Mohamed VI quiere controlar a los «disidentes» religiosos de Marruecos

(PD).- El rey marroquí Mohamed VI está dicidido ha combatir el extremismo religioso radical, principalmente extendido por la corriente salafista del islam, propagado por teólogos como Mohamed Benabderrahman El Maghraui, que defienden el matrimonio y la realización de actos sexuales con niñas de «a partir de nueve años».

El Rey de Marruecos ha lanzado en persona una ofensiva para recuperar el control del movimiento religioso en el Reino, que comenzaba a agrietar la unidad del país. Tres semanas después de que El Imparcial denunciase «el mutismo» del Estado alauita ante la fatua lanzada por un teólogo salafista marroquí, Mohamed Benabderrahman El Maghraui, dando su aprobación al matrimonio y a la realización de actos sexuales con niñas «a partir de los nueve años», Mohamed VI ha reaccionado y puesto en marcha una campaña de recuperación y control del universo religioso marroquí, según publica El Imparcial.

La actual Constitución de Marruecos atribuye al monarca no sólo la jefatura del Estado, sino el título de «comendador de los creyentes». Lo que en la práctica significa que tiene jurisdicción religiosa y moral sobre todos los marroquíes y residentes en este país, que pertenezcan a una de las tres religiones llamadas «del Libro» : musulmanes, cristianos y judíos. Los tres deben someterse a su autoridad.

Esta condición, heredada de dinastías anteriores a la de los alauitas, necesita sin embargo una contrapartida por parte del Príncipe de los Creyentes. Y es la de «velar por la integridad», y «salvaguardar la unidad religiosa y el rito malekita», el único admitido en el país. Que era precisamente lo que estaba siendo cuestionado cada vez más por diversas corrientes islámicas presentes en el Reino.

La corriente salafista, uno de cuyos exponentes es El Maghraui, practica su obediencia al wahabismo saudi. Este «doctor en ciencias islámicas» no sólo recibía sus directivas de La Meca, sino también el dinero necesario para continuar con sus prédicas.

Pero el salafismo no es la única corriente «disidente» en Marruecos. También existen corrientes chiítas de obediencia iraní, e incluso la asociación islamista más importante del país, la que dirige el jeque Abdeslam Yassin, «Justicia y Espiritualidad» no reconoce la autoridad religiosa del rey como Comendador de los creyentes.

Además, los marroquíes están teniendo cada día acceso más libre a los «telepredicadores islámicos», a los blogs, a las páginas de Internet y las cadenas religiosas de algunos países del Golfo, como MBC4, Ikra, Al Risala, Al Fajr, Al Majd, Al Ness, cada una mas conservadora que las otras, y ante las que la cadena religiosa oficial Assadisa, se muestra impotente.

Mohamed VI eligió la ciudad de Tetuán el sábado 27 de septiembre, para lanzar su nueva «reforma del campo religioso en el reino». No fue producto del azar la elección de «la noche del destino», como se llama a este día en el calendario musulmán. Porque, según la tradición, fue en este día del mes de Ramadán, cuando Dios reveló al Profeta Mahoma el libro sagrado de El Corán.

En la nueva concepción del aparato religioso, cada provincia o prefectura dispondrá de un «Consejo local de ulemas», que dependerá directamente del ministerio de Asuntos Religiosos, un organismo administrativo instalado en el seno del Palacio Real y sobre el que el gobierno no posee ninguna jurisdicción.

Es la segunda reforma religiosa emprendida por Mohamed VI desde su acceso al trono en 2000. La primera fue la de las mezquitas que pasaron bajo control del ministerio del Interior, cerrándose las espontáneas creadas por grupos de fieles sin ningún control. Desde entonces los imanes y predicadores son asalariados del Estado.

En su discurso de Tetuán, el rey hizo un llamamiento para «guiar a los creyentes, y combatir los propósitos mistificadores de los partidarios del extremismo». Unas palabras que dejan traslucir la realidad de un Islam que ya ha escapado al control del Estado, y que amenaza la estabilidad de la monarquía alauita. Llamamiento que además no se limitará a las fronteras del Reino, sino que se extiende allá donde exista una comunidad marroquí afincada, como es el caso de España, con sus más de 700 mil inmigrantes procedentes de este país norteafricano.

El régimen marroquí en consecuencia emprenderá iniciativas con todos los gobiernos europeos, entre ellos el español, para que le permitan controlar ideológica y espiritualmente a la comunidad de sus creyentes.

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