Hoja de ruta para la cumbre del G-20

Hoja de ruta para la cumbre del G-20

(David Ignatius).- Tomémonos un respiro de todo el catastrofismo, y consideremos algunas muestras de buenas nuevas en torno a la economía global, según considera Kevin Rudd, primer ministro de Australia. Visita Washington esta semana, y en la entrevista telefónica mantenida desde Canberra ofrecía una muestra de lo que departirá con el Presidente Barack Obama.

El primer avance positivo que considera Rudd es el cambio en el liderazgo global. El Comité Ejecutivo del mundo se desplaza del reducido Grupo de los Ocho de eje euro-estadounidense en favor del Grupo de los 20 más amplio que se reunirá en Londres el 2 de abril para debatir cómo reparar el desaguisado económico. Como observa Rudd, el G-20 es un grupo inclusivo que cuenta con cinco integrantes de Europa, cinco de las Américas, cinco de Asia y otros cinco miembros (en especial, Australia).

La segunda señal alentadora de Rudd, ligada a la primera, es el papel creciente que juega China a la hora de mantener la estabilidad económica global. Los líderes chinos asistirán a la cumbre y presumiblemente darán su aprobación a la respuesta colectiva a la crisis. Pekín también quiere un papel más activo en un Fondo Monetario Internacional revitalizado. Los detalles aún están siendo discutidos, pero China espera contribuir más al capital del FMI y tener más peso en la gestión del fondo.

La tercera observación optimista procedente de Australia es que Estados Unidos vuelve a ser el líder de la red de instituciones globales. Allí donde George Bush se mostró reticente a participar en la cumbre del G-20 el pasado octubre, la administración Obama ha sido un jugador entusiasta — apoyando los planes de nueva regulación financiera global y respaldando la duplicación de los recursos del Fondo Monetario hasta los 500.000 millones de dólares.

«Lo que ha sido una bocanada de aire fresco ha sido el retorno del liderazgo estadounidense global a cuenta de la crisis financiera,» dice Rudd. Observa que el apoyo de América en el G-20 “fue observado por gente de todo el mundo.”

Espero que Rudd esté en lo cierto con la imagen que traza de China, Estados Unidos y los demás trabajando juntos para coordinar una respuesta global a la crisis. Una alternativa a esta acción colectiva es la repetición de las políticas proteccionistas que adoptaron muchas naciones durante la década de los 30, cuando intentaron salvarse a expensas de los vecinos — y empeoraron la situación de todo el mundo.

Las opiniones vertidas por Rudd acerca de China son dignas de examinarse en detalle, porque él es de esos infrecuentes políticos que en la práctica es un experto en la materia. Practica un mandarín fluido y preparó una gira en la embajada australiana en Pekín, y es una de las figuras más agudas que siguen a China de cerca de las que he conocido nunca. Su destreza es un recurso que la administración Obama debería aprovechar esta semana al analizar intenciones.

Los chinos se encuentran entre «los más castigados por la crisis,» dice Rudd, mientras las exportaciones en caída libre conducen a un acusado descenso del crecimiento y a un desempleo creciente. Al igual que la mayoría de los gobiernos, el chino teme los efectos políticos y sociales de tener a tanta gente sin empleo. Pero Pekín ha hecho frente con anterioridad a cambios de tendencia económica, y Rudd sostiene que, hasta el momento, «la dirección de China ha capeado esta crisis con confianza.”

A pesar de la opacidad de las estadísticas económicas chinas, Rudd está seguro de que el paquete de estímulo económico anunciado por Pekín es riguroso, y que también hay en marcha un importante esfuerzo discreto, a través del abaratamiento del préstamo a las compañías chinas. Debido estos esfuerzos de recuperación, dice Rudd, es posible que China emerja del batacazo global con mayor facilidad que las demás economías importantes.

Rudd dijo que los recientes comentarios realizados por el Premier Wen Jiabao de estar «algo preocupado definitivamente» por la considerable inversión de China en títulos de deuda pública estadounidense refleja un debate político más amplio en Pekín. “En China, ha tenido lugar un debate en torno a las causas de la crisis financiera global… y en torno a en qué punto han salido mal algunas de sus inversiones nacionales.” La preocupación por el desgobierno estadounidense era expresada acusadamente por el Vicepremier Wang Qishan el pasado mes de diciembre cuando decía: «Los profesores tienen mucho que explicar.”

Pero Rudd sostenía que a pesar de los recientes reveses, China sigue entendiendo su futura prosperidad en el marco del sistema capitalista global liderado por Estados Unidos. “China se dedica siempre a la planificación estratégica más que táctica, y la estrategia de China consiste en garantizar sus intereses profundizando su implicación global,» decía el líder australiano. La crisis no ha alterado dicha estrategia.

La cumbre de Londres pondrá a prueba si el consenso global que describe Rudd va más allá de las apariencias. Sigue habiendo un considerable abismo entre las opiniones estadounidenses (¡más estímulos!) y las europeas (¡más regulación!), y muchas de las políticas de China siguen siendo un misterio. Pero como dice Rudd, resulta modestamente tranquilizador al menos que el G-20 vaya a ser el foro, que China vaya a ser uno de los jugadores y que América vuelva al papel de líder.

© 2009, Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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