El desafío del siglo XXI: poner fin de una vez por todas a la era post colonial

El desafío del siglo XXI: poner fin de una vez por todas a la era post colonial

(David Ignatius).-Este es el desafío de Barack Obama: ¿puede mostrar a este enfurecido mundo un rostro americano diferente? ¿Puede conectar con lo que el asesor de seguridad nacional de la administración Carter Zbigniew Brzezinski ha bautizado como «el despertar político global” — y convertir a Estados Unidos en un aliado de este movimiento en favor del cambio, en lugar de su enemigo?

Obama escribe en “Sueños de mi padre” acerca de sus días como estudiante en el Occidental College, buscando a tientas su identidad política: “Fumábamos cigarrillos y vestíamos chupas de cuero. Por la noche, en la residencia, discutíamos del neocolonialismo, de Frantz Fanon, el Eurocentrismo o el patriarcado.”

Ese es uno de los pasajes de su autobiografía que ha alimentado las teorías conspirativas entre los blogueros de derechas. Ellos hablan de Obama como si fuera un títere de revolucionarios del Tercer Mundo que de alguna manera se han conservado en formol desde los años 60. Pero eso es una estupidez. Un hombre que planea conservar a Bob Gates como Secretario de Defensa e instaurar como su consejero de seguridad nacional a un General Marine de cuatro estrellas retirado no es animal de rebeliones adolescentes.

Pero he aquí un pensamiento opuesto: antes de que Obama asuma los apremios del presidente del ejecutivo, tal vez debiera desempolvar el ejemplar de «Los condenados de la tierra» de Fanon y echar otro vistazo al teórico radical. Al hacerlo, se recordaría la oportunidad especial que tendrá siendo Presidente de dirigirse a un mundo que sigue sufriendo la rabia antioccidental que describía Fanon en 1961.

Obama simboliza un cambio que es verdaderamente histórico. El periódico francés Le Monde saludaba su elección con el titular: «¡Feliz siglo nuevo!» Siendo el primer presidente afroamericano, en ocasiones es descrito como post-racial. De eso no sé nada, pero como hijo de un intelectual keniata que nace cuando ese país era colonia británica, Obama tiene otro rasgo que raramente es observado: es el hombre post -colonial.

Obama es la refutación andante de la furia de los impotentes de Fanon. Hijo de un miembro de la tribu Luo cuyo padre nació a orillas del Lago Victoria y fue escolarizado por administradores coloniales británicos, está a punto de asumir el puesto con mayor poder sobre la tierra. Es el mundo de Fanon al revés.

Lo que convirtió a Fanon en un gurú para la izquierda fue su acento en la rabia y la alienación de los pueblos previamente colonizados de África. Nacido en la colonia francesa de la Martinica, estudió psiquiatría en Francia y ejerció en Argelia durante la sangrienta revuelta de ese país contra el colonialismo francés. Gran parte de «Los condenados de la tierra» es un ensalzamiento ácido y vacío de la violencia como camino a la liberación, pero Fanon incluye casos de estudio de pacientes a los que trató en Argelia — incluyendo a víctimas que fueron torturadas por el ejército francés. «Durante muchos de los próximos años, vamos a estar pagando las incontables y en ocasiones indelebles heridas infligidas a nuestro pueblo por el asalto colonialista,» escribía Fanon.

Hace tiempo que dejamos atrás la era de descolonización que describía Fanon. Lo que es trágico es que en muchas partes del mundo, Estados Unidos — constituido durante la primera gran revolución anticolonial — ha pasado a ser percibido como el heredero del imperialismo europeo. Y somos odiados y temidos, igual que lo fueron los británicos, los franceses, los belgas y los demás. Esta rabia sorprende a muchos estadounidenses por incomprensible («¿Por qué nos odian?»), pero las encuestas a nivel internacional documentan que el antiamericanismo ha alcanzado niveles preocupantes.

El ascenso del islam militante ha añadido un nuevo detonante peligroso. En la época de Fanon, los movimientos revolucionarios eran seculares y nacionalistas, y eran estorbados por sus severos patrocinadores soviéticos y chinos. Pero al menos los revolucionarios hablaban de crear un mundo moderno. Los radicales islámicos de hoy en día parecen despreciar con frecuencia el propio modernismo. Muestran el mismo enfado que diagnosticaba Fanon, y el mismo deseo de purificarse a través de actos de violencia. Pero también hay hambre de respeto y deseo de comunicar.

Este es el desafío de Obama: ¿puede mostrar a este enfurecido mundo un rostro americano diferente? ¿Puede conectar con lo que el asesor de seguridad nacional de la administración Carter Zbigniew Brzezinski ha bautizado como «el despertar político global” — y convertir a Estados Unidos en un aliado de este movimiento en favor del cambio, en lugar de su enemigo? Esa es su mayor oportunidad como presidente.

El fuerte equipo de seguridad nacional de Obama demuestra que es más hombre de centro de lo que muchos habían imaginado. Estas personas comprenden los usos de la fuerza militar. Pero para hablar convincentemente a un mundo reticente al poder americano, Obama debería recordar también sus raíces izquierdistas. Será un defensor más convincente del cambio sí recuerda a ese joven de la chaqueta de cuero que no para de hablar de Fanon.

El desafío del siglo XXI consiste en poner fin de una vez por todas a la era post colonial, y curar sus heridas psicológicas y políticas. Obama es de forma única el hombre que puede hacerlo, si se mantiene fiel a su propia historia.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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