Jon Favreau, el chico de 27 años que escribió el dicurso de Obama en un Starbucks de Washington

Jon Favreau, el chico de 27 años que escribió el dicurso de Obama en un Starbucks de Washington

(PD).- Se llama Jon Favreau, aunque todo el mundo le llama Favs, tiene 27 años, y es el encargado de redactar los discursos del que hoy será investido presidente de los EEUU, quien se ha hecho famosos por sus dotes de orador.

Favs tiene buen culpa de ello. Barack Obama ha pronunciado este martes el discurso más importante de su vida, uno que podría perdurar en el tiempo, como ocurrió con las palabras pronunciadas por Abraham Lincoln: «No debemos de ser enemigos», dijo Lincoln durante su primera toma de posesión en 1861 a una nación que se adentraba en el abismo de la Guerra Civil, una situación trágica ante la que solicitó la ayuda de «los mejores ángeles de nuestra naturaleza».

Obama no se enfrenta ahora a una Guerra Civil pero sí a una crisis económica sin precedentes y a una falta de liderazgo mundial como jamás antes se ha visto antes. El discurso de Favs se hará eco de todo ello. Se lo escribió en un Starbucks de Washingon. Es un experto en dar énfasis a las palabras de su jefe Obama y conectar con el ciudadano de a pie.

Fue durante la convención del Partido Demócrata en Boston, cuando Obama, un desconocido senador estatal de Illinois, pronunció el discurso que lo lanzó a la escena política nacional. «No hay un EEUU blanco y un EEUU negro, sino los Estados Unidos de América», dijo el que mañana se convertirá en 44 presidente del país en un discurso conciliatorio e impregnado de esperanza.

En una de esas casualidades del destino, Favs, que trabajaba en el 2004 para la campaña del entonces aspirante presidencial demócrata John Kerry, se encontraba en la parte trasera del escenario mientras Obama ensayaba su discurso.

En un momento dado interrumpió a Obama para advertirle de que tenía que cambiar una frase porque había una repetición. «Se me quedó mirando, un tanto confundido, como diciendo quién es este chaval», recordó Favreau el año pasado en una entrevista con el diario The New York Times.

La derrota de Kerry en las elecciones presidenciales de noviembre de 2004 dejó a Favs desempleado, pero con buenos contactos que lo recomendaron al que ahora es su jefe. Obama tenía entonces bastante tiempo libre y él y Favreau se conocieron bien. Favs se impregnó de lleno de la retórica de Obama para poder redactar discursos que reflejasen su voz.

El engranaje entre ambos, a juzgar por los resultados, ha funcionado a la perfección. Los dos han trabajado estrechamente en el discurso más importante de Obama, el que pronunciará mañana frente al Capitolio estadounidense. Según Jen Psaki, portavoz de la oficina de transición de Obama, éste se reunió con Favreau y su asesor político David Axelrod antes de la celebración de Acción de Gracias, que tiene lugar el cuarto jueves de noviembre en EEUU.

Favreau acabó el primer borrador a principios de diciembre. Tras conversaciones adicionales con Obama, Favreau y su equipo escribieron un segundo borrador durante las vacaciones de Navidad. Hace dos fines de semana Obama editó y reescribió el discurso tras recibir varios comentarios y sugerencias de Axelrod y Favreau.

Un discurso para la posteridad

Se espera que el texto provoque la ilusión que despertó John F. Kennedy, refleje los sueños de Martin Luther King y los desafíos que afrontó Franklin Delano Roosevelt, quien en 1933 dijo a sus compatriotas sumidos en la Gran Depresión que lo único que tenían que temer era al miedo. Obama ha dicho que el principal objetivo de su discurso es definir el momento histórico en el que se encuentra EEUU.

«Creo que esa es la principal tarea para mí en un discurso de investidura (…) el intentar capturar lo mejor que puedo el momento en el que nos encontramos», dijo en una entrevista reciente con la cadena de televisión ABC. El contenido del discurso es un gran secreto, pero Favreau no oculta que acude a las palabras de JFK, de su hermano Robert Fitzgerald Kennedy y de Martin Luther King en busca de inspiración.

En cuanto a sus predecesores, los encargados de escribir discursos para presidentes, ha confesado que Peggy Noonan, quien trabajó para Ronald Reagan, es su favorita. Noonan reconoció el año pasado que el mensaje de Obama es efectivo porque, dijo, va unido a la persona que lo pronuncia y a la inspiradora historia de su vida.

Favreau dice admirar también a Michael Gerson, que trabajó para el presidente saliente George W. Bush.

Obama descubrió su poder retórico durante una marcha contra la segregación racial en la universidad en la que se dio cuenta de que había captado la atención de los asistentes tras empezar a hablar. «Los congregados se quedaron callados y me miraban», recuerda en sus memorias: «Dreams From My Father» (Sueños de mi padre).

Hoy captará también la atención pero de un grupo mucho más numeroso: los millones de personas dentro y fuera de EEUU que están pendientes de su toma de posesión.

«Pregunta lo que tu país puede hacer por ti»

«Pregunta no lo que tu país puede hacer por tí, si no lo que tú puedes hacer por tu país», dijo en un frío y soleado 20 de enero hace ahora 48 años JFK, cuya victoria supuso, al igual que la de Obama ahora, un cambio generacional. «Se ha entregado la antorcha a una nueva generación de estadounidenses», dijo Kennedy entonces.

Durante su intervención también pidió a la comunidad internacional que uniera esfuerzos contra lo que describió como los «enemigos comunes de la humanidad: la tiranía, la pobreza, la enfermedad y la guerra».

Según los historiadores, los mensajes de Lincoln y JFK han mantenido la relevancia porque giraron en torno a algunos de los valores que definen la identidad estadounidense, como el deseo de unidad, la defensa de la libertad y la fe en las posibilidades del espíritu humano. Otra de las investiduras que ha sobrevivido el paso del tiempo es la de Roosevelt, quien asumió el poder en medio de una profunda crisis económica, que guarda ciertas similitudes con la actual. En medio de esa situación, Roosevelt trató de infundir esperanzas a los estadounidenses al señalar que lo único que tenían que temer era al miedo en sí.

Y en 1937, tras su reelección, mencionó, en una frase que bien podría aplicarse a la situación actual, que «siempre hemos sabido que el irresponsable interés propio es malo desde el punto moral y ahora sabemos que es también malo para la economía».

Ronald Reagan, que asumió la presidencia en 1981 justo después de que acabase la crisis de los rehenes de Irán y con la economía de capa caída difundió un mensaje de optimismo, al rechazar la idea del «declive inevitable» e instar al país a «comenzar una era de renovación nacional». Además apuntó hacia un cambio filosófico al decir que «el Gobierno no es la solución a nuestros problemas, el Gobierno es el problema», una frase que inauguró una etapa de neoliberalismo económico que toca ahora a su fin.

Puede que las palabras que hoy lance al aire Obama, famoso por sus dotes como orador, sigan revoloteando como las de sus predecesores durante décadas o incluso siglos.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído