Sarkozy prohibirá el burka, «signo de esclavitud»

Sarkozy prohibirá el burka, «signo de esclavitud»

(PD).- No se muerde la lengua, ni se corta un pelo. Nicolás Sarkozy, con voz profunda, sin pestañear, organizó la escena y reafirmó los principios de una «sociedad de libertades»:«El burka no es un signo religioso, sino una señal de esclavitud. El uso del burka no será bienvenido en la república francesa. El Parlamento deberá pronunciarse sobre la oportunidad de una nueva ley».

La penúltima vez que se reunieron los diputados y senadores franceses en el Parlamento de Versalles para escuchar a un jefe del Estado fue en 1848 y el que habló fue Luis Napoleón Bonaparte.

La última, este lunes, y el que se dirigió a la cámara fue el presidente de la República francesa Nicolas Sarkozy, en una sesión solemne envuelta en un protocolo inédito, que duró 45 minutos y en la que el jefe del Estado francés anunció un próximo cambio de Gobierno y desgranó las líneas maestras de lo que le resta de legislatura, en especial en economía: no se subirán los impuestos y se renuncia a una política austera que olvide las inversiones públicas.

Tras reconocer que «la crisis no ha terminado» y que «no sabemos cuándo terminará», el jefe del Estado galo insistió en que hay que sacar partido de esta situación y analizar las razones por las que se ha llegado a este punto a nivel mundial para crear un nuevo modelo de crecimiento. Mientras no se supere esta crisis, «debemos seguir apoyando la actividad, garantizar la estabilidad de nuestro sistema bancario» y proteger a los sectores más vulnerables de la población.

La aspiración francesa para la nueva etapa de después de la crisis será «poner la economía al servicio del hombre», dijo el presidente en un discurso solemne en el que, además de la economía, el presidente expone las ideas políticas y sociales que guiarán su acción de Gobierno.

El presidente francés aseguró además que no subirá la fiscalidad porque retrasaría el fin de la crisis, y dijo que hay que anular «el mal déficit», seguir invirtiendo en proyectos de futuro y reabsorber cuando la economía se recupere «el déficit imputable a la crisis». «No haré una política de rigor. No aumentaré los impuestos porque retrasaría la salida de la crisis», señaló Sarkozy.

Reconoció que en Francia «tenemos un problema de déficit», pero insistió entre «un mal déficit» vinculado al gasto corriente de las administraciones que «debe ser reducido a cero», mientras que también hay un «déficit imputable a la crisis» por la disminución de la recaudación de las administraciones o por el dinero dedicado a programas de ayuda social que «ha funcionado mal». De este último, avanzó que «tras la crisis, habrá que dedicarle la totalidad de los ingresos del crecimiento económico», pero ahora «la cuestión central es la calidad del gasto» y también proponer a los interlocutores sociales «medidas masivas» para, por ejemplo, que toda persona que sufra un despido económico pueda recibir durante un año su salario íntegro y una formación para reintegrarse al empleo.

Sarkozy también justificó otra serie de compromisos financieros, en particular los que derivan del proceso de concertación sobre políticas ecológicas, conocido como el ‘Grenelle del Medio Ambiente’ porque «es el gasto más rentable» que redundará en la creación de 600.000 empleos en Francia. Estas palabras cobran un sentido particular un día después de que el Ejecutivo francés haya admitido que el déficit público será superior a lo que esperaba, ya que se situará entre el 7% y el 7,5% del Producto Interior Bruto (PIB) tanto este año como el próximo.

El jefe del Estado, que el miércoles anunciará una remodelación de su Gobierno, señaló que las prioridades de ese Ejecutivo se financiarán con una emisión de deuda pública cuyo monto y cuyas modalidades se fijarán en función de la definición de dichas prioridades. Sobre la reforma del sistema de pensiones, avanzó que «2010 será capital» porque se abrirá el debate sobre todos los aspectos con los interlocutores sociales, incluido el retraso de la edad de jubilación (actualmente 60 años en Francia) o que se tenga en cuenta la penosidad de ciertos oficio a la hora de calcular el periodo de cotización.

El presidente conservador insistió en la idea de que hay que disminuir la fiscalidad sobre el trabajo y la producción para evitar la deslocalización y la desindustrialización de Francia porque «la idea de una Francia sin fábricas y sin obreros es una idea loca». A ese respecto, y sin dar ningún detalle sobre sus modalidades, se pronunció en favor de la idea de una «tasa de carbono» que grave las emisiones de CO2: «cuanto más gravemos la contaminación, más podremos reducir la fiscalidad del trabajo».

Del diagnóstico de las razones de la crisis, comentó que «derecha e izquierda hemos dejado demasiado espacio al capitalismo financiero», mientras «en el nuevo modelo de crecimiento hay que dar más espacio al trabajo, a los empresarios, a la producción». Sarkozy hizo una alusión a las reformas en la UE al comentar que «Francia cambia, pero Europa debe cambiar también» y que «Europa debe darse los medios para participar en la transformación del mundo».

Sarkozy dice que el burka no es un signo religioso, sino «de servidumbre»
Nicolas Sarkozy aseguró que el burka es un «signo de servidumbre», contrario a la «idea de la República francesa sobre la dignidad de la mujer». «No es un signo religioso, sino de servidumbre», afirmó Sarkozy, quien subrayó que «el burka no es bienvenido en el territorio de la República» francesa.

El jefe del Estado francés añadió que el burka «no es un problema religioso» sino «un problema de libertad y de dignidad de las mujeres». La declaración de Sarkozy, presidente de un país laico, se produce una semana después de que el Gobierno aceptase estudiar una ley que prohíba el uso del burka en Francia, una prenda de origen afgano que oculta completamente a la mujer tras una ancha túnica y sólo cuenta con una pequeña abertura a la altura de los ojos.

Dos días antes, un grupo de unos sesenta diputados de diferentes partidos pidió que se abriera una comisión de investigación sobre la proliferación de esa prenda, utilizada por miles de mujeres en Francia, según diversos estudios. Desde que se formuló esta petición, en Francia se ha desatado una polémica similar a la que se produjo en 2004 respecto al velo islámico y que desembocó en una ley que prohíbe el uso de cualquier signo religioso en los lugares públicos, con atención especial a las escuelas.

La iniciativa ha reabierto un debate entre los defensores de las libertades individuales y los que consideran que éstas pueden ser limitadas en nombre del laicismo. El laicismo es un principio de «neutralidad y respeto» a «todas las opiniones y todas las creencias», indicó Sarkozy, quien señaló que «la libertad no es el derecho de cada uno a hacer lo que quiera» y agregó que no se debe equivocar el debate, pues «la religión musulmana debe ser tan respetuosa como las otras religiones».

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