Leer los posos del té con Teherán

Leer los posos del té con Teherán

(David Ignatius).- Mientras Irán encarrila sus elecciones presidenciales del 12 junio, hay indicios de que el votante iraní apoya su propia versión del «Cambio en el que podemos creer.”

El incendiario titular, el Presidente Mahmoud Ahmadinejad, parece estar perdiendo fuerza frente a un rival más práctico y experimentado, el ex Primer Ministro Mir Hossein Mousavi. La agencia de noticias china Xinhua informaba el 27 mayo de que una encuesta reciente sitúa a Mousavi por delante en 10 importantes ciudades iraníes, por un margen del 38% frente al 34%. Otra encuesta, llevada a cabo por la cadena estatal de televisión de Irán IRIB, situaba a Mousavi con ventaja entre los votantes de Teherán, por el 47% frente al 43%.

Un experto político iraní que visitaba Washington hace algunas semanas predecía abiertamente una victoria de Mousavi y un nuevo gobierno de coalición que uniría al centroderecha con el centroizquierda.

Absténgase de los gritos de huzzah por el momento, no obstante: las encuestas iraníes son muy poco fiables, y el titular disfruta de considerables ventajas en los últimos días de campaña. “Aunque Ahmadinejad ha administrado desastrosamente la economía, todavía debe ser el favorito,» argumenta Karim Sadjadpour, un experto en Irán de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. “No me fío de ninguna de las encuestas,» advierte, observando que no predijeron la victoria de Ahmadinejad en el año 2005.

Y he aquí otro motivo de cautela: todos los candidatos a presidente, incluyendo a Mousavi, apoyan el derecho de Irán a desarrollar tecnología nuclear. Ese no será un asunto ideológico en las próximas elecciones, sino un motivo compartido de orgullo nacional. Y las posturas de negociación de Irán en el asunto nuclear estarán más modeladas por el líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei, que por el presidente elegido.

No obstante, el mismo hecho de que Mousavi suponga un desafío a tener en cuenta ilustra la situación política en Irán. Los occidentales imaginan a menudo ese país como un campo de entrenamiento islámico en el que todo el mundo marcha con paso firme, pero tiene lugar un debate llamativamente abierto en los medios iraníes. Los partidarios de Mousavi han criticado públicamente a Ahmadinejad por el creciente desempleo y la inflación en Irán, y por su creciente aislamiento internacional.

Mousavi defendía en un discurso hace una semana en Isfahán que las salidas de tono de Ahmadinejad “están deshonrando” a Irán. “El presidente… puso en peligro la posición de la nación iraní con políticas insensatas,» decía Mousavi, aludiendo a la diatriba antiisraelí de su rival en la conferencia de Naciones Unidas sobre racismo celebrada en abril en Ginebra. Todos los iraníes comparten el prestigio del país, explicaba, y la administración de Ahmadinejad “mina ese prestigio,” cita la agencia Xinhua.

Los partidarios de Ahmadinejad parecen estar nerviosos. Incendiaron carteles de Mousavi durante una concentración celebrada el pasado miércoles en Isfahán, y utilizaron gases lacrimógenos para dispersar una manifestación favorable a Mousavi desarrollada en la ciudad de Malard hace dos semanas, según informaciones de la prensa iraní. Son incidentes aislados, pero manifiestan la capacidad de Ahmadinejad de utilizar tácticas de intimidación al acercarse el día de las elecciones.

El mensaje reformista de Mousavi se apoya en sus credenciales revolucionarias. Fue primer ministro entre 1981 y 1989, los años de la guerra Irán-Irak, y es recordado por su competente administración de la economía iraní en aquellos momentos difíciles. Ese pedigrí permite que Mousavi supere las divisiones entre izquierdistas y conservadores dentro de Irán, y que obtenga el apoyo del centro.

«Su candidatura está siendo presentada como el retorno a ‘los buenos tiempos,'» observa el resumen semanal de los informativos iraníes preparado por el «Persia House,» un grupo de análisis de la firma consultora de Booz Allen Hamilton. Como arquitecto en ejercicio, Mousavi representa a la élite urbanita con educación superior, pero también recibe apoyo de los votantes que le recuerdan como parte de la generación fundadora de la República Islámica.

Respaldando a Mousavi está el ex Presidente reformista Mohammad Jatami, que se retiró de la campaña a principios de este año. El 12 junio concurrirán a las urnas dos candidatos más: Mohsen Rezai, ex director de la Guardia Revolucionaria, y Mehdi Karroubi, un expresidente del parlamento iraní. Se espera que Mousavi y Ahmadinejad lideren la primera vuelta de las elecciones y se enfrenten entre sí en una segunda ronda hacia finales de junio.

El meollo de la cuestión es que Irán celebra unas elecciones ajustadas. No es una nación de lunáticos con cinturones de suicida atados a la cintura. Es un país real, con gente orgullosa y bien educada que se toma en serio su democracia, incluso con los límites que impone la teocracia de Irán. Al igual que la gente de todo Oriente Medio, los iraníes han quedado asombrados por la llegada de Barack Obama y las nuevas oportunidades que representa.

Si el mensaje reformista de Mousavi es lo bastante fuerte o no para superar los poderes de Ahmadinejad como titular, lo sabremos en cuestión de dos semanas. Pero el hecho mismo de que unas elecciones iraníes sean seguidas es una muestra del cambio que se respira.

© 2009, Washington Post Writers Group

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