, hoy más que nunca, reivindicar el papel de las instituciones, el papel de lo público como elemento racionalizador de los mercados», manifestó.

Defendió así la necesidad de crear instituciones que controlen y supervisen los mercados globales y se comprometió a promover en los foros internacionales un acuerdo que establezca reglas de supervisión, transparencia y alerta temprana para las instituciones financieras nacionales.

De este modo, avanzó, se aseguraría la cooperación «ágil» entre las mismas para proveer de liquidez y de reservas anticíclicas de capital a los mercados en situación de necesidad.

Zapatero aseguró a los miembros de las Naciones Unidas que no cabe la complacencia cuando se analizan los pasos dados para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

«No hemos avanzado como deberíamos, no hemos progresado tanto como nos habíamos propuesto», alertó.

A su juicio, es un imperativo ético retomar el compromiso adoptado en el 2000, cuando se acordaron los ODM, pero también es un «deber inexcusable» si se quiere trabajar por la estabilidad y el equilibrio internacional.

El hambre y la miseria, recordó, son fuente continúa de conflictos y de presiones migratorias difíciles de control.

En opinión de Zapatero, aunque la plena extensión de los derechos humanos y la erradicación de la pobreza extrema puedan parecer una aspiración utópica, no lo son ni deben serlo «A menudo las utopías han sido sólo verdades prematuras. No las demoremos, no las aplacemos con actitudes de resignación o de torpe egoísmo», recalcó.

Zapatero recordó el esfuerzo realizado por su país, que se ha convertido en los últimos cuatro años en el Estado que más ha aumentado su ayuda oficial al desarrollo, y reiteró su compromiso de destinar el 0,7 por ciento del PIB en el 2012.

Junto con la regulación de los mercados financieros y el compromiso con los Objetivos del Milenio, el presidente del Gobierno español defendió el multilateralismo que representan las Naciones Unidas, encargada de salvaguardar la legalidad internacional.

En opinión e Zapatero, el mundo necesita a las Naciones Unidas; un desarrollo sostenible y no incontrolado; diálogo político permanente, y no ceder a «viejas tentaciones de nuevas guerras frías»; erradicar la pobreza extrema y denunciar el egoísmo de los más ricos. España, aseguró, está comprometida y cumplirá con su «deber histórico». «Esta generación lo puede hacer y esta generación lo debe hacer», concluyó.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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