Hora de tomarse tiempo en Langley

Hora de tomarse tiempo en Langley

(David Ignatius).- En la Agencia Central de Inteligencia se conoce como “tomarse tiempo.” Es lo que hacen en ocasiones los funcionarios de la agencia con los encargos políticamente delicados. Hacen que trabajan; van y vienen a la máquina; se van quitando de encima trabajo atrasado; se cubren las espaldas.

Es triste decirlo, pero es momento de tomarse tiempo en Langley tras la difusión de los informes de interrogatorio que, en palabras de un funcionario veterano, “alcanzan a la agencia tan de lleno como un coche bomba en la calzada.” El Presidente Obama prometió a los funcionarios de la CIA que no serán procesados por cumplir órdenes, pero los que están en primera línea de fuego no le creen. Piensan que las notas han levantado la veda de las investigaciones y los ajustes de cuentas políticas.

La lección para los agentes jóvenes es obvia: no destaques. Záfate de los encargos que conllevan riesgo político. Aléjate cuanto puedas de un programa de contraterrorismo que se ha convertido en un peligro profesional.

Obama intentó tranquilizar personalmente a la plantilla de la CIA durante la visita a Langley este lunes. Tocó todos los botones adecuados en cuanto al papel clandestino de la agencia. Pero dio la imagen de un acto de campaña, con funcionarios silbando y abucheando y el presidente leyendo de un croma delante de un fondo de estrellas que recuerda a los héroes caídos de la CIA.

Obama parece pensar que puede estar en misa y repicando; dar la autorización a un examen de los métodos operativos de la CIA que carece de precedentes y al mismo tiempo galvanizar a un servicio de espionaje cuyos mejores tiempos, les decía el lunes, están «aún por venir.” La vida real no funciona de esa forma — ni siquiera en el caso de los políticos con carisma. Dar a conocer los informes de torturas podría haber sido necesario, como parte de una oportuna campaña encaminada a cambiar la imagen de América frente al mundo. Pero nadie debería fingir que las revelaciones no pasan una cara factura a la moral y la eficacia de la CIA.

Pónganse en la piel de la gente a la que se pidió que interrogara a los presos de al Qaeda allá por 2002. Un ex agente me decía que rechazó el trabajo, no porque pensara que el programa estaba mal, sino porque sabía que acabaría saltando por los aires.

Todos sabíamos que los vientos políticos acabarían soplando en dirección diferente,» recordaba. Otros funcionarios que no hicieron el cínico pero correcto cálculo se encuentran ahora «deshechos y desconcertados.

Como aperitivo de lo que se avecina, recuerde los demoledores efectos que han tenido los últimos escándalos de la CIA. Allá por 1995, el entonces Director John Deutch ordenó «una limpieza» de los activos de la agencia tras las revelaciones de antiguos vínculos con escuadrones de la muerte guatemaltecos. A los agentes se les dijo que no debían desechar fuentes que hubieran proporcionado información de Inteligencia verdaderamente valiosa. Pero el mensaje práctico, recuerda un antiguo jefe de división, fue: «No tratéis con elementos que puedan plantear riesgos políticos.” Ahora se está enviando un mensaje parecido, advierte.

Un veterano agente del contraterrorismo afirma que los agentes sobre el terreno se están mostrando más cautos con el uso de las resoluciones legales que autorizan las acciones encubiertas. Un ejemplo es la denominada entrevista «con riesgo de captura» que tiene lugar durante el curso de la primera hora después de capturarse un sospechoso de terrorismo. Éste solía ser el margen de oportunidad clave durante el que el sujeto era interrogado agresivamente y sus contactos del teléfono móvil y «contenido de los bolsillos» eran explotados con rapidez.

Ahora, los agentes de campo tienen más cuidado. Piden órdenes de los cuarteles generales. Necesitan asesoramiento jurídico. Me cuentan que en el caso de un sospechoso de al-Qaeda capturado hace varias semanas en Irak, la CIA ni siquiera intentó interrogarle. Lo entregaron al ejército estadounidense.

Los funcionarios de la agencia también temen el impacto sobre los servicios de Inteligencia extranjeros que comparten secretos con Estados Unidos en un proceso conocido educadamente como «enlace.” Un ex funcionario que sigue teniendo información de primera mano de aliados árabes clave como Egipto y Jordania advierte: «Existe una creciente preocupación porque el riesgo sea demasiado elevado para hacer las cosas que han hecho con América en el pasado.”

Si Obama habla en serio cuando habla de proteger a la plantilla de la CIA y su faceta operativa, tendrá que abandonar la idea de que va a poder complacer a todo el mundo en este asunto. Debería recomendar límites a cualquier investigación del Congreso y resistirse a las exigencias de designar un fiscal especial. En su lugar, debería sacar adelante la alternativa predilecta de la Casa Blanca — una comisión capaz de examinar pruebas secretas a puerta cerrada, y a continuación informar a la nación.

América saldrá mejor parada, a largo plazo, con la decisión de Obama de dar a conocer las antiguas prácticas de tortura y prohibir su futuro uso. Pero mientras tanto, el país está librando una guerra, y debe asegurarse de que la luz del sol no ciega a sus guerreros en la sombra.

© 2009, Washington Post Writers Group

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