La política exterior de Obama: cambio y precaución

La política exterior de Obama: cambio y precaución

(DAVID IGNATIUS).- Allá por julio de 2007, cuando la posibilidad de que Barack Obama pudiera alcanzar la presidencia era aún apenas un destello en los ojos del candidato, él se reunía con el ex-asesor de seguridad nacional Zbigniew Brzezinski para pedir consejo. Pero no buscaba documentos para sustentar la postura usual de campaña ni eslóganes. Obama pensaba ya en términos más amplios.

¿Qué puede lograr un nuevo presidente en materia de política exterior en sus primeros 12 meses en el cargo que no pueda lograr más tarde? Obama quería información. ¿Cómo debe reorganizar un nuevo presidente a su equipo de seguridad nacional para que la estructura esté a la altura de los problemas del siglo XXI? Brzezinski salió de la reunión profundamente impresionado, y se convirtió en asesor oficioso de Obama.

Con la victoria del martes, Obama y sus asesores se pondrán a pensar en estas cuestiones globales a jornada completa. Las conversaciones durante los últimos días con diversos miembros del círculo íntimo del presidente electo descubren directrices básicas del enfoque de la nueva administración
sobre la política exterior:

Obama quiere escoger primero los integrantes de su lista de la política exterior, y a continuación entrar en materia. «Hubo una tendencia en el pasado a intentar crear simultáneamente la política y sus integrantes, y no funcionó,» decía un importante consejero. Otro gran interrogante es si pedir o no a Bob Gates que se quede como secretario de defensa o, si no, si designar o no a un prominente republicano como secretario de estado, como el Senador Richard Lugar o el Senador Chuck Hagel. De cualquiera de las maneras, Obama quiere un equipo bipartidista.

Mientras compone su equipo, Obama quiere dedicar tiempo a escuchar a los expertos que pueden consejarle en materia política. El otrora profesor de Derecho se está mostrando característicamente deliberatorio. No quiere tomar la decisión hasta haber escuchado a todas las partes. Ese estilo consensuado es probable que se convierta en el sello de su administración.

Para consejero de seguridad nacional, es probable que Obama elija a un pragmático. «Quiere descubrir lo que funciona — lo que impulsa los intereses nacionales estadounidenses. … Si la diplomacia secreta es un requisito para alcanzar sus objetivos, seguramente lo acepte,» dice Gregory B. Craig, un abogado de Washington en la corta lista de candidatos a un cargo relevante.

Durante la transición, Obama no se entrometerá en las decisiones de la administración Bush — y no permitirá que otros gobiernos sorteen a Bush. «No va a hacer nada que dé la impresión de que no tienen que negociar con esta administración,» dice un consejero. Esta insistencia en «un presidente único en todo momento» es especialmente importante en las negociaciones estancadas con Irak por el nuevo acuerdo de despliegue de fuerzas. Varios ayudantes de Obama advierten que los iraquíes no deberían dejar correr el reloj esperando un acuerdo mejor.

Obama quiere dar un primer empujón al proceso de paz palestino israelí, a pesar de la inquietud política en Israel. Ha aprendido de observar a los Presidentes Clinton y Bush que no se puede esperar hasta el último momento para ser un mediador activo. De igual manera, quiere trabajar con rapidez para construir una relación estratégica con Rusia y China, y tranquilizar a ambos países con que Estados Unido no les amenaza.

En Irán, Obama quiere abrir la puerta a un proceso de diálogo e implicación, incluso si sus ayudantes no confían en que tenga éxito. Piensan que Irán puede no haber encontrado aún el lenguaje del «sí,» pero ésa no es razón para no explorar áreas de posible interés común.

En Irak y Afganistán, Obama escuchará cuidadosamente el consejo del General David Petraeus, el comandante del Estado Mayor, y a los demás líderes militares antes de tomar decisiones. Petraeus dará sus recomendaciones sobre Afganistán en enero, y las primeras indicaciones dicen que recomendará una estrategia de «incremento primero y negociación después» es decir, incrementar la seguridad en las ciudades afganas con efectivos estadounidenses adicionales antes de empezar conversaciones con los Talibanes «reconciliables» acerca de cómo cerrar el conflicto. Ese enfoque casaría bien con la opinión de Obama sobre Afganistán, dice un importante consejero.

Finalmente, los consejeros de Obama están pensando cómo utilizar su juventud, su carisma y su herencia afroamericana para transformar la achacosa imagen de América en el exterior. Ya hay intercambios sobre su agenda de viaje y si debería visitar primero Asia antes de ir a Europa para la celebración en abril del 60 aniversario de la OTAN. «¿Cómo nos aprovechamos del momento derivado de su victoria?» plantea un importante asesor.

«Creo que va a cambiar de curso, pero que va a ser cauto,» dice Brzezinski. Por ahora, esas son las dos vías de la política exterior Obama cambio y precaución. Tras los años Bush, es probable que ambas sean bien recibidas en el exterior.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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