G-20: El Gran Timonel ZP vende frijoles en Londres

G-20: El Gran Timonel ZP vende frijoles en Londres

(PD).- La crisis económica mundial ha convertido esta primera visita al Viejo Continente del carismático presidente norteamericano en una especie de peregrinación de la que se esperan resultados milagrosos para las finanzas, para la guerra de Afganistán o para las relaciones con la siempre imprevisible Rusia. Los actuales líderes mundiales -de los que ZP es el ejemplo vivo- creen en las hadas, apelan a los sentimientos y reparten culpas a diestra y siniestra. Todo muy zapateril. Jamás nadie imaginó que el capitalismo podría refundarse en un santuario.

Barack Obama advirtió ayer por la mañana que EE.UU. «no puede ser el único motor» de la recuperación económica y que todos los países del G-20 deberían también arrimar el hombro. Por la tarde, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy le respondieron que sus gobiernos han cumplido con sus economías domésticas, con paquetes de estímulo fiscal que a Washington le gustaría ver incrementados, pero que Berlín y París consideran suficientes hasta comprobar su eficacia.

Pero frente a ese tono apaciguador, la canciller alemana y el presidente francés ofrecieron una rueda de prensa conjunta con expresiones contundentes. Mantuvieron su posición de fuerza de cara a la cumbre de hoy e insistieron en que se plantarán si no hay «resultados concretos», especialmente en una mayor regulación del sistema financiero.

Merkel y Sarkozy volvieron a indicar que la solución debe focalizarse en resolver lo que ha sido el origen de la crisis y no en nuevos paquetes fiscales, ámbito en el que la mayoría de los países ya han hecho esfuerzos.

En la retórica socialista la culpa es siempre de otro. Como recuerda Martín Ferrand en ABC, aun así debiera explicarnos el presidente del Gobierno, tras cinco años de mandato -que ahora se cumplen y son el núcleo germinal de la crisis que nos aflige-, ¿cómo es posible que la poderosa y costosísima máquina del Estado haya tardado tanto en detectar esos abusos que señala?

Confía el líder socialista español en que los acuerdos que produzca el G-20 serán «el inicio de la recuperación». Claro que también sospecha que allí nacerá «un nuevo orden internacional». Ya es mayorcito para creer en hadas y, como de costumbre, ignoro si se engaña o nos engaña. La crisis difícilmente la erradicarán quienes la promovieron y fenómenos como los paraísos fiscales, la opacidad del sistema financiero o el abuso de los pequeños accionistas de las compañías de cotización bursátil no son una patología del sistema, sino el estado sólido al que ha conducido un largo proceso de deterioro basado en el sueño progresista.


Hermann Tersch
, también ABC, sigue en la misma línea destacando lo poco curtidos que están estos líderes en grandes batallas y su ingenuidad en creer que una buena foto y un discurso bonito lo arregla todo:

Es incuestionable que nuestro Gran Timonel jamás podría encaramarse a la suela de los zapatos de un Willy Brandt o un Helmut Schmidt, por citar sólo a dos grandes socialdemócratas que vivieron la guerra en directo y, por tanto, han sido inmunes a los sentimentalismos de las batallitas del abuelito que tanto han marcado para mal a Rodríguez Zapatero. Pero si hubiera vivido alguna tragedia real, continuada y masiva, de las que abrasan y devoran a las gentes, sin duda tendría una aproximación a la realidad al menos un poco más devota.

Un Eisenhower, un Churchill, un Adenauer o un De Gaulle, eran muy conscientes de la línea directa, del foco brutal que conecta en los momentos extremos, entre el pavor y la pasión del individuo y las grandes decisiones del estadista. Aquí ahora, en Londres, tenemos hoy una cumbre del G-20 en el que están representados todos los grandes poderes que acumulan el 80 por ciento de la producción y renta mundial. Y los mensajes son todos tan alarmantes como livianos a un tiempo. Todos quieren consolar a la gente.

Obama incluso aceptó que, al menos en parte, la crisis tuvo su origen en EE.UU., debido a un sistema regulatorio «inadecuado». Pero insistió en que la respuesta debe ser conjunta. «El mundo estaba acostumbrado a la reacción del gran mercado estadounidense y que eso llevara a un crecimiento económico mundial», pero en una crisis global y profunda como la actual, según indicó, «el esfuerzo debe ser compartido».

Aquellos que tendían a fundir las críticas a Bush con un cierto antinorteamericanismo primario son los que deberían reflexionar más atentamente por qué en estos momentos se sienten inclinados a apoyar a su sucesor y a hacerse una fotografía con él a toda costa, para presumir de relaciones privilegiadas con la primera potencia mundial.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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