La desconfianza entre kurdos y árabes complica la situación en Irak

La desconfianza entre kurdos y árabes complica la situación en Irak

(David Ignatius).- Irak no ha recibido mucha atención recientemente en la campaña presidencial estadounidense, gracias a la reducción de la violencia allí, pero los legisladores norteamericanos están cada vez más preocupados por lo que se avecina.

Las negociaciones entre Bagdad y Washington de cara a un nuevo acuerdo de formalización de las tropas estadounidenses destacadas están en punto muerto. Con el plazo del 31 de diciembre a punto de vencer, ambas partes parecen estar agotando la negociación. Los iraquíes están decididos a hacer valer su soberanía a través de la jurisdicción legal sobre las fuerzas estadounidenses, al tiempo que los funcionarios estadounidenses exigen amplia inmunidad frente al derecho iraquí hasta que las tropas americanas se hayan ido en 2011.

Funcionarios estadounidenses advierten que si las conversaciones siguen atascadas, no habrá un plan alternativo fácil, como una nueva resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para reemplazar a la que expira con el año, que proporciona ahora el mandato legal del destacamento americano.

«He intentado dejar claras las consecuencias de no alcanzar un acuerdo de formalización de la presencia militar,» decía Ryan Crocker, embajador estadounidense en Irak, en una entrevista telefónica el martes. «Los iraquíes no deberían ceder a la ilusión de que un cambio de resolución de Naciones Unidas será una opción fácil.» Decía que Estados Unidos rechazará cualquier cosa diferente a una ampliación clara de un año del mandato de la ONU actual, que se traduce en que los iraquíes perderían los beneficios que habrían ganado con el nuevo acuerdo.

Crocker decía haber advertido a los iraquíes que sin mandato formal, las tropas estadounidenses volverán a sus bases el 1 de enero. «Sin la autoridad legal para operar, no vamos a operar,» decía. «Eso significa que no habrá operaciones de seguridad, logística, entrenamiento ni apoyo a los iraquíes en las fronteras, no habrá nada de nada.»

Irak ha sido calificado de historia de éxito tan pírrica en los últimos meses que muchos han olvidado todas las divisiones que siguen existiendo, sunitas contra chiítas, kurdos contra árabes, autonomía regional frente a gobierno central. Con creciente incertidumbre sobre el futuro de las fuerzas estadounidenses en el país, estas tensiones vuelven con fuerza.

La desconfianza entre kurdos y árabes casi condujo a una confrontación militar en la zona de Janaqin en agosto, al noreste de Bagdad. Los kurdos han introducido su milicia peshmerga en la zona kurdo-árabe, invitando al Primer Ministro Nouri al-Maliki a desplegar tropas del ejército iraquí y ordenar la retirada de los efectivos kurdos.
Crocker aconsejaba con firmeza a ambas partes no cometer estúpidos errores de cálculo, y los mandos militares estadounidenses advertían que no acudirían al rescate de Maliki. El desbordado ejército iraquí se retiraba, pero la crisis dejó una sensación amarga en todos los aludidos.

«Los kurdos siguen viendo las cosas como un equilibrio, como todos los demás,» se queja otro alto funcionario estadounidense que ha estado profundamente implicado en las negociaciones. El intercambio entre partidos chiítas ha sido particularmente intenso, dice, sin que ninguno de los líderes chiítas desee el estigma potencial de apoyar el acuerdo de formalización del destacamento.

Irán está emprendiendo una agresiva campaña encubierta destinada a descarrilar el acuerdo, según funcionarios estadounidenses. El nuevo mando de las fuerzas americanas, el General Ray Odierno, destacaba la intencionalidad de Teherán la semana pasada cuando decía que agentes iraníes habían pretendido sobornar a parlamentarios iraquíes para que rechazaran el pacto cuando se someta a votación.

Estas alegaciones públicas de intromisiones iraníes provocaban un desmentido por parte de Maliki, pero funcionarios estadounidenses afirman haber interceptado recientemente correos iraníes transportando maletines llenos de dinero para pagar sobornos y rentas políticas a los partidos pro-iraníes. No está claro si Estados Unidos está creando una iniciativa encubierta propia para contrarrestar la campaña iraní.

Los iraníes están interesados obviamente en limitar la influencia estadounidense imposibilitando el acuerdo, y en el proceso asestar a América una derrota estratégica. Pero algunos funcionarios americanos piensan que los iraníes tienen un objetivo más fundamental a la hora de expulsar a las fuerzas estadounidenses antes de que los iraquíes estén preparados para asumir el control, léase imponer una resolución final y decisiva a la Guerra Irán-Irak que terminó en tregua en 1988. «Ahora, 20 años más tarde, tienen oportunidad de ganar esa guerra,» explicaba el funcionario.

«Mi definición corta de Irak es ‘miedo,'» dice Crocker. «Todo el mundo tiene miedo a todo el mundo. Tienen miedo al pasado, al presente y al futuro. Tienen miedo de las consecuencias de suscribir un acuerdo. Pero deberían tener aún más miedo de las consecuencias de no suscribirlo.»

Un factor final que complica las cosas en el desencuentro es la expectativa entre muchos políticos iraquíes de que Barack Obama salga elegido el 4 de noviembre, y de que sea posible sacarle a él un acuerdo mejor. Si Obama llega a ganar, podría dar una muestra anticipada de liderazgo diciendo a Bagdad que no espere ninguna concesión gratuita — y dejar claro que respalda el acuerdo que Crocker trabaja tan duro por rematar.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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