¿Qué tiene que hacer Obama con Pakistán?

¿Qué tiene que hacer Obama con Pakistán?

(Jim Hoagland).-Obama no debería repetir sus vagas declaraciones de campaña indicando que podría canjear la asistencia a Pakistán en Cachemira por ayuda para encontrar a Osama bin Laden. Esto reanudaría el soborno autodestructivo y los trueques que fracasaron bajo Bush, y sería como arrojar gasolina a un incendio.

“Esto no puede ser,” murmuró una vez Henry Kissinger con exasperación cuando un inesperado avance positivo tenía lugar durante una administración Demócrata. “La gente equivocada está haciendo lo correcto.”

Vengo pensando en la anomalía Kissinger durante las últimas semanas mientras contemplo al Presidente paquistaní Asif Ali Zardari desmentir mediante acciones las bajas expectativas que inspiró cuando se hizo cargo del lugar más peligroso del planeta en septiembre.

Zardari es el político aficionado manchado por la corrupción que se convirtió en presidente como consecuencia del asesinato de su esposa el año pasado, Benazir Bhutto. Parecía el hombre equivocado de verdad para encargarse del arsenal nuclear de Pakistán y su economía en colapso, y plantar cara al apoyo de su país a las redes terroristas islámicas.

Pero Zardari ha abordado esos problemas con valor, y ha defendido la sustancial ampliación de los vínculos comerciales y de otros vínculos económicos con la India. La administración Bush ayudó al líder paquistaní, de una forma perversa, dejando claros los límites del apoyo estadounidense a prestar a falta de una reforma significativa.

Ese avance inicial ahora corre peligro. Los múltiples atentados terroristas en Bombay podrían dar al traste con las iniciativas de Zardari y devolver a la India y a Pakistán al borde de la guerra. Sin aportar pruebas, el ministro de exteriores de la India sugiere que «elementos relacionados con Pakistán» perpetraron la carnicería en la capital financiera de la India.

Pero aún está por demostrarse que el gobierno de Zardari jugara algún papel en los ataques. Él — y la India — no ganan nada volviendo a la confrontación. Socavar la iniciativa de Zardari podría ser el objetivo del ataque terrorista.

Los pacificadores reciben bendiciones en la Biblia. Pero en las zonas turbulentas como Oriente Medio y el sur de Asia, son con frecuencia el objetivo. Hombres armados mataron a Yitzhak Rabin en Israel, al delegado palestino Said Hammami, al Rey Abdaláh I de Jordania y a muchos otros sólo cuando buscaron la paz, no cuando hacían la guerra.

No sabemos si los criminales de Bombay ponían sus miras en Zardari de rebote. Pero estos ataques — parte de un incremento de la violencia terrorista que viene golpeando ciudades de la India los dos últimos años — llevan el sello de los grupos “fedayín” fundamentalistas radicados en Pakistán y en la zona de control paquistaní de Cachemira.

Zardari ha estado tentando a la suerte. Como parte de su apertura a la India, ha rebajado el apoyo a los separatistas de Cachemira — a pesar del hecho de que Cachemira es la excusa que utiliza el ejército de Pakistán para mantener su dominio sobre la política del país y los presupuestos gubernamentales.

Tres días antes de las atrocidades de Bombay, Zardari disolvía el ala política del famoso Servicio de Inteligencia Inter-Agencias del ejército, un conducto del apoyo a los radicales de Cachemira, Afganistán y otras redes terroristas. Al principio respaldó las operaciones de contrainsurgencia en las zonas tribales infestadas de Talibanes y por al-Qaeda, y está cooperando expresamente en los ataques Predator estadounidenses contra los extremistas islámicos.

Este es el mismo Zardari que pasó más de una década encerrado en cárceles paquistaníes bajo cargos de corrupción y que presuntamente saqueó de tal manera las arcas públicas mientras su esposa era primera ministra que fue apodado “Don 10%.”

Pero ahora araña hasta el último centavo por llenar la cartera nacional para cumplir con las importaciones de Pakistán y una nómina pública destinada de manera dramática al desproporcionado ejército del país. El mismo estímulo — el amor al dinero — empuja a Zardari a la gobernación y puede que esté impidiendo que un ejército con tendencia a los golpes de estado le derroque.

Un discreto cambio en la política estadounidense contribuye simultáneamente a la desesperación y el carácter intrépido paquistaníes. La administración Bush regaló generosamente miles de millones a Pakistán mientras estuvo gobernado por el General Pervez Musharraf, cuya constante supervivencia se convertía en el principal objetivo del Presidente Bush. Mal aconsejado por el Departamento de Estado y la CIA, el presidente dejó que Generales inteligentes de Pakistán le estafaran.

Zardari, sin embargo, es claramente prescindible para Washington. Se le puede dejar caer. Y debido a su reputación, ningún gobierno se puede permitir el coste político de estar sin blanca a causa de Don 10%.

Cuando Zardari pidió a varios países que realizaran una transferencia de emergencia de 100 millones de dólares directamente al Banco Central de Pakistán a principios de este mes, la respuesta fue una negativa uniforme, afirman fuentes diplomáticas. Le dijeron que tendría que acudir al Fondo Monetario Internacional, que la semana pasada concedía a Pakistán un préstamo de 7.600.000.000 dólares, sujeto a monitorización entre otras condiciones.

La administración entrante de Barack Obama debe seguir esta misma línea. La ayuda financiera a Pakistán tendrá ahora que ser canalizada de manera multilateral, idealmente a través de organizaciones no gubernamentales que practiquen una estricta transparencia.

Y Obama no debería repetir sus vagas declaraciones de campaña indicando que podría canjear la asistencia a Pakistán en Cachemira por ayuda para encontrar a Osama bin Laden. Esto reanudaría el soborno autodestructivo y los trueques que fracasaron bajo Bush, y sería como arrojar gasolina a un incendio.

© 2008, The Washington Post Writers Group

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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