Los expertos pasan por el diván para analizar el porqué de la crisis económica

Los expertos pasan por el diván para analizar el porqué de la crisis económica

(DAVID IGNATIUS).- ¿Qué es lo que hizo que algunas personas vieran venir el batacazo financiero mientras que a tantas otra les pasó por alto su notoria fuerza? Formulé esa pregunta recientemente a Nouriel Roubini, que ha ganado el sobrenombre de “Dr. Doom” a causa de sus insistentes advertencias en 2006 de que nos dirigíamos hacia un descalabro global.

Roubini da dos tipos de respuesta.

La primera implica el cómputo estándar que hacen de forma rutinaria los economistas y que Roubini hacía simplemente más preciso y antes.

Es su segunda respuesta la que es más interesante, porque pone el dedo en la llaga de lo que deberíamos descontar de esta crisis: Roubini decidió desechar la premisa de la racionalidad del mercado que es la base de la mayor parte de la economía y suscribir las opiniones psicológicas de lo que se conoce como «la economía del comportamiento.”

Primero, la explicación analítica estándar: Roubini dice que estudió una tabla del libro del economista Robert J. Shiller «Abundancia irracional”. Demostraba que los precios de vivienda en Estados Unidos, ajustados a la inflación, habían permanecido esencialmente estables durante un siglo hasta mediados de los años 90, cuando empezaron a dispararse. Lo que es más, Roubini vio que la corrección del mercado inmobiliario más reciente de finales de los años 80 tuvo un impacto sustancial sobre el sistema financiero conduciendo en última instancia, al colapso de la industria de ahorros y préstamos.

Así que Roubini sabía dos cosas: que el precio de la vivienda no iba a seguir subiendo siempre, y que cuando bajara, se llevaría con él una gran parte del sistema financiero. A partir de ahí, era cuestión de seguir los datos. Hacia mediados del 2006, el crecimiento del precio de la vivienda se desplazaba hacia la consistencia, el número de obras nuevas estaba bajando y era obvio (para Roubini, por lo menos), que nos dirigíamos a un ajuste.

Pero todos los demás disponían de esas mismas cifras. ¿Por qué se pronunció Roubini?.

La respuesta es que decidió confiar en su intuición, que le decía que se avecinaban problemas, en lugar de «la inteligencia del rebaño» de Wall Street que, como plasmaba el mercado de acciones, decía que todo era color de rosa. Concluyó que los mercados no estaban tasando el valor del riesgo realmente presente en el sector de la vivienda.

«La teoría económica del hombre racional no ha funcionado,» decía Roubini el mes pasado en una sesión del Foro Económico Mundial. Ese es el motivo de que él y prominentes economistas más estén prestando ahora más atención a la economía del comportamiento, que parte de la premisa de que las decisiones económicas, como otros aspectos del comportamiento humano, están influenciadas por factores psicológicos irracionales.

La refutación más contundente del modelo racional, paradójicamente, la daba el racionalista por excelencia, Alan Greenspan. “Cometí un error al dar por sentado que el interés de las entidades, específicamente los bancos entre otras, era tal que ellas eran las más capaces de proteger a su propio accionariado,» decía el pasado octubre el ex presidente de la Reserva ante el Congreso.

Ese es el motivo de que Greenspan no lo viera venir, dice Daniel Kahneman, un profesor de Princeton descrito con frecuencia como el padre de la economía del comportamiento. Su modelo del corredor-racional se lo impidió.

Deje que introduzca un paréntesis en este punto para hablar del padrino de la economía del comportamiento, John Maynard Keynes. Su «Teoría general» de 1936 es interpretada con frecuencia de forma simplista como llamamiento a tratar la recesión impulsando la demanda mediante el gasto público. Pero a un nivel más profundo, Keynes analizaba el papel de factores psicológicos, como el miedo y la codicia, en las decisiones económicas.

Él entendía que los mercados se congelan cuando la gente cae presa del pánico y empieza a hacer acopio de líquido. (“Extrema preferencia por la liquidez,» lo llamaba él). A la inversa, las economías empiezan a levantar cabeza en cuanto los inversores sienten la llamada de lo que Keynes llamaba «instintos animales.”
Una de las ideas más atractivas que escuché en Davos fue la idea del análisis “pre-mortem”, propuesta primero por el psicólogo Gary Klein y que ha sido adoptada por Kahneman.

Un análisis pre-mortem puede proporcionar una verdadera «prueba de resistencia» del pensamiento convencional. Digamos que una empresa o una agencia pública ha tomado una decisión en forma de plan de acción. Pero antes de ponerla en práctica, el jefe pide a la gente que se asegure de que dentro de cinco años, el plan haya fracasado, y después redactar una breve explicación del motivo de que no funcionara.

Este enfoque tiene la ventaja de hacer aflorar problemas que los que toman las decisiones han pasado por alto, los «cisnes negros», por utilizar el término del ex corredor Nassim Nicholas Taleb, que la gente asume no tendrán lugar en el futuro próximo porque no han tenido lugar en el pasado reciente.

Otra perla más del foro de Davos de este año fue un proverbio japonés citado por un orador: “Todo está oscuro un paso más adelante.” Reconocer la imprevisibilidad inherente a la actividad económica, la oscuridad que hay delante, debería volvernos cautos. Pero también puede despabilarnos.

© 2009, Washington Post Writers Group

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